El frente externo será un verdadero desafío para el 2026
Si las perspectivas de mediano plazo son favorables respecto del incremento de la demanda global de alimentos, el presente de la política internacional va en dirección opuesta. Aquel sueño de la...
Si las perspectivas de mediano plazo son favorables respecto del incremento de la demanda global de alimentos, el presente de la política internacional va en dirección opuesta. Aquel sueño de la globalización de la década de los años 90 que marcó el ingreso de un gigante como China a las redes de comercio internacional, cuyo hito lo marcó años más tarde con la entrada a la Organización Mundial de Comercio (OMC) hoy está en una fase contraria por el regreso de la adopción de medidas unilaterales por parte de los países que no respetan las reglas comunes.
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Hace unos días fue China que impuso una medida antidumping a la importación de carne vacuna que alcanzó a varios países, entre ellos la Argentina. Las primeras reacciones en el medio local fueron de cautela y, en cierta forma, de tranquilidad porque la cuota asignada a la Argentina, de 511.000 toneladas anuales, no difería demasiado de los volúmenes que envía el país.
Sin embargo, hubo especialistas como Víctor Tonelli que advirtieron que la decisión de China completaba un mapa de cuotificación a las exportaciones de carne argentinas que se completa con la Hilton a la Unión Europea, y las 20.000 toneladas a los Estados Unidos (aún no hay definiciones sobre el aumento a 80.000 toneladas).
También desde el lado de la producción hubo advertencias. “No estamos de acuerdo con cualquier regulación, cupos o cuotas que se coloquen en el comercio, ya que las vemos mal, como también hemos mencionado siempre que estamos en contra de las retenciones. Son todas trabas que generan distorsiones en los mercados y complicaciones comerciales”, expresó Carlos Odriozola, coordinador de la Mesa de Carnes de la Sociedad Rural Argentina (SRA) en declaraciones radiales.
Para el gobierno de Javier Milei, la nueva cuota china supone un doble desafío ya que, por principios, está en contra de la intervención del Estado en el comercio. Y también, según lo expresado por el libertario en la campaña electoral, en las antípodas ideológicas del gigante asiático. Pero el pragmatismo es el que manda y Agricultura deberá decidir el mecanismo de un negocio que representa cerca de US$1800 millones y concentra las ventas externas de cortes vacunos. En la Secretaría de Agricultura comenzaron a trabajar en una definición del tema, pero, por el momento, prevalece la cautela.
El otro frente de proteccionismo viene, como no podía ser de otra manera, de la Unión Europea. Pese a que hace 30 años comenzó la negociación para establecer un acuerdo de libre comercio con el Mercosur, y hace seis años se había llegado a un entendimiento mínimo, el Viejo Continente presenta fuertes resistencias. La presión de sus propios agricultores, que esgrimen argumentos falaces como la falta de cuidado ambiental en la producción de Brasil, Uruguay, Paraguay y la Argentina, busca impedir un convenio que ya otorgó demasiadas concesiones. Finalmente ayer la Comisión Europea dio un paso crucial al aprobar el acuerdo, pero el fantasma del proteccionismo sigue vigente.
La Unión Europea mantiene su proyecto de Pacto Verde por el cual pretende que los países a los que les compra adopten las mismas políticas internas europeas. Bajo el pretexto de cuidar el ambiente y a sus propios consumidores, esta iniciativa es contraria a los avances de las tecnologías en el agro. Los propios productores europeos están padeciendo el reglamentarismo excesivo de Bruselas con reducciones en el uso de fertilizantes y fitosanitarios.
La Argentina, como país exportador neto de agroalimentos, se ve afectada por las corrientes proteccionistas y la escasa voluntad que ponen los países más desarrollados en liberalizar el comercio agrícola. Pese a que el actual gobierno busca aprovechar al máximo las oportunidades de la expansión de los mercados, el ambiente que debe enfrentar es claramente hostil.
Aquí se presenta un dilema para la producción: si corresponde adaptarse a las exigencias que fijan otros mercados o se apunta a los países que verdaderamente necesitan importar alimentos porque sus economías crecen y la dieta de su población mejora. La brújula, quizás, se deba orientar al sudeste asiático, India, África, Medio Oriente y los países de América latina. El 2026 va a estar lleno de desafíos y el frente externo es uno de los más importantes.