Generales Escuchar artículo

El FBI en el vestuario de la selección y las fuentes de porcelana: tantas mentiras no tapan la verdad

Que la verdad no tape una buena historia. Sobre todo si esta historia permite creer que una derrota dolorosa se debió a una mano negra y, en realidad, la selección argentina padeció una campaña...

El FBI en el vestuario de la selección y las fuentes de porcelana: tantas mentiras no tapan la verdad

Que la verdad no tape una buena historia. Sobre todo si esta historia permite creer que una derrota dolorosa se debió a una mano negra y, en realidad, la selección argentina padeció una campaña...

Que la verdad no tape una buena historia. Sobre todo si esta historia permite creer que una derrota dolorosa se debió a una mano negra y, en realidad, la selección argentina padeció una campaña orquestada desde los eslabones más altos del poder. Siempre será más digerible, incluso más atractivo, la victimización que el reconocimiento de defectos. Como también podría decirse que siempre será más fácil seguir una corriente que detenerse a pensar.

La semana arrancó con la mezcla del dolor por la final perdida y la valoración al equipo más allá del resultado, y transcurrió entre aseveraciones que, obviamente sin haber sido unánimes, entorpecieron el análisis de la final. Rápidamente se habló de quien primero se habla en un partido cuestionado: el árbitro, en este caso el esloveno Slavko Vincic. Enseguida cayó la idea de que a los jugadores les había llegado el rumor de que el FBI preparaba la irrupción en el vestuario para llevarse detenido a Claudio Tapia. Que por eso Messi habría dicho que había que olvidarse “de todo”. No había ningún indicio de que los relacionara una actitud y otra, pero eso era lo de menos.

También se escuchó que el plantel había sido “apretado” después de exponer la bandera de “las Malvinas son argentinas”. Llamativo: la defensa podría haber sido simplemente con el reglamento en la mano, ya que este apenas contempla una multa como sanción. Y que Gianni Infantino necesitaba el apoyo de la Federación Española para conseguir una nueva reelección. Extraño: en ese caso la selección argentina, un canto a la épica hasta ese momento, se habría dejado condicionar de cara al partido que todos soñaban jugar. Y que a las familias les había llegado ese apriete. ¿La fuente? Una de porcelana, tal vez.

A esa altura, el fútbol se había escapado de la jurisdicción del fútbol. Lo lindo que tiene un Mundial es que aglutina a todos, a los que sufren cada fin de semana con su equipo y a los que no tienen claro cuál es la camiseta alternativa de su club. A veces, quedó visto, se puede transformar en un búmeran. Un mentor (?) de coaches holísticos (??) juntó todas las versiones para hacer sus posteos y asegurar que la final estuvo manipulada. Nadie puede comprobar si fue contratado luego de este trabajo, pero probablemente haya capitalizado las interacciones en sus redes. Ese es el punto: los usuarios de las ya no tan nuevas plataformas buscan el único objetivo de viralizarse, de que los escuchen miles que ni los conocen. Monetizan. Más reproducciones, de la misma forma que más diarios vendidos significa más dinero. Esos miles ni se preguntan quiénes son los que hablan. Simplemente oyen. Masifican. El algoritmo hace de las suyas. Los grupos de WhatsApp reparten estos videos con una velocidad que no tiene ni la luz. Más allá de que lo grueso no sea compartido, un residual queda. No creo tanto, pero algo pasó. En el sitio change.org figuran varios petitorios de firmas para repetir la final. Uno de ellos derivó en un llamamiento al Obelisco. Está por verse la convocatoria popular.

Prácticamente no quedó tiempo para procesar las razones de la chance perdida. Si, por ejemplo, al evidente cansancio y el muy aceitado funcionamiento colectivo de España se le pudo haber agregado un excesivo respeto de Argentina. No pudo analizarse que, durante el 0-0 de la inolvidable semifinal contra Inglaterra, el planteo no había diferido demasiado del de la final. Que el juego fluyó de a ratos durante todo el Mundial, en general cuando el equipo se vio urgido: luego del 0-2 ante Egipto y del gol de Anthony Gordon. A propósito, qué maravilla haber tenido una selección que, sin su mejor fútbol, haya podido salir airosa de casi todos sus partidos.

No es nuevo el desbalance entre lo que sucedió y lo que se tergiversó. Miguel Wiñazki escribió en 2014 el libro La noticia deseada, en el que, entre otros ejemplos, abordó el fallecimiento de Alfredo Yabrán. Allí escribió: “Yabrán vivo es la noticia deseada. El suicidio de Yabrán fue la noticia inconcebible. ‘Los poderosos no se suicidan’, supone la construcción de la opinión pública. Y la suposición es más fuerte que la información”. El impacto y la extensión en el mensaje de las redes sociales amplió el reguero. De eso habla Giuliano da Empoli en su famoso Los ingenieros del caos, para el que investigó la construcción de candidaturas políticas y en el que dejó esta frase que viene al caso: “El teórico de la conspiración siempre ofrece un mensaje halagador. Entiende al indignado, conoce su ira y la justifica. Todavía puede redimirse convirtiéndose en un actor de la batalla por la verdadera justicia”.

El Mundial también se había destacado por la existencia de comunicadores que desde México y sobre todo España habían criticado a la selección argentina, y en consecuencia a nuestro país. Buscaron rebote, y un clic vale lo mismo acá o allá. Es la demostración digital de cómo y dónde repercute el aleteo de la mariposa. No importaba el contenido sino el impacto. Al final, no cualquiera habla de fútbol. Sin creer que se requiere una materia universitaria, por lo menos vale la pena hacerlo a partir de imaginarse en la cabeza de los protagonistas. De la misma forma que para escribir como un dato sorprendente que la selección no tiene ni un jugador negro, habría que tener en cuenta que aquí la población negra no llega al 1%. O que para asegurar que Argentina se caracteriza por el racismo, mínimamente habría que haber vivido en el país.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/el-fbi-en-el-vestuario-de-la-seleccion-y-las-fuentes-de-porcelana-tantas-mentiras-no-tapan-la-verdad-nid24072026/

Volver arriba