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El enero más seco en 25 años y la huella del cambio climático potenciaron los incendios en la Patagonia

El norte patagónico argentino vive el enero más seco de los últimos 25 años. De acuerdo con un estudio científico publicado hoy por la organización meteorológica World Weather Attribution, e...

El enero más seco en 25 años y la huella del cambio climático potenciaron los incendios en la Patagonia

El norte patagónico argentino vive el enero más seco de los últimos 25 años. De acuerdo con un estudio científico publicado hoy por la organización meteorológica World Weather Attribution, e...

El norte patagónico argentino vive el enero más seco de los últimos 25 años. De acuerdo con un estudio científico publicado hoy por la organización meteorológica World Weather Attribution, esta situación ha sido un factor clave en los incendios que aún hoy asedian tanto a la comarca andina como a los bosques del otro lado de la cordillera de los Andes, en el sur chileno. Esto, reportaron, tiene una influencia predominante del cambio climático derivado de las emisiones de gases de efecto invernadero. Hablan de que la región vive ahora una “crisis de aridez”, situación que reafirma la necesidad de considerarla en las estrategias de manejo del fuego.

Tanto la Patagonia argentina como la chilena son, respectivamente, 20% y 25% más secas que en un mundo “sin emisiones de combustibles fósiles”. Y aunque sea difícil imaginar ese porcentaje, los resultados son tangibles. Pensemos que solo el 6 de enero, 1800 hectáreas de bosque chubutense fueron consumidas por el fuego. En extensión, esto sería parecido a que todo el barrio de Palermo y un poco más quedaran calcinados en menos de 24 horas. Según esta organización, integrada por meteorólogos de todo el mundo, un factor clave para que esto suceda tiene que ver con los autos, las fábricas, los aviones y todos los aparatos que se producen y funcionan a base de gas, petróleo y carbón.

   

Existe consenso entre brigadistas, políticos locales y científicos en que la “sequía prolongada” que desde hace 10 años recubre la región es uno de los factores predominantes en lo que se conoce como “incendios de nueva generación”.

Este tipo de incendios puede extenderse en minutos y consumir hectáreas enteras con llamas tan poderosas que pueden crear pirocúmulos, nubes secas y extremadamente calientes que contienen en su interior vientos intensos. De un momento a otro, los vientos cambian, generan nubes que a su vez vuelven a modificar el viento y se retroalimentan. Al final, todo esto promueve la expansión del fuego. Hoy comienza a instalarse como parte de una nueva normalidad, un nuevo régimen de incendios que tiene protagonistas repetidos, la mayoría vinculados con la actividad humana.

Entre las causas de incendio, y a pesar de representar entre el 5% de los casos, los rayos son un factor que no hay que desatender a la hora de pensar en estrategias de mitigación. Pueden caer en cualquier sitio, incluso en lugares de difícil acceso para brigadistas, bomberos o aviones hidrantes. Muchas veces pasan días antes de que las autoridades se enteren de focos tan remotos y actúen tarde. Un estudio del Conicet del año pasado concluyó que hay una mayor incidencia de tormentas eléctricas en la región y les atribuye ser la causa del 50% de la superficie quemada en los últimos diez años.

¿Cómo determinarlo?

WWA es una de las organizaciones mundiales que más rápidamente analizan fenómenos meteorológicos y determinan, bajo una metodología común, qué es o no atribuible al cambio climático. Por ejemplo, las sequías prolongadas que asediaron a la Argentina a principios de la década no tuvieron un vínculo estrecho con este proceso global; sin embargo, la tormenta que hace casi un año sumergió a Bahía Blanca sí lo tuvo.

De manera muy simplista, lo que los expertos hacen es análisis empíricos y modelos comparativos. Observan los datos disponibles en las estaciones meteorológicas, en este caso del norte de la Patagonia argentina, y los corren en el índice de Clima de Incendios, un programa que combina datos de temperatura, velocidad del viento y baja humedad para evaluar las condiciones propicias para los fuegos en el contexto actual de cambio climático y concentración de gases de efecto invernadero.

Después comparan el clima actual con simulaciones de un clima preindustrial, es decir, un mundo sin emisiones de gases de efecto invernadero causadas por el hombre. Así pudieron llegar a las conclusiones descritas más arriba.

Una política adaptada

Los científicos de la organización internacional World Weather Attribution encontraron que los incendios forestales que hasta hoy siguen devastando la comarca andina, así como el sur chileno, fueron propiciados por el ser humano de manera directa e indirecta. Directa, por cuestiones ya conocidas: el 95% de los focos son iniciados por nosotros; porque las plantaciones de pino y eucalipto —en especial las abandonadas o mal manejadas— son una fuente masiva de combustible; y por lo que varios sectores de la población y los propios brigadistas han calificado como una política insuficiente de manejo del fuego.

Además de estos factores, WWA identifica también al fenómeno de La Niña y al Modo Anular del Sur como contribuyentes de la “crisis de aridez”, aunque los ubica en un plano secundario frente al factor antrópico. Concluyen que en la Argentina, y en particular en el norte patagónico, es 2,5 veces más probable que existan condiciones propicias para incendios de cinco días debido a las emisiones de gases de efecto invernadero.

Según el análisis presupuestario de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales, para este año habrá una caída del 51,85% del presupuesto asignado en 2025 al Servicio Nacional de Manejo del Fuego —que depende del Ministerio de Seguridad—. En la Administración de Parques Nacionales se proyecta un incremento real del 25,68% con respecto a este año; aunque, al compararlo con los recursos disponibles en 2023, todavía implica una caída acumulada del 26,3%.

Hasta el 2 de febrero, el gasto del presupuesto nacional destinado a la atención de emergencias ígneas no supera el 5%, y la mayor parte de los desembolsos se realizó el 30 de enero, veinte días después de los primeros incendios en la Patagonia. Así lo refleja la base de datos de Presupuesto Abierto. Si bien no puede concluirse aún una subejecución al inicio de 2026, durante el año pasado se utilizó solo el 74% de los recursos disponibles, sin contar aquellos programas que directamente no recibieron fondos.

Según un análisis que LA NACION hizo sobre el gasto del presupuesto destinado al manejo del fuego, los mayores desembolsos se dan durante las emergencias. Varios brigadistas y habitantes de las zonas afectadas han destacado la falta de políticas integrales de prevención. Sobre políticas de adaptación no hay mención alguna hasta ahora.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/el-enero-mas-seco-en-25-anos-y-la-huella-del-cambio-climatico-potenciaron-los-incendios-en-la-nid11022026/

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