El dolor de ya no ser
En la esquina de Scalabrini Ortiz y Medrano supo estar Gibson Bar. Ahí se organizaron fiestas por el Día de San Patricio, Halloween y cualquier fecha que sirviera de excusa para descorchar. Tení...
En la esquina de Scalabrini Ortiz y Medrano supo estar Gibson Bar. Ahí se organizaron fiestas por el Día de San Patricio, Halloween y cualquier fecha que sirviera de excusa para descorchar. Tenía un subsuelo, de polémica habilitación, con lo que se podría denominar “reservados”. Hoy ahí hay un Carrefour Express. Como ese cambio, hubo infinidad de lugares que supieron ser punto de diversión y que el tiempo se llevó por delante. Pero no solo eso: fueron convertidos en lugares tan pero tan lejanos al disfrute que pareciera ser que su existencia fue aplastada por un yunque del aburrimiento (y si alguien piensa que no hay nada más aburrido que un supermercado, que siga leyendo porque hay ejemplos peores).
Algo similar ocurrió hace días en Caballito. Sobre Avenida La Plata, casi esquina Pedro Goyena, donde hoy por hoy avanzan las obras del Trambús, estuvo durante años un local bailable emblemático. St. Thomas, Seven o Kravi, dependiendo la fecha en la que se haya ido, funcionó durante décadas como uno de los boliches más conocidos de la zona (con las denuncias de los vecinos por ruidos molestos de por medio). Albergó noches eternas, fiestas de egresados y diversión para generaciones que encontraron en sus pistas un rato de distensión. Todo terminó: cayó bajo el pico y la pala y en breve reabrirá sus puertas como un gimnasio. O sea: donde se tomó alcohol, se tomará Gatorade; donde se bailó, se harán isquiotibiales; donde se amó (porque ahí adentro pasó de todo), se harán mancuernas.
No fue el único caso. Los vecinos de la avenida Santa Fe recordarán, quizás con cierto odio, a Liquid, boliche ubicado al 3600. Autos en doble fila, música insoportablemente fuerte, caos de taxis que paraban en cualquier lado. Quien pase por ahí ahora notará que el boliche no está más y que, en su lugar, hay un edificio (de uno a tres ambientes y con todas las comodidades de estos tiempos). Adiós a las tres pistas, a las barras y al olor a cigarrillo. Ahora hay gente viviendo, laundry, un SUM y reuniones de consorcio.
Hubo más. Avenida Mosconi 2883, esquina Nazca. ¿Qué había ahí? City Hall, boliche de cabecera de los vecinos de Devoto, Villa Pueyrredón, VIlla Urquiza y alrededores. Lugar obligado para estudiantes y lugar predilecto para fiestas de egresados (también de disfraces, de espuma, láser, etc.). Sin embargo, todo concluyó al fin y en 2024 dio lugar a un edificio con cocheras y locales comerciales.
Otro que albergó noches de todo tipo, desde cumbia y tragos con frizzé hasta peleas en la calle, botas y personajes nocturnos, fue Jesse James. Con su estilo cowboy, muy a tono con el lejano oeste en el que se encontraba, marcó el pulso de la noche y vio pasar a bandas de todo tipo (desde tropicales hasta de las otras). Pero quedó bajo la topadora, quizás con destino de proyecto desde el pozo en cómodas cuotas.
Sin embargo, quizás el punto más representativo de todo esto fue el mítico Cemento. Fue propiedad de Omar Chabán, hombre del rock, representante de la noche porteña de los 80 en adelante y, también, dueño de Cromagnón, donde la desidia y corrupción mataron a 194 chicos (hecho por el que fue preso). Este lugar dio lugar a una de las frases más repetidas por los fanáticos de cualquier cosa (quizás muchos sin saber a qué se refiere): “Te sigo desde Cemento”. Ahí se vio nacer a bandas de todo tipo, desde Ataque 77 hasta Divididos, Las Pelotas, Hermética… El mejor reflejo de aquella época se encuentra en el documental CEMENTO, hoy disponible en Cine.Ar. Quien se pegue una vuelta por el local, ahí por la calle Estados Unidos 1234 (número fácil de recordar) verá el dolor de ya no ser: funciona un estacionamiento del Gobierno porteño, dedicado a tránsito, acarreo y todas esas cosas aburridas y burocráticas. Al final, solo queda aferrarse a aquél mandamiento de los inicios de la cadena Hard Rock: “Cuando la casa está rockeando, no te molestes en tocar, entrá”.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-dolor-de-ya-no-ser-nid05102026/