El dolor de la reina Sofía: Despidió a su hermana Irene contenida por el amor de sus hijos y nietos
A su llegada a la Catedral de Atenas, la tristeza en el rostro de la reina Sofía lo decía todo: regresar a Grecia y volver a Tatoi, la que fuera su casa de la infancia, para despedir a su hermana...
A su llegada a la Catedral de Atenas, la tristeza en el rostro de la reina Sofía lo decía todo: regresar a Grecia y volver a Tatoi, la que fuera su casa de la infancia, para despedir a su hermana Irene –como ya hizo con sus padres y su hermano Constantino– fue un golpe durísimo. Pero contenida por sus hijas, las infantas Elena y Cristina, y por varios de sus nietos, que no la dejaron sola ni un segundo, encontró la fuerza necesaria como para corresponder con un gesto a los griegos que la recibieron con cariño en las puertas del templo.
Su hijo, el rey Felipe VI, su nuera, la reina Letizia, y sus nietas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, también se desplazaron hasta Atenas para el funeral y el entierro de Irene de Grecia, quien murió el 15 de enero a los 83 años.
Desde hace años sufría un deterioro cognitivo y su salud había empeorado mucho en el último tiempo, lo que provocó que, la semana pasada, la reina Sofía cancelara un viaje a Canarias para no separarse de su querida hermana menor, compañera de vida y confidente.
DESPEDIDA EN LA INTIMIDADEl lunes 19, desde muy temprano a la mañana, el féretro cubierto con una bandera griega fue depositado en la capilla de Agios Eleftherios de la capital griega para que los atenienses pudieran despedir a la princesa Irene.
Después fue trasladado a la Catedral Metropolitana –la iglesia elegida por décadas por la familia real helena para sus ceremonias religiosas– para su solemne funeral, en un cortejo encabezado por los hijos varones de la reina Ana María, cuñada de Irene: los príncipes Pablo, Nicolás –ahijado de Irene– y Philippos, quienes recibieron a los asistentes en la puerta de la iglesia, entre los que se encontraba el príncipe Christian de Hannover.
Antes de entrar al templo, los reyes Felipe y Letizia hablaron con la prensa sobre la tragedia ferroviaria en Adamuz: “En cuanto terminemos vamos a regresar, por supuesto, para estar pendientes. Entiendo la desesperación de las familias”, dijo él, visiblemente conmovido. Una vez en el interior, la familia real española y la familia del rey Felipe se ubicaron en uno de los lados (mientras el Rey y la princesa de Asturias llevaban las insignias del Toisón de Oro, la reina Letizia y las infantas lucían broches), y todo el tiempo estuvieron pendientes de la reina Sofía, que se emocionó hasta las lágrimas con las palabras de despedida de sus sobrinos Pablo y Nicolás.
Terminada la ceremonia religiosa, todos se trasladaron a Tatoi para el entierro. Y, tras un pequeño responso en la iglesia de la Resurrección, el féretro fue llevado al panteón para su eterno descanso, un momento muy emotivo al que el frío y la lluvia le pusieron una pátina de tristeza aún mayor (allí reposan los padres de la princesa Irene, Pablo y Federica, y también su hermano Constantino). La reina Sofía, que recibió la bandera griega que cubría el ataúd de su hermana, hizo todo el recorrido entre la iglesia y el cementerio apretándola fuerte entre sus manos.
GRANDES AUSENTESEl rey emérito Juan Carlos fue el gran ausente en el último adiós a su cuñada, tanto en Atenas como en la ceremonia fúnebre celebrada en la Catedral Ortodoxa de San Andrés y San Demetrio de Madrid, por recomendación médica, ya que los especialistas que lo atienden consideraron que supondría un gran esfuerzo físico volar primero a Madrid y después a Atenas, en un breve período.
Tampoco estuvieron presentes en la despedida ni la princesa MarieChantal, mujer de Pablo de Grecia, ni dos de sus hijos. El actual jefe de la Casa Real helena informó que su esposa no pudo viajar a Atenas “debido a la reciente intervención quirúrgica de su madre en Nueva York”, igual que sus hijos, el príncipe Odysseas, quien se ausentó por obligaciones relacionadas con sus estudios, y la princesa Olympia, quien debía cumplir con compromisos profesionales. Irene de Grecia, la más rebelde de la familia real griega, era muy querida por todos sus sobrinos, para quienes fue una segunda madre, y también fue muy cercana a sus sobrinos nietos.
Por eso la princesa Leonor y la infanta Sofía quisieron estar en el entierro: compartieron mucho con ella a lo largo de los años, desde la intimidad del Palacio de la Zarzuela –donde Irene vivió desde la década del ochenta–, hasta divertidos planes en Mallorca durante los veranos. Igual que Irene Urdangarin, hija de la infanta Cristina, quien se llama así en honor de su tía abuela.