El dilema de unas elecciones que definirán el lugar de Brasil en el mundo
En las semanas previas a la primera vuelta de...
En las semanas previas a la primera vuelta de la elección presidencial brasileña, el equipo de asesores internacionales del presidente Luiz Inacio Lula da Silva coordinó tres llamadas a presidentes extranjeros: la primera fue a Xi Jinping, de China, a fines de julio; luego le siguió el mandatario ruso, Vladimir Putin, a principios de agosto; y, finalmente, el 21 de agosto, el jefe de Estado brasileño estuvo alrededor de una hora y veinte minutos conversando por teléfono con Donald Trump.
En los tres llamados –reveló el presidente y candidato a un cuarto mandato–, Lula les dijo a los mandatarios que era necesario hacer más eficiente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas frente a los grandes conflictos bélicos globales, un espacio donde Brasil busca ocupar un asiento permanente desde que Lula fue elegido por primera vez en 2002. Esencialmente, se refirió a las guerras entre Ucrania y Rusia, y al peligroso escenario que se vive en Medio Oriente.
Hoy, Brasil es uno de los principales defensores del multilateralismo en el llamado Sur Global, en momentos en que el multilateralismo enfrenta un fuerte ataque por parte de Trump y sus aliados en diferentes regiones del mundo. El resultado de la elección brasileña, por lo tanto, no es importante solo para Brasil.
La disputa entre Lula y Flavio Bolsonaro –quien, en caso de victoria, se alineará con los Estados Unidos de Trump– podría representar una derrota para quienes defienden el rol de los organismos multilaterales y, en consecuencia, el fortalecimiento de un grupo de países que considera que estos organismos son parte de un mundo en decadencia y defienden un nuevo orden, sin las reglas que el mundo conoce desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Cuando se habla de ataques a organismos y organizaciones multilaterales, no debe pensarse solamente en las Naciones Unidas y todo lo que funciona dentro de su órbita. Los críticos del multilateralismo también miran, por ejemplo, a la Corte Penal Internacional (CPI), un tribunal independiente y permanente con sede en La Haya que juzga a personas acusadas de genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.
La CPI, que se rige por el Estatuto de Roma –un tratado internacional aprobado en 1998, firmado por Estados Unidos en el año 2000 pero nunca ratificado por ese país, y que comenzó a regir en 2002–, enfrenta severas sanciones políticas y financieras por parte del gobierno de Trump.
La intención de Estados Unidos y de aliados como Israel es conseguir que los países de la región se retiren de la CPI. En América Latina y el Caribe, 28 países ratificaron el Estatuto de Roma y son miembros del tribunal, lo que transforma a la región en una de las más importantes dentro del organismo internacional. Recientemente, Venezuela, bajo fuertes presiones de la Casa Blanca, anunció su retiro de la institución, un proceso que puede demorar alrededor de un año. Pero Trump quiere más, y no es el único.
Según dijeron a LA NACION fuentes diplomáticas paraguayas, en un encuentro realizado en septiembre en paralelo a la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, les pidió a los presidentes de Paraguay, Santiago Peña; de Ecuador, Daniel Noboa; y de Bolivia, Rodrigo Paz, seguir los pasos de la venezolana Delcy Rodríguez. Para Peña, afirmó la fuente diplomática paraguaya, no será nada sencillo abandonar la CPI: en su país se necesita mayoría absoluta en el Parlamento y una ratificación mediante referéndum popular para modificar la participación del Estado en tratados internacionales.
Las presiones se intensifican y, en este contexto, lo que pase en Brasil puede inclinar fuertemente la balanza a favor de los defensores del multilateralismo o, en caso de una victoria del hijo del expresidente Jair Bolsonaro, de aquellos que quieren debilitar organismos como las Naciones Unidas o la CPI.
La relación con Estados Unidos e Israel daría un giro drástico en caso de que el joven Bolsonaro sea elegido presidente. La familia Bolsonaro tiene fuertes vínculos tanto con Trump como con Netanyahu. El exdiputado Eduardo Bolsonaro, condenado por el Supremo Tribunal Federal (STF) a cuatro años y dos meses de prisión por coacción en un proceso judicial y actualmente exiliado en los Estados Unidos, aseguró que, en caso de un triunfo de su hermano, él será el futuro canciller de Brasil y una de sus primeras medidas será trasladar la embajada del país en Israel de Tel Aviv a Jerusalén.
La idea es considerada extremadamente peligrosa por dirigentes de peso que apoyan la candidatura de Flavio Bolsonaro, y no está claro hasta qué punto Eduardo tendrá influencia en las decisiones que tomaría su hermano si llega a la presidencia. Lo que sí es evidente es que, de ser elegido, Flavio Bolsonaro enfrentará enormes presiones dentro de su propio gobierno –y de su familia– para que Brasil adopte posiciones y tome decisiones que ni siquiera su padre se animó a tomar cuando fue presidente.
Difícil resistenciaEl resultado de la elección presidencial brasileña definirá si Brasil, en caso de que Lula siga en el poder, insiste en la defensa de los caminos diplomáticos para lidiar con los grandes conflictos globales o si, con el regreso de los Bolsonaro, se alinea con Estados Unidos e Israel. Entre los aliados de Flavio Bolsonaro existen algunos con visiones menos ideológicas y más pragmáticas; pero en un mundo y en una región donde las presiones de los Estados Unidos de Trump son cada vez más agresivas, resistir es cada vez más difícil.
El Escudo de las Américas, del cual el Brasil de Lula no participa, puede servir de ejemplo. Esta alianza regional en materia de seguridad está creciendo y fortaleciéndose a un ritmo acelerado. Los países que adhirieron al escudo lo hicieron atraídos por el incentivo de la ayuda de los Estados Unidos en la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico. Para naciones como Ecuador, que enfrenta la más grave crisis de seguridad de su historia, dar esta batalla en soledad es muy difícil. El gobierno de Noboa realiza operaciones contra grupos criminales con la presencia de militares estadounidenses en territorio ecuatoriano sin grandes resistencias sociales.
Lo mismo podría ocurrir en breve en Colombia, donde el presidente Abelardo de la Espriella puso la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado entre sus principales prioridades. Para estos países, contar con el apoyo de los Estados Unidos es fundamental, y decirle que no a Trump tiene un precio muy alto. En este contexto, el riesgo de injerencia estadounidense en los asuntos internos de sus aliados latinoamericanos es grande.
Hasta ahora, Brasil no es parte de este grupo de países. Lula lo resumió en su discurso en las Naciones Unidas recurriendo al título de un famoso libro escrito por el economista brasileño Paulo Nogueira Batista Jr.: Brasil no cabe en el patio trasero de nadie. ¿Qué pasaría si gana Flavio Bolsonaro? Si dependiera de la familia Bolsonaro, su país pasaría a integrar el escudo trumpista.
Habría que ver, entonces, cuál sería la posición de los militares brasileños, quienes impidieron durante el gobierno de Jair Bolsonaro cualquier tipo de intervención militar en la Venezuela gobernada por Nicolás Maduro, tal como les pedía Trump. La soberanía es una causa muy fuerte en las Fuerzas Armadas brasileñas.
Las elecciones brasileñas de 2026 ocurren en un mundo muy diferente al de 2022. En aquel momento, Lula prometió que Brasil volvería a la comunidad internacional después de cuatro años en los que el gobierno de Jair Bolsonaro acumuló conflictos y frenó acuerdos; entre ellos, el que finalmente se firmó el año pasado entre el Mercosur y la Unión Europea, que el bloque europeo se había negado a suscribir mientras Bolsonaro fuera presidente debido a su política ambiental y su negacionismo científico durante la pandemia.
Brasil volvió al mundo, recompuso vínculos y, con Lula, mantiene una relación tensa y difícil con Estados Unidos. Con Israel, el vínculo bilateral está congelado. Si las urnas le dan la victoria a Flavio Bolsonaro, Brasil cambiará de equipo, y ese giro repercutirá en las disputas globales de poder. Ninguna elección en América Latina ha sido tan importante para el mundo desde que Trump regresó al poder.