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El curioso entierro del Señor de Orgaz y el astigmatismo de El Greco

Para cuando ...

El curioso entierro del Señor de Orgaz y el astigmatismo de El Greco

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Para cuando Doménikos Theotokópoulos falleció el 7 de abril de 1614, hacía 73 años que había nacido en Creta y 37 que vivía en Toledo.

Allí había logrado cierto prestigio que le había sido esquivo durante su permanencia en Venecia, Roma y Madrid, donde Felipe II había prescindido de sus servicios por discrepancias estéticas.

En Toledo logró una estabilidad económica, si bien su vida fue una permanente disputa entre sus pretensiones y lo que sus clientes estaban dispuestos a pagar por su obra.

En 1568 recibió el encargo de pintar en la Iglesia de Santo Tomé de Toledo el momento en que San Esteban y San Agustín asisten al entierro del Señor de Orgaz y su posterior ascensión al cielo.

Erróneamente al Señor de Orgaz, don Gonzalo Ruiz de Toledo, se le atribuye el título de conde, que nunca lo fue, ya que ese reconocimiento recién se le concedió a su nieto.

Al morir en 1312, este señor había hecho una generosa donación a la parroquia de Santo Tomé: “dos carneros, ocho pares de gallinas y ochocientos maravedíes” (que hoy serían 100 €), que anualmente sus súbditos debían entregar al párroco de dicha diócesis.

Sin embargo, el deseo del Señor de Orgaz, hombre piadoso que la leyenda cuenta que San Esteban y San Agustín asistieron a su entierro, no se cumplió.

Doscientos cincuenta años más tarde las autoridades del convento reclamaron ante la Real Audiencia el cumplimiento de lo establecido en su testamento. El reclamo fue concedido y con el dinero obtenido, que era una buena suma, las autoridades acordaron con El Greco la confección de un retablo de este milagro en la capilla mortuoria del Señor de Orgaz.

La primera cotización de El Greco por este encargo fue de 1200 ducados de oro, el equivalente a una cifra cercana al millón de euros. Como esta suma le pareció excesiva al párroco, se entabló un regateo con el pintor que estuvo a punto de terminar con una apelación de El Greco al Papa. Al final el artista acordó en un valor menor y comenzó a pintar este óleo sobre lienzo de casi cinco metros de alto y 3,60 metros de ancho.

La obra se divide en dos planos: el inferior es el terrenal y el superior es el celestial. Abajo está representado San Agustín —uno de los padres de la Iglesia— asistido por San Esteban, sosteniendo al Señor de Orgaz, quien luce una lujosa armadura empavonada a la usanza toledana. Es muy probable que el señor jamás haya usado en vida tal armadura, ya que no fue un guerrero y llevó una vida austera, por la que ganó fama de santidad. En primer plano aparece un niño que señala al fallecido Señor de Orgaz. Es el hijo del pintor, Jorge Manuel, quien con los años continuará el oficio de su padre. En el pañuelo que sobresale del bolsillo está estampada la rúbrica de El Greco.

En el extremo izquierdo hay tres sacerdotes: el que da la espalda es Ruiz Durón, el que celebra el responso es Núñez de Madrid, el párroco con quien el pintor discutió sus honorarios, y el que porta la cruz es Rodrigo de la Fuente.

En un plano posterior, El Greco pintó a los testigos del milagro inspirados en los rostros de los notables de Toledo, incluido su propio retrato donde se aprecia una exotropía, es decir, un estrabismo divergente.

Entre estos notables se ha podido individualizar a Diego de Covarrubias (1512-1575), un destacado humanista amigo del Greco, que estudió derecho canónico, fue docente en Salamanca, real canciller de Granada y arzobispo de Santo Domingo (es el hombre de barba vecino a los tres sacerdotes).

Algunos autores sostienen que uno de los caballeros retratados estaría, nada más y nada menos, que Miguel de Cervantes Saavedra, quien por esos años vivía en Toledo.

Hasta acá, en las figuras de los notables, las proporciones se mantienen; basta mirar la parte superior para notar una deformación de las imágenes tanto en el eje vertical como en el horizontal.

Esta deformación era propia de la escuela de arte que en Italia llamaban “manierismo”, donde los artistas priorizaban el estilo, alargando las figuras en posiciones poco naturales, en espacios atiborrados (horror vacui) y alegorías pintadas con contrastes cromáticos.

Un ángel lleva el alma del Señor de Orgaz hasta la Virgen, Jesús y San Juan Bautista, figuras en las que se hace notable la elongación tanto en el eje vertical como en el horizontal.

Este detalle se convirtió en motivo de debate a principios del siglo XX, cuando se vuelve a poner en valor la obra de El Greco. Entonces el oftalmólogo español Germán Beritens escribió un libro llamado “El astigmatismo de El Greco”, que atribuye a este vicio de refracción la deformación de las imágenes.

El astigmatismo —que significa “falta de punto”— se debe a las diferencias entre los radios de curvatura de la córnea, el tejido transparente en la parte anterior del ojo donde se refractan los rayos de luz que entran al ojo.

Esta teoría fue rebatida por el profesor Manuel Márquez, quien atribuyó esta deformación a una variación estilística propia del manierismo y no al astigmatismo del autor.

El doctor Márquez señala justamente que la elongación, de ser debida a la deformación de la córnea, se daría en un eje y no en ambos a la vez, como se hace notable en la porción celestial del retablo.

Sin embargo, la teoría del astigmatismo (palabra de un “encanto” particular para los pacientes que hacen prevalecer este término sobre otras patologías de mayor envergadura) ha estado vigente a lo largo del siglo con debates académicos sobre las posibles causas de la elongación de las figuras por parte del pintor nacido en Creta.

Cabe destacar que Jorge Manuel Theotokópoulos —el hijo de El Greco, que figura en el retablo— pintó otro entierro del Señor de Orgaz que reproduce solo la parte inferior del lienzo y que desde 1901 se encuentra en el Museo del Prado.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/el-curioso-entierro-del-senor-de-orgaz-y-el-astigmatismo-de-el-greco-nid07042026/

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