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El buen momento de Milei: ¿foto o película?

El Gobierno consigue más de lo que ganó y apenas un poco menos de lo que imagina en sus precipitados sueños hegemónicos. Los mejores momentos de la gestión de Javier Milei incluyen el a...

El buen momento de Milei: ¿foto o película?

El Gobierno consigue más de lo que ganó y apenas un poco menos de lo que imagina en sus precipitados sueños hegemónicos. Los mejores momentos de la gestión de Javier Milei incluyen el a...

El Gobierno consigue más de lo que ganó y apenas un poco menos de lo que imagina en sus precipitados sueños hegemónicos.

Los mejores momentos de la gestión de Javier Milei incluyen el achicamiento del kirchnerismo y, por lo tanto, dan una falsa idea de batalla ganada al populismo de izquierda.

La Libertad Avanza encontró que la negociación con la casta que tanto repudia la elemental vía para la consumación de sus objetivos parlamentarios

Por ahora no se sabe si es un instante de gloria o parte de una tendencia de cambio consistente; siempre es bueno no apresurarse a tomar nada como definitivo en un país que ha hecho de sus regresiones una palanca para su decadencia.

Desde que se instaló en el Congreso tras el resultado de las elecciones de medio término, el Gobierno viene cumpliendo sus propósitos sin otro problema que los que suele generarse por su propia temeridad.

Ninguna ley por sí misma ni un conjunto de leyes serán suficientes si el Gobierno no logra conectar esos cambios en los papeles con las decisiones privadas que pueden reactivar la economía

Apenas dos ejemplos: La frustrada derogación de los fondos universitarios en el tratamiento del presupuesto y la introducción de descuentos de hasta el 50 por ciento en el salario de los trabajadores enfermos o accidentados. En ambos casos la cuota de tolerancia de los socios transitorios de los libertarios pasó por encima del nivel del vertedero.

La otra cara de la moneda es más luminosa para los libertarios. Una negociación sin ruidos y aceitada por favores y respuestas a pedidos de todas las gobernaciones hizo posible que el oficialismo aumentara su cantidad de votos hasta duplicarla en el Senado y subirla más de un 30 por ciento en la Cámara de Diputados.

Las condiciones incluyeron la incorporación y el uso obligatorio de la camiseta libertaria por parte de dirigentes opositores que habían golpeado la puerta sin animarse a entrar.

La Libertad Avanza encontró que la negociación con la casta que tanto repudia la elemental vía para la consumación de sus objetivos parlamentarios.

Ahora lejos de someterse a los mandoneos de Cristina Kirchner, una parte del peronismo se conecta al poder libertario por un imprescindible vinculo de subsistencia

En medio del entusiasmo, al dejar al Senado sin ninguna autoridad kirchnerista (es decir, sin un vicepresidente), los libertarios conducidos por Patricia Bullrich imitaron los abusos que supo cometer en distintos espacios institucionales su propio rival. Pueden ser gustos caros. Esos gestos también son una señal que generan desconfianza entre los socios actuales.

Lo más importante es que el número que puede contar el oficialismo en el Senado lo deja en el umbral de poder introducir cambios institucionales sin someterse a una negociación con el diezmado grupo que todavía responde a Cristina Kirchner. Estar muy cerca de los dos tercios le permitiría completar la integración de la Corte Suprema (le faltan dos miembros) y cubrir los centenares de vacantes existentes hace años en la Justicia Federal. Si hasta pudiera pensarse en una reforma constitucional. Sería una distracción innecesaria.

La experiencia fallida de proponer al juez Ariel Lijo para la Corte es un dato que tal vez el Gobierno haya registrado.

El sentido común indica que Milei tiene la oportunidad de proponer jueces de su raigambre ideológica, sin pretender que una vez en la Corte voten lo que pide el gobierno de turno sino según sus convicciones, sus conocimientos del derecho y la Constitución. Esa condición parecía reunir el otro candidato que fue rechazado, el jurista Manuel Garcia-Mansilla.

Parece una utopía, pero es un asunto con un sentido mucho más práctico y de efecto inmediato integrar la Corte con jueces decentes que garanticen el sistema de libertades políticas y económicas escrito por los constituyentes de 1853. Las inversiones imprescindibles que Javier Milei desea nunca llegarán si no hay garantías de que la Justicia funciona bien. Es la diferencia entre países que funcionan y países decadentes.

El tiempo de las grandes reformas legales tiene a Milei mirando cómo se están cumpliendo esos objetivos. La nueva legislación laboral, como la reforma a la ley de glaciares, y los cambios impositivos podrán consumarse en poco tiempo más.

Crece incluso la presión a provincias y municipios para también ahí reducir la presión impositiva. No solo empresarios, sino también trabajadores preocupados por perder su empleo empiezan a tener registro de que si bien será difícil competir para muchas empresas, seguir como hasta ahora resultará imposible.

Ninguna ley por sí misma ni un conjunto de leyes serán suficientes si el Gobierno no logra conectar esos cambios en los papeles con las decisiones privadas que pueden reactivar la economía.

Tiene el Presidente la ventaja de gran parte de las leyes que quería. Y la suerte de contar con una parte de la oposición que comparte el rumbo y le vota esos proyectos en el Congreso.

Para completar este momento irrepetible, nunca como ahora, desde los días en los que su fundador, Néstor Kirchner, asomó su candidatura presidencial apadrinado por Eduardo Duhalde, el kirchnerismo fue más pequeño y estuvo más encapsulado.

Luego de un cuarto de siglo al mando del peronismo y de gobernar la Argentina en cuatro de los últimos seis mandatos presidenciales, el populismo que vino del sur quedó expuesto a un reemplazo que, sin embargo, no aparece.

Es posible que tarde en llegar una nueva jefatura del Partido Justicialista, en tanto los diversos sectores que lo integran han acelerado una fuga hacia sí mismos. Lejos de someterse a los mandoneos de Cristina Kirchner, el variopinto conjunto se conecta al poder libertario por un imprescindible vinculo de subsistencia con la fuente de recursos que sigue siendo el Estado nacional.

La posibilidad de mudar de jefe y subordinarse a Axel Kicillof es por ahora una hipótesis lejana, sostenida más por el peso electoral de la provincia de Buenos Aires que por la cercanía que despierta el gobernador.

Aunque partido al medio entre Cristina y Kicillof, el kirchnerismo cree que volverá a ocurrir que el peronismo irá al pie y reconocerá su supremacía por el control territorial del conurbano. Esa especulación no incluye la división interna y la pérdida de control en la zona más poblada y empobrecida del país.

Hay una posibilidad todavía más interesante en términos generales para la construcción del país después de los años libertarios.

Esa chance se abrirá si se descubre que tras el acompañamiento de legisladores peronistas a las reformas de Milei está también la decisión de una parte de sus jefes, los gobernadores, de entender el futuro en términos de apertura de la economía, inversiones externas y el establecimiento de reglas capitalistas estables. Todavía es temprano para descifrar ese enigma.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/el-buen-momento-de-milei-foto-o-pelicula-nid27022026/

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