Donald Trump y la caída de Maduro: “Tómalo o déjalo”
Por si hubiese hecho falta, una semana atrás quedó comprobado que no existe una receta para terminar con un gobierno totalitario. Ni tampoco un único propósito para desalojar al dictador, pero ...
Por si hubiese hecho falta, una semana atrás quedó comprobado que no existe una receta para terminar con un gobierno totalitario. Ni tampoco un único propósito para desalojar al dictador, pero dejar la dictadura. Al menos por ahora.
En la celebración y el lamento de un mismo hecho y de las múltiples intenciones para realizarlo habita una experiencia que bordea la pornografía política: como muy pocas veces en el siglo pasado, los discursos festejan lo que antes se escamoteaba por vergüenza.
Se festeja el triunfo resumido en un precio. Los Estados Unidos le pusieron monto a la ganancia que esperan obtener por el arrasador avance sobre el régimen venezolano. La democracia es un tema de menor importancia en el discurso de Donald Trump y de sus funcionarios.
Trump eligió un camino distinto y prefirió no sintonizar con los valores que su país difundió desde su nacimiento: la democracia liberal, el respeto por los individuos y la propiedad privada
El presidente de los Estados Unidos no pronuncia ninguna frase sin un mensaje al electorado del país profundo que lo votó y que espera que él les devuelva la grandeza perdida. Todo debe ser, por lo tanto, presentado como un tributo con la forma transaccional que incluye un resultado económico favorable.
La decisión de un ataque militar contra la dictadura venezolana no fue presentada como un golpe decisivo para terminar con un cuarto de siglo de violaciones a todos los derechos ciudadanos, un insoportable empobrecimiento del país, la reducción a un tercio de su explotación petrolera y casi ocho millones de personas condenadas al exilio.
Trump eligió un camino distinto y prefirió no sintonizar con los valores que su país difundió desde su nacimiento: la democracia liberal, el respeto por los individuos y la propiedad privada.
El presidente de los Estados Unidos celebró primero la capacidad operativa de sus fuerzas militares como sinónimo de poderío sobre el resto del mundo. Luego, hizo una clara apuesta a los lugartenientes de Nicolás Maduro, en quienes confía que ahora se someterán a sus propios dictados luego de un acuerdo para entregar la pieza principal a cambio de conservar el poder al menos en las formas.
Esa decisión incluyó una explícita muestra de desprecio a la oposición, que con enormes dificultades había logrado ganar las elecciones del 28 de julio de 2024 al dictador que decidió desconocer la voluntad mayoritaria de los venezolanos. El reconocimiento internacional, Premio Nobel de la Paz incluido, a María Corina Machado fue desestimado por Trump en beneficio de su victimaria Delcy Rodríguez.
En la trampa de la simplificación se debe estar conforme con el final del ciclo de Maduro y también con la afirmación de Trump: ‘Gobernaremos nosotros’
Y para rematar la faena, el presidente estadounidense dejó claro que el raid sobre Venezuela tendrá como rédito mediato e inmediato el uso del petróleo venezolano como recurso propiamente dicho y también como factor de presión a Rusia e insumo para la guerra geopolítica que libra con China.
Sesenta y siete años atrás, en las democracias liberales del mundo se celebró la caída de la dictadura cubana de Fulgencio Batista a manos de un grupo de jóvenes revolucionarios que terminaron instaurando otra dictadura, en este caso comunista, que todavía domina la isla. A la alegría de la liberación siguió el desencanto por el giro al absolutismo soviético. Tras la celebrada detención de Maduro apareció un regusto amargo parecido.
La historia nunca se repite ni tiene que ser siquiera semejante; tal vez la decisión de mantener a los jerarcas de la dictadura sea una obra maestra del pragmatismo para organizar una transición. Ya se verá. Ahora, en el presente, la democracia en Venezuela fue corrida hacia una imprecisa tercera etapa por el secretario de Estado, Marco Rubio, el miércoles pasado.
Es tómelo o déjelo, tal la trampa de la simplificación para borrar elementos que son algo más que detalles inquietantes. Si se está conforme con el final del ciclo de Maduro también se debería estar conforme con los motivos y con la intervención en Venezuela que Trump sintetizó con una afirmación: “Gobernaremos nosotros”.
Todo es relativo. En las calles venezolanas, las fuerzas de represión mantienen sus mismos hábitos de cacería de opositores y disidentes. Nadie pudo festejar en Venezuela la caída del tirano por la simple razón de que fue suplantado por otro miembro de la misma tiranía.
Para amigos y enemigos el resultado siempre tiene que ser la ostentación de una ganancia para los Estados Unidos, es decir, un mensaje directo a los votantes del republicano
Mientras la nueva presidenta, Delcy Rodríguez, declama el mismo discurso pseudorevolucionario de siempre, Trump anunció un llamado “acuerdo comercial” que consiste en intercambiar petróleo por productos fabricados en los Estados Unidos.
Imposible no encontrar una similitud, salvando las obvias diferencias, con el acuerdo que se anunció pero todavía no se firmó luego del salvataje cambiario que hizo el Departamento del Tesoro antes de las elecciones de medio término que ganó Javier Milei, hoy por hoy, el gran amigo latinoamericano de Trump.
Aquella inédita intervención para tranquilizar al país que se disponía a votar tiene mucho más que ver con la decisión de detener a Maduro de lo que se cree. En ambas influye la determinación de Trump de hacer de las intervenciones una política contante y sonante en todos los casos. Para amigos y enemigos, el resultado siempre tiene que ser la ostentación de una ganancia para los Estados Unidos, es decir, un mensaje directo a los votantes del republicano.
Stephen Miller, subjefe de gabinete de política y asesor de seguridad de Trump, refleja el criterio imperante. Miller le dijo a CNN: “Vivimos en un mundo en el que puedes hablar todo lo que quieras sobre sutilezas internacionales y todo lo demás, pero vivimos en un mundo, en el mundo real, que se rige por la fuerza, que se rige por el poder”.
Con esa misma convicción es que, en la misma secuela de las acciones sobre la dictadura venezolana, Trump restableció su pretensión de quedarse con Groenlandia. En principio en nombre de la seguridad de los Estados Unidos y como una respuesta al avance sobre el Ártico de Rusia y China.
Groenlandia es territorio del reino de Dinamarca, un país pulcramente democrático, miembro de la Unión Europea.
Tres meses atrás, Trump dio por cancelada la importancia que Estados Unidos le había reconocido a Europa desde la Segunda Guerra Mundial, una señal de desprecio que completa su decisión de apurar un acuerdo de paz entre Ucrania y Rusia sin considerar la desconfianza europea hacia el expansionismo de Moscú.
Después de Venezuela, la oferta de compra hostil que hizo Trump por Groenlandia es un aviso que Europa parece haber empezado a tomar más en serio.
Estos nuevos viejos tiempos apenas están empezando. El nuevo orden mundial se parece más al deseo de Donald Trump de imponer su voluntad al resto del mundo. La realidad puede ser más compleja.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/donald-trump-y-la-caida-de-maduro-tomalo-o-dejalo-nid09012026/