Diego Ramos, tras su eliminación de MasterChef: por qué no “encajó” en el reality y su decepción con uno de los jurados
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Diego Ramos se convirtió este martes en el quinto eliminado de MasterChef Celebrity (Telefe), luego de presentar unos ñoquis de sémola con crema de champiñones, nueces y queso azul que no lograron convencer al jurado. Aunque los especialistas destacaron el sabor de la pasta, cuestionaron la salsa, que había quedado cortada, y la falta del gratinado característico de la preparación. Finalmente, el actor quedó fuera de la competencia frente a Grego Rossello y Hernán “Mala Fama” Coronel, quienes también habían quedado en la cuerda floja con sus platos.
Sin embargo, más allá de los errores culinarios, Ramos considera que hubo otro factor que pudo haber influido en su salida: su perfil tranquilo y poco inclinado a generar situaciones televisivas. En diálogo con LA NACION, el reconocido actor explicó por qué esperaba quedar eliminado, habló de su relación con el jurado, de los vínculos que construyó con sus compañeros y de sus próximos proyectos en teatro y televisión.
—¿Cómo estás viviendo tu eliminación? ¿Te fuiste triste, enojado o conforme con lo que pasó?
—No, triste no y enojado menos. Obviamente tenía ganas de seguir, pero no hubo tristeza y mucho menos enojo. Yo sabía muy bien dónde entraba y sabía que esto podía suceder. Todo el mundo se va a terminar yendo, salvo uno que queda al final. Y sí, la verdad que esperaba quedar eliminado.
—¿No estabas conforme con el plato que habías preparado?
—No, no sé si tanto por eso, sino más por un desempeño de reality. No tengo mucho perfil de reality, soy extremadamente tranquilo. No doy show, no genero contenido.
—¿Creés que eso pudo haber influido en tu eliminación?
—Yo creo que es una mezcla, porque es un reality de cocina. Entonces tiene que ver las habilidades culinarias y lo que generás de reality también. Yo sabía que, si me tocaba con gente que tiene más contenido o que es más interesante para contribuir a un reality, me podía suceder esto si estábamos a la misma altura. Si alguien cocinó mucho mejor, obviamente no. Pero si estábamos equiparados, sabía que en algún momento me iba a pasar lo que me pasó. Me conozco muy bien y sabía que esto podía pasar.
—¿Y nunca pensaste en construir un personaje dentro del programa?
—No, porque no me sale. Yo soy actor y sé muy bien que cuando forzás algo que no sos, lo que menos vas a generar es eso que querés generar. Entonces, ¿qué voy a hacer? ¿Me voy a disfrazar? ¿Me voy a hacer el que me gusta alguien? No me salen esas cosas. Creo que la gente que va quedando es gente que realmente es así, y lo digo de la mejor manera: son personajes atractivos en sí mismos. No considero que haya nadie que esté forzando nada. Son personalidades que llaman la atención en un reality y la mía no lo es tanto. Pero estoy re amigado con eso, no es el primer reality que hago.
—¿Por qué creés que tu personalidad no logró destacarse tanto dentro del programa?
—Yo me enganché mucho con el aprendizaje. Lo tomé realmente como una escuela de cocina. De hecho, sigo estudiando y estudié mucho. A los participantes los veía como compañeros, no como competidores, y a los jurados como maestros. Tampoco soy tan competitivo, no me interesa esa cosa de necesitar ganar. A mí me divertía mucho aprender, lograr hacer cosas que nunca había hecho en mi vida. Es rarísimo ese programa, porque nunca me divertí tanto y nunca sufrí tanto ni la pasé tan mal.
—¿Sufrías mucho cocinando?
—Sufrís las 24 horas del día, pero es algo general que nos pasa a todos. Se arma una psicosis: estás todo el día pensando en comida, en recetas, mirando YouTube, tomando clases, te levantás con pesadillas de comida. Eso también tiene algo bueno, porque nadie se tira a chanta. Yo estudié un montón y todo el mundo estudia un montón, todos se preocupan. Estábamos muy igualados en las ganas que teníamos y en las pilas que le poníamos. Pero hay cuestiones de reality que escapan a mí.
La relación con sus compañeros y el jurado View this post on Instagram—¿Cómo quedó la relación con tus compañeros?
—Genial, es lo que más me llevo. Con muchos ya había trabajado, a otros los conocía de antes y hubo gente que conocí ahí y me encantó. Con Mala Fama, por ejemplo, lo del final fue espectacular. También Luciana Geuna, que no la conocía ni me la había cruzado nunca. Se generó algo muy lindo, por lo menos hasta donde estuve yo, de mucho compañerismo. Realmente nos alegrábamos mucho cuando al otro le iba bien. Eso fue espectacular.
—¿Y con el jurado? ¿Te quedaste conforme con el trato que recibiste o te hubiera gustado construir una relación diferente?
—A Damián lo conozco de toda la vida y me parece genial lo que hace. Es un actor en potencia también. Más allá de lo que sabe y de los consejos que da, me parece genial todo lo que construyó como jurado. Con Maru tuve la mejor y tengo la mejor. Me encantó, fue muy empática, muy protectora. Y con Martitegui, no…
—¿No lograste conectar con él?
—No conecté nada, o él no conectó conmigo, no sé. Yo pensé: “Me parece un personaje genial, voy a ir y me lo voy a ganar”. Cero. Me encontré con una pared, me choqué de frente. Igual quiero que quede muy claro que nunca me faltó el respeto, nunca fue maleducado y creo que siempre fueron muy justos con todo lo que me dijeron, en lo bueno y en lo malo. Con eso no estoy para nada en desacuerdo. Pero me encontré con una pared y siento que en algún momento un poco me boludeó también.
—¿Por qué?
—En otra situación, si fuera sobreactuación o algo que yo conozco, puedo contestar. Pero como es algo que no sé, me apichono mucho. Me meto para adentro, entiendo que los que saben son ellos y, si me dicen algo, me anulo. Me cohibió mucho la situación. Y tampoco voy a ponerme a pelear en un reality por un plato de comida, porque realmente no es lo mío. Eso es lo que yo llamo no tener perfil de reality.
—¿Y te llevas algún aprendizaje más allá de la cocina? Se te vio muy emocionado en algunos programas.
—Yo la verdad que estoy chocho, la pasé muy bien y sigo con ganas de aprender. Jamás pensé que iba a llorar por un guiso de mondongo . Yo acepté y me pasó todo lo que supuse que iba a pasar, siempre decía: “Ay si me lo proponen voy a decir que no por esto y por esto”, y me sucedió. Para mí era una locura, y terminó siendo una locura hermosa.
—¿Te gustaría volver en el repechaje? ¿Harías algo diferente o seguirías siendo el mismo Diego?
—No, hacer algo distinto no me sale. Y la verdad que no sé si quiero volver. No sé, porque me va a pasar lo mismo, y más en una instancia más avanzada todavía. Imaginate, si yo me fui al mes y pico, después de dos meses y pico van a estar todos re afilados con sus personajes. Mi parte de reality no garpa.
—¿Vas a seguir cocinando?
—Sí, por supuesto. Siempre miré programas de cocina y siempre pensaba qué lindo sería hacer eso. Es algo que me encanta y me gusta, pero nunca había hecho nada. Y ahora poder hacerlo, preparar tortas, budines, comidas, es espectacular. Yo jamás pensé que iba a poder hacer unos ñoquis de sémola y que me iban a salir así de bien. Entonces, para mí fue pura ganancia.
Lo que viene: teatro y televisión—Ahora que terminó esta etapa, ¿tenés nuevos proyectos?
—Estoy ensayando Baraka para el verano acá en Capital, con Carlos Portaluppi, Alberto Ajaka y Campi, bajo la dirección de Jorge Suárez. También voy a dirigir Manos arriba, con Pedro Alfonso y Paula Chaves, en Carlos Paz. Además, estoy con un espectáculo musical para dar una mano desde la dirección, pero todavía no puedo hablar mucho. Y ya tengo un programa de conducción en Canal 7, pero viene otro.
—Así que estás en un buen momento profesional, más allá de tu salida de MasterChef.
—Sí, por suerte. Gracias a Dios nunca me falta trabajo, me siguen convocando y siempre estoy muy agradecido, muy feliz. Pero voy a seguir estudiando cocina, obviamente.