Die Toten Hosen: con un show sorpresa y un nombre muy particular abrieron su última gira por Argentina
Hay algo que bordea lo religioso en el culto argentino a Die Toten Hosen. La parte de la devoción está clarísima: desde hace 34 años, toquen donde toquen -en Obras, en la calle, en Tandil, en u...
Hay algo que bordea lo religioso en el culto argentino a Die Toten Hosen. La parte de la devoción está clarísima: desde hace 34 años, toquen donde toquen -en Obras, en la calle, en Tandil, en una casa, esta vez en el Vorterix- las entradas se agotan en tiempo récord, incluso en shows como éste que se anuncian de repente, un día antes.
Pero también decimos que hay algo que roza el misticismo porque qué es, sino fe ciega, el acto de reunirse y dejar las cuerdas vocales cantando temas en un idioma del que no se tiene el más mínimo registro. Uno puede no hablar inglés, pero el bombardeo constante de material audiovisual en esa lengua hace que, mal que mal, alguna idea uno se pueda hacer; en cambio, el alemán es un misterio insondable para el 99 por ciento de la población argentina, más allá de alguna marca de autos. Habría que ver cuántos de los que se revientan la garganta cantando el estribillo de “Auswärtsspiel!”, uno de los primeros grandes estallidos de la noche, saben qué significa el “uns ist egal, wer heute siegt!” que viene después del “ole ole ole ola” (“nos da igual quién gane hoy”), pero en todo caso el punto es que no importa: un lenguaje entero, con siglos y siglos de historia, se convierte por un par de horas en una madeja de sonidos guturales cadenciosos porque sí, porque las almas lo piden. Cero razón, todo espíritu.
Los Tito del Once (alter ego fonético elegido para este concierto sorpresa, ungido por el Ruso Verea en una de sus primeras visitas) se subieron la vara a sí mismos invitando a 2 Minutos a abrir. Lo de la banda del Mosca fue una metralleta de hits (“Tema de Adrián”, “Canción de amor”, “Como caramelo de limón”) y favoritos del punkie argentino (“Arrebato”, “Otra mujer”) interpretados con una justeza sorprendente para el grupo, que evidentemente pasa por un excelente momento. Casi al final del set llegó “Ya no sos igual” con Campino como invitado, y quedó hecho el puente para que el número central de la noche se haga cargo del centro del escenario.
El primer paso de la despedidaA esta altura cabe recordar que Die Toten Hosen se está despidiendo. Que -dicen- quieren dejar de grabar y tocar en vivo antes de decaer y no poder hacer música o dar un espectáculo acorde a lo que se espera de ellos. Apenas rondan los 60 años y no se les ve ni se les escucha nada que pueda hacer pensar en un declive inminente, pero no deja de ser un gesto noble no querer manchar su leyenda. Así las cosas, todo lo que pase en esta mini gira (que también incluye conciertos en el Club Unión y Progreso de Tandil el 5 de octubre, en el L2 Arena de Rosario dos días más tarde y en el Movistar Arena de Buenos Aires el 10) está cargado de una emotividad especial que -hay que decirlo- no se manifiesta en ningún acto de solemnidad forzada: la fórmula es la de siempre (punk rock clásico, distorsión y melodía y actitud) y la respuesta, igual.
La propuesta del grupo es la propuesta del género que cultivan: no buscan el matiz y nadie se los pide. Con todo, saben escaparse con moderación de la norma, como por ejemplo con el regusto ska de “Laune del Natur”, o con la balada “Nur zu Besuch”, dedicada a los amigos que perdieron en el camino (“hoy a la tarde visitamos la tumba de Pil”, contó Campino). Hablando del fallecido líder de Los Violadores: tampoco faltó la versión de “Uno, dos, ultraviolento”, en uno de los dos homenajes explícitos al punk nacional del show (el otro fue “Donde las águilas se atreven”, de Attaque 77, a la hora de los bises). Otro cover (“Cokane in my Brain” del jamaiquino Dillinger) los encuentra con la mordida particularmente apretada (valga la humorada con el título de la canción), casi bordeando el riff metalero. Y una propia pero también en inglés (“Pushed Again”) canaliza las ganas de cantar algo que más o menos se entienda. Pero de vuelta: nadie tiene conflictos con desgranar “Eisgekühlter Bommerlunder” en fonética maltrecha, porque la conexión se da en un plano superior al de las construcciones humanas.
View this post on InstagramCon 33 canciones en el set, hubo cuatro “cierres” diferentes por las repetidas tantas de bises. El primero, cómo no, “Hier kommt Alex”, su tema insignia, linkeado con “Uno, dos, ultraviolento” en la inspiración en La naranja mecánica. Otro: “Schönen Gruß (auf Wiedersehen)”, una recreación eléctrica de un tema para cantar doblado de ebriedad en la Oktoberfest. El tercero: “You’ll Never Walk Alone”, himno de la hinchada del Liverpool que Campino se da el gusto de incluir en sus recitales por su fanatismo por el team inglés. Y el final-final: “Verschwende deine Zeit”, ya fuera de programa, por el solo gusto de no querer bajarse del escenario.
Así, con un concierto sorpresa en un teatro chico, empezó el adiós de Die Toten Hosen de la Argentina. Un adiós que, como decíamos, tiene su costado cuasi religioso, con su dosis de incondicionalidad y fervor por algo que no se comprende pero se siente. Y a la vez, si lo pensamos bien, también es todo lo contrario: en un show de los nativos de Düsseldorf no hay sacrificio en pos de una recompensa posterior, sino pura gratificación inmediata, física y viva. Es pasarla lo mejor posible acá y ahora y que nada más importe. Placer y mística: si su éxito tiene un secreto, seguro va por acá.