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Detrás de Robert Capa y las fotos de la muerte

Endre Ernő Friedmann llegó a este mundo el 22 de octubre de 1913, pero ...

Detrás de Robert Capa y las fotos de la muerte

Endre Ernő Friedmann llegó a este mundo el 22 de octubre de 1913, pero ...

Endre Ernő Friedmann llegó a este mundo el 22 de octubre de 1913, pero Robert Capa nació el 7 de abril de 1936, cuando decidió usar ese nombre para firmar sus trabajos. “He vuelto a nacer, esta vez sin causar dolor a nadie”. Su nacimiento fue gemelar porque el seudónimo fue compartido con la mujer que lo acompañó en los primeros años de su vida como corresponsal de guerra, Gerda Taro (el alias de Gerta Pohorylle). Ambos creían que usar el nombre de un rico y excéntrico norteamericano sería la clave para el reconocimiento profesional del supuesto fotógrafo. Y, de hecho, lo fue, aunque creó un problema de identidades, ya que aún hoy se debate qué fotos fueron tomadas por Endre y cuáles por Gerta.

Friedmann vivió su juventud en una Hungría que se había vuelto “brutalmente” nacionalista, un lugar peligroso para un joven de familia judía con inclinaciones marxistas. Las amenazas, cada día más violentas, lo obligaron a viajar a Berlín de un día para el otro. De allí se fue a París, donde trabajó como reportero gráfico de revistas de izquierda. De esa época es su famosa foto de Leon Trotsky. También en París conoció a Gerta, con quien entabló esta curiosa relación entre amorosa y profesional, con el peligroso compromiso de trabajar juntos en el lugar donde estallara un conflicto.

Iniciaron su carrera conjunta durante la Guerra Civil Española, una guerra destemplada como todo enfrentamiento entre hermanos. Este conflicto se convirtió en el campo de ensayo para la contienda que amenazaba al mundo. En España se pusieron a prueba nuevas tácticas y armamentos. Los aviones, los bombardeos masivos, los tanques y carros de asalto se enfrentaron en tierras ibéricas, donde los alemanes y los soviéticos medían sus fuerzas.

Endre y Gerta fotografiaron esta guerra desde la óptica republicana. En septiembre del 36, a pocos kilómetros de Córdoba, tomaron su foto más famosa, en el preciso instante en que un miliciano anarquista era alcanzado por un proyectil. Este hombre, Federico Borrell García, hubiese sido otra víctima anónima de una contienda brutal, pero la foto (¿de Endre? ¿de Gerta?) lo rescató del olvido, y su imagen se convirtió en símbolo. La muerte de un miliciano recorrió el mundo y hoy se exhiben sus copias en varios museos del mundo, como el ICP de New York y el Reina Sofía de Madrid. Esta foto, por su valor intrínseco, trasciende su dimensión iconográfica para convertirse en la representación de una humanidad cruel, despiadada y violenta. Curiosamente, después de esta captura, la pareja se separó y nadie sabe a cuál de los dos pertenece el disparo entre explosiones y metralla.

Endre y Gerda tomaron caminos distintos. A ella la contratan de Ce Soir y se quedó en España, para siempre. Un tanque la aplastó durante la retirada republicana de Brunete. Endre, convertido en el único Robert Capa, no quiso perderse la guerra en Europa, y anduvo con sus cámaras por África, Francia e Inglaterra.

Las imágenes más notables las tomó durante el desembarco de Normandía en Omaha Beach. Ese día hizo más de cien fotografías, aunque solo once sobrevivieron (por la torpeza de un asistente). Las llamaron “las once magníficas”, que fueron publicadas en su libro, Ligeramente desenfocado. “Cada bala de mortero chocaba contra el cuerpo de algún hombre. Tomé foto tras foto enloquecidamente”, relató en su libro sobre el desembarco más grande de la historia. “Espero que este libro no sea de utilidad para las generaciones futuras y que los corresponsales de guerra sigan sin trabajar el resto de la historia de la humanidad”, escribió en su prólogo. Sus expectativas no se cumplieron.

Robert Capa llegó a París con las tropas americanas y estuvo presente en el desfile de la victoria. Curiosamente, este fue encabezado por soldados republicanos españoles enlistados en el ejército francés.

Convertido en una figura legendaria de la fotografía, Robert Capa se codeó con estrellas como Gene Kelly, Pablo Picasso, Ernest Hemingway y John Steinbeck. Y hasta tuvo un romance con Ingrid Bergman.

Los fotógrafos más célebres del mundo (Cartier-Bresson, George Rodger, William Vandivert y David Seymour) se asociaron con Capa para fundar la agencia Magnum, nombre que no solo evoca la grandeza, sino un buen champagne francés que descorchaban para celebrar sus éxitos.

“La verdad es la mejor fotografía”, solía decir. Sin embargo, sus nuevos trabajos, lejos de las batallas, no terminaban de satisfacerlo y, por tal razón, aceptó el trabajo de la revista Life para cubrir la guerra de Indochina antes de que los americanos entraran en el conflicto para asistir a Francia a pelear contra el avance de los comunistas en el Sudeste Asiático.

Antes de partir, varios amigos le advirtieron: “No es tu guerra”, pero Capa contestó: “No es por el sentido del deber ni por el dinero. Me gusta”. Y hacia allá fue con su cámara Contax.

La madrugada del 25 de mayo de 1954 acompañó a un escuadrón motorizado que recorría los senderos de Thai Binh. Nada de este paisaje era igual a los que había conocido en España, África, Francia ni Italia; la selva todo lo invadía, convertida en una sombra espesa y peligrosa.

Los carros avanzaban lentamente. El enemigo estaba al acecho, pero Capa decidió bajar del vehículo y fotografiar el avance desde otra perspectiva. Los hombres del pelotón lo perdieron de vista. No se preocuparon, no era la primera vez que se aventuraba solo. Todos sabían que tenía más experiencia en combate que ellos mismos.

“Si tu foto no es suficientemente buena, es que no te has acercado lo suficiente”, solía decir. Y la proximidad le costó la vida.

Una explosión rompió la monótona sinfonía de la selva. Una columna de humo les hizo pensar a los soldados franceses lo peor. Al buscarlo, vieron que Capa había pisado una mina, destrozando su cuerpo. Inmediatamente lo llevaron a un hospital de campaña, pero murió en el camino.

“Para un corresponsal de guerra, perder una oportunidad es peor que perder la vida”, y Robert Capa no dejó escapar esa oportunidad.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/detras-de-robert-capa-y-las-fotos-de-la-muerte-nid22102026/

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