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Defender principios más poderosos que cualquier gobernante autoritario

Discurso pronunciado en la 82° Asamblea General de la SIP realizada en Bogotá, Colombia, después de recibir el Gran Premio a la Libertad de Prensa otorgado por la organización-----...

Defender principios más poderosos que cualquier gobernante autoritario

Discurso pronunciado en la 82° Asamblea General de la SIP realizada en Bogotá, Colombia, después de recibir el Gran Premio a la Libertad de Prensa otorgado por la organización-----...

Discurso pronunciado en la 82° Asamblea General de la SIP realizada en Bogotá, Colombia, después de recibir el Gran Premio a la Libertad de Prensa otorgado por la organización

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Estoy aquí en representación de los miles de periodistas de The New York Times que trabajan heroicamente todos los días, en condiciones particularmente difíciles, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. The Times ha estado dirigido por la misma familia desde mediados del siglo XIX, y nuestro actual editor, A. G. Sulzberger, representante de la quinta generación de la familia al frente del diario, les envía sus saludos y su agradecimiento. Otro integrante de la familia, a quien ustedes conocen bien, Michael Greenspon, vicepresidente sénior y gerente general de la división internacional de publicaciones impresas y licencias de The Times, también lamenta no poder estar aquí con todos ustedes.

Somos plenamente conscientes del prestigioso grupo de personas y organizaciones al que nos sumamos al recibir un reconocimiento como este. El Gran Premio a la Libertad de Prensa de la SIP se remonta a 1954 y ha distinguido a figuras extraordinarias del periodismo de esta región. Ustedes han homenajeado a periodistas mexicanos asesinados que dieron su vida en la búsqueda de la verdad. Han reconocido a periodistas perseguidos en Nicaragua y Cuba, a periodistas venezolanos que luchan contra enormes presiones para poder hacer su trabajo y a periodistas de este país que se han enfrentado valientemente a los carteles del narcotráfico.

Por eso, aunque estoy orgulloso de todo lo que hemos conseguido frente a presiones intensas, hoy estoy aquí profundamente admirado por lo que todos ustedes hacen cada día para contar las historias de esta región.

En Estados Unidos, más de 3500 diarios han cerrado durante las últimas dos décadas. Tenemos una sociedad polarizada que no logra ponerse de acuerdo sobre qué es verdadero y qué es falso. Enfrentamos la irrupción disruptiva de la inteligencia artificial, que se apropia de nuestros contenidos sin pagar un solo centavo.

Y, por supuesto, nuestro principal desafío son los ataques constantes y, en muchos casos, inconstitucionales de la administración Trump contra la libertad de prensa, destinados a castigar a los medios y periodistas que publican información que no es del agrado del presidente.

Estas acciones han incluido restricciones al acceso de los medios de comunicación, el uso de organismos federales para intimidar a las emisoras, allanamientos de los domicilios de periodistas, además de demandas judiciales, citaciones, ataques personales, insultos e incluso acusaciones de traición a la patria.

En las últimas semanas vimos la más reciente de estas tácticas de intimidación, cuando el presidente Trump prohibió abruptamente el acceso a la Casa Blanca a CNN, a otra cadena conocida como MS NOW y a Politico, un sitio especializado en política. Nos sumamos de inmediato a la lucha por un acceso libre y en igualdad de condiciones a esta Casa Blanca, del mismo modo que encabezamos una impugnación judicial contra los intentos del Pentágono de restringir el acceso de los corresponsales que cubren las actividades militares del país.

Por intimidantes que resulten estas amenazas, en The New York Times estamos celebrando este año un aniversario muy importante: nuestro demi-semi-sept-centennial. Es una expresión que existe y significa que hemos alcanzado la venerable edad de 175 años. Nuestra larga historia nos brinda cierto consuelo en este momento. The Times ya ha producido periodismo de excelencia bajo enormes presiones políticas y comerciales en el pasado.

Si revisan nuestros archivos, encontrarán:

Una multitud enfurecida y armada que avanzó hacia nuestra sede en Nueva York durante la Guerra Civil estadounidense.El encarcelamiento de integrantes de nuestra redacción en Alemania y Japón durante la Segunda Guerra Mundial.Las escuchas telefónicas a las que fuimos sometidos por la administración Kennedy durante la Guerra Fría.Los agresivos intentos de la administración Nixon de llevarnos ante la Justicia por publicar los Papeles del Pentágono, que documentaban el prolongado conflicto en Vietnam.La captura de uno de nuestros periodistas en Phnom Penh después de que los Jemeres Rojos tomaran el poder en Camboya.El bloqueo de nuestro sitio web en China después de que publicáramos una investigación que revelaba la fortuna oculta de un alto funcionario, y la expulsión de nuestros periodistas durante la pandemia de Covid.Los secuestros de nuestros colegas en Afganistán, Irak, Libia y, aquí cerca, al otro lado de la frontera, en Venezuela.

A esta lista hay que sumar las lesiones provocadas por minas terrestres, coches bomba y accidentes de helicóptero; los encarcelamientos y las detenciones por parte de gobiernos represivos; los ataques y el hostigamiento prácticamente constantes en Internet; y una innumerable cantidad de medidas cautelares y demandas judiciales a lo largo de estos 175 años.

En un rincón hay un busto de nuestro fundador, Adolph Ochs, acompañado por su lema, que apareció en aquella primera edición. The Times, decía, presenta las noticias «de manera imparcial, sin temor ni favoritismos, independientemente de los partidos, las creencias o los intereses involucrados»

Así que trabajo para una institución extraordinariamente resiliente.

Nuestros periodistas tienen una enorme fortaleza y persiguen historias importantes, sin importar los obstáculos o las dificultades. En este momento estamos cubriendo los conflictos en Ucrania, Irán, Yemen, Sudán y Myanmar. Informamos sobre los cambios políticos y los desafíos económicos en todo el mundo. Y, en nuestro país, investigamos los abusos legales, la corrupción y los excesos del poder gubernamental, las oportunidades y los peligros potenciales de la inteligencia artificial, las amenazas a la integridad de las elecciones y las divisiones sociales y políticas de la vida estadounidense.

En un momento en el que las personas y las organizaciones que nos rodean están tomando partido o cediendo ante las presiones, nosotros seguimos siendo ferozmente independientes. Abordamos los grandes temas del mundo desde una perspectiva amplia y desde múltiples puntos de vista, seguimos los hechos y compartimos lo que aprendemos a través de un periodismo de mente abierta. Estamos dispuestos a cuestionar los relatos simplistas, a exonerar a un villano o a desenmascarar a un héroe. Y no tenemos miedo de admitir que no tenemos todas las respuestas.

Hoy hacemos todo esto mientras llegamos a más personas con periodismo de calidad de lo que nuestros antecesores podrían haber imaginado. Para alcanzar audiencias más amplias en Asia, publicamos un sitio en chino mandarín, y aquí, en América Latina, distribuimos nuestro periodismo en español, en ocasiones en colaboración con sus propios medios.

Por eso estamos firmemente concentrados en la actualidad informativa y en los desafíos del futuro, sin olvidar nunca nuestro pasado.

Cuando entren al vestíbulo de The New York Times —y todos están invitados, aunque probablemente no al mismo tiempo—, verán antiguas portadas que se remontan a nuestra primera edición, publicada el 18 de septiembre de 1851. En aquella época nos llamábamos New York Daily Times.

En un rincón hay un busto de nuestro fundador, Adolph Ochs, acompañado por su lema, que apareció en aquella primera edición. The Times, decía, presenta las noticias «de manera imparcial, sin temor ni favoritismos, independientemente de los partidos, las creencias o los intereses involucrados».

Son palabras ambiciosas. Pero vale la pena recordarlas, mientras todos trabajamos para asegurarnos de que nuestras redacciones perduren más allá de nosotros mismos. Y mientras defendemos principios que son más poderosos que cualquier gobernante autoritario al que debamos enfrentarnos.

Muchas gracias.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/defender-principios-mas-poderosos-que-cualquier-gobernante-autoritario-nid25102026/

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