“De un hombre o de una mujer”. Cecilia de Bucourt: el amor, sus hijos, el vínculo con su mamá Tini y su debut como actriz
Hay gente que sabe habitar su cuerpo con elegancia, sin ataduras, dejándose llevar. Gente que irradia una luz tan transparente y diáfana que ilumina todo a su alrededor. Y que vive su vida como u...
Hay gente que sabe habitar su cuerpo con elegancia, sin ataduras, dejándose llevar. Gente que irradia una luz tan transparente y diáfana que ilumina todo a su alrededor. Y que vive su vida como una oportunidad para la transformación, como una aventura llena de oportunidades para conocer y conocerse. Y Cecilia de Bucourt (54) es una de esas personas: reflexiva, lanzada, alegre, espiritual, pendiente de sus emociones... Dueña de un espíritu apasionado y libre, la hija de Tini de Bucourt (75) –vive en Nueva York desde hace años con sus hijos Sofía y Noah– tiene una sensibilidad especial que le enseñó a escuchar, a mirar todo con ojos curiosos y a animarse a saltar. De eso, de su presente y su futuro, de maternidad y de amor habló con ¡HOLA! Argentina en una charla a corazón abierto.
–Modelo, fotógrafa, diseñadora, bailarina y ahora actriz… ¿todo lo que te hace feliz está ligado al arte?
–A veces miro hacia atrás y siento que viví muchas vidas en una, pero en realidad nunca cerré ninguna etapa: todas conviven y siguen creciendo dentro de mí. Soy curiosa, tengo una necesidad constante de aprender y desafiarme y eso es, en gran parte, lo que me hace feliz. El arte siempre estuvo presente en mi vida, pero también las personas, los viajes, las conversaciones… Creo profundamente que creamos nuestra realidad y que la vida es una suma de eleciones. Por eso elijo una y otra vez vivir desde la alegría. Sigo diseñando para mi marca –Cecilia de Bucourt–, vendo mis colecciones a través de mi página web y también trabajo con Free People, sigo haciendo fotografía, recientemente expuse en Tribeca, Nueva York, sigo bailando y, de alguna manera, sigo siendo modelo también. Todo se entrelaza. Y hoy la actuación ocupa un lugar muy especial: interpretar un personaje me permite habitar otras realidades, ampliar mi empatía y mi compasión. Y, además, me divierte muchísimo.
–¿Cómo fue tu debut como actriz?
–Creo que mi verdadero debut fue en mi primera clase de actuación. Todo empezó en una meditación durante un retiro del doctor Joe Dispenza en México. Ahí surgió la intuición clara de que tenía que estudiar actuación. No entendía por qué, pero la anoté, y al volver a Nueva York me inscribí en mi primer curso en T. Schreiber Studio. Entré a esa clase con curiosidad y ganas de aprender, y ese mismo día, haciendo un ejercicio, me sentí tan conectada y tan cómoda que lo entendí al instante: esto era lo que quería hacer. Me sumergí por completo, estudié todo lo que pude, y esa disciplina me llevó a Madrid, a estudiar en La Central de Cine el verano pasado. Durante ese viaje a Madrid, y gracias a la ex modelo y autora Lily Sciorra, conocí al guionista y director Joaquín Górriz, quien confió en mí y meofreció mi primer papel profesional como actriz.
–¿Qué podés contar de la película?
–Es un thriller con tintes de terror y un humor inesperado. Se llama La cláusula 7 bis. Interpreto a Valentina, la protagonista, una mujer seductora y manipuladora que usa su poder económico para salirse con la suya. Es un personaje complejo, con muchos matices, y me permitió explorar zonas muy distintas de mí como actriz.
–¿Cuál es el sueño que te motiva en este momento?
–Mi gran sueño es actuar en Argentina. Por suerte cuento con la ayuda de mi representante, Jorge Brunelli. Amo nuestro cine, amo ser argentina y llevo esa identidad con muchísimo orgullo. Vivir tantos años afuera hizo que ese amor creciera aún más, y hoy siento que formar parte de una película o una serie argentina sería un regalo. Soy una persona que va detrás de sus sueños: nunca me gustó pensar en límites, ni de edad ni de ningún tipo.
–¿Seguís bailando? ¿Qué te enseñó la danza?
–Hace aproximadamente un año dejé de practicar pole dance, aunque tengo muchísimas ganas de volver. No sé si volvería a entrenar con la misma intensidad de antes, porque es una disciplina muy exigente para el cuerpo…, duele mucho. Y, en este momento de mi vida elijo no convivir con ningún tipo de dolor, ni físico ni emocional. Pero sí me gustaría reencontrarme con el pole desde un lugar más amable, más libre. En realidad, bailar siempre fue una parte muy importante de mi vida. Me encanta moverme y siento que la música tiene una manera muy especial de conectarme conmigo misma. También tengo muchísimas ganas de retomar el tango, que fue una gran pasión durante muchos años. Lo dejé cuando llegó la pandemia y siento que ya es momento de volver. La danza me enseñó muchísimo, aunque, lo más sorprendente es que, después de quince años trabajando como modelo, nunca me había sentido tan conectada con mi cuerpo como cuando empecé a bailar. Dejé de verlo desde lo estético y empecé a valorarlo por todo lo que era capaz de expresar. También me enseñó disciplina, compromiso y constancia.
–Vas a cumplir 55 años, ¿qué queda de la Cecilia adolescente que se fue del país en la mujer que sos hoy?
–Creo que la Cecilia que soy hoy es una recopilación de todas las Cecilias que vivieron dentro mío en todos estos años. Nunca les tuve miedo a los cambios, siempre sentí que crecer era animarme a salir de mi zona cómoda. Empecé a los 14 como modelo y casi sin darme cuenta, a los 15 ya estaba viviendo sola en Tokio. Después vinieron Madrid, Milán, París, y más adelante Nueva York, ciudad que hoy llamo hogar. Y ahora, por cumplir 55, sigo sintiendo esa misma emoción cuando algo nuevo aparece. Nunca dejaré de reinventarme.
–Estuviste muy cerca de tu mamá en la peor etapa de su batalla contra el cáncer. ¿Qué te dejó esa experiencia?
–Acompañar a alguien en una enfermedad dura te cambia. En mi caso, me mostró cuánto puedo amar y la felicidad que siento al estar para otro. Aprendí que incluso lo más simple, como tomar una mano, tiene un valor enorme. Entendí que la vida es más frágil de lo que parece y que vale vivirla más conscientes, con más compasión y menos juicio. Hoy me quedo con ese aprendizaje, con la idea de que cada experiencia difícil puede convertirse en más crecimiento y aprecio por el tiempo compartido.
–¿En qué te ves parecida a Tini?
–Definitivamente, nos parecemos en la personalidad independiente. Las dos tenemos el positivismo muy adentro y una manera similar de encarar la vida. No somos personas que se queden en la queja, siempre intentamos mirar hacia adelante… y encontrar lo bueno incluso en las cosas que, en primera instancia, parecen un problema.
–¿Sos una mamá estricta, permisiva, compañera?
–Según mis hijos, soy la mejor mamá del mundo. Hoy Noah tiene 18 y Sofía, 20. Son, sin duda, los dos grandes amores de mi vida. Vivimos los tres en Nueva York y me llena de orgullo ver las personas en las que se están convirtiendo. Noah está por empezar la universidad con una beca de básquet, un sueño que trabajó durante años con mucha disciplina. Sofía ya es toda una mujer: independiente, con una energía hermosa, y verla trabajar y crecer me llena el corazón. Y como mamá soy, sobre todo, compañera. Nunca fui una madre estricta. Por momentos pensé que debería, pero la verdad es que siento que el camino que tomé dio frutos. Con Sofía hablamos de todo… incluso a veces me sorprende el nivel de confianza que tenemos. Y Noah, que está en esa etapa en la que los chicos buscan independizarse… se volvió un hombre muy atento, siempre pendiente, y me cuida mucho.
–¿Cómo es el vínculo con el papá de tus hijos?
–Ya pasaron quince años desde nuestro divorcio y por suerte hoy tenemos una relación muy cordial. Él vive cerca de casa, así que nuestros hijos pueden compartir tiempo con los dos con mucha naturalidad. Desde el primer momento, para mí fue fundamental que ellos vieran que, aunque ya no estábamos juntos como pareja, seguíamos siendo un equipo como padres. Creo que esa coherencia y ese respeto les dio mucha tranquilidad.
–Sos una mujer valiente. De hecho, te animaste a contar tu historia cuando te enamoraste de una mujer. ¿Vos te ves así?
–Siempre fui fiel a quien soy. Si eso puede llamarse valentía, entonces supongo que sí. Pero durante mucho tiempo no lo vi de esa manera. Recién cuando salió aquella nota en ¡HOLA! y empecé a recibir mensajes, entendí que muchos lo sintieron así. Cuando me ofrecieron hacer ese reportaje, acepté porque sentía que era importante ser honesta y contar mi historia desde un lugar verdadero. No se trató sólo de una persona en particular, sino de permitirme vivir el amor con libertad, sin imponerme límites. Lo que más me conmovió fue la respuesta de tantas mujeres que me escribieron para agradecerme. Algunas decían que se animaban por primera vez a vivir su sexualidad con libertad. Otras compartían historias que habían guardado durante años. Ahí entendí que cuando hablás desde un lugar auténtico, sin intención de convencer a nadie, podés abrir puertas para otros. Por supuesto también recibí críticas y comentarios duros, incluso algunos con un tono homofóbico. En su momento me dolieron, porque soy humana. Pero con el tiempo entendí que esos comentarios hablan más de quien los hace que de mí.
–¿Estás en pareja?
–Esa relación duró siete años y terminó hace poco. Fue muy importante para mí, como lo fueron todas mis relaciones. Cada una me dejó aprendizajes y me ayudó a conocerme mejor. Hoy estoy sola, en un momento de crecimiento que disfruto mucho. Disfruto de mi tiempo, de mis decisiones, de seguir descubriendo nuevas versiones de mí. Me siento afortunada de tener un alma libre. Y sé que puedo enamorarme de un hombre o de una mujer porque para mí el amor nunca estuvo definido por el género, sino por la conexión. Ojalá el amor vuelva a sorprenderme algún día. Y si sucede, lo recibiré con el corazón abierto. Pero si no ocurre, también está bien. Aprendí a vivir en coherencia con quien soy, y ese es el lugar desde el que elijo estar.
–¿Tu deseo es tu motor?
–Desde muy chica seguí mis deseos y mis instintos. Y aunque en algún momento no supe explicarlo, ahora entiendo y puedo nombrar lo que antes sólo sentía. Siempre estuve movida por esa brújula interna que hoy reconozco con más claridad. Cambié de país, de profesión y de vida no por cálculo, sino por fidelidad a esa voz…, a ese deseo. La espiritualidad me ayudó a comprender que cuando cambio mi estado interno, cambia también la realidad que puedo crear. Por eso sigo eligiendo desde el deseo consciente, no como impulso ciego, sino como una forma de honrar quién soy.
–¿Qué relación tenés con la belleza? ¿Te importa verte bien?
–La belleza tuvo un papel importante en mi vida y me siento profundamente agradecida por eso. Empecé a trabajar como modelo desde muy chica y eso me abrió puertas increíbles, me permitió conocer el mundo y vivir experiencias que de otra manera no habría tenido. Pero desde muy joven fui consciente de que eso no iba a ser para siempre. Y mientras trabajaba como modelo, observaba todo lo que pasaba alrededor. El trabajo del fotógrafo, el maquillaje, el estilismo… Esa curiosidad fue la que me llevó a estudiar Diseño de Moda en Nueva York, a crear mi marca y más tarde a formarme en fotografía, y ahora también en actuación. Claro que me gusta verme bien, me cuido mucho, tengo rutinas que disfruto, hago ejercicio, ando en bicicleta, cuido mi piel. Soy coqueta, me gusta arreglarme, vestirme bien, maquillarme y sentirme linda. Pero con los años entendí que la belleza más valiosa es la que acompaña a una vida con propósito. Hoy creo que el verdadero atractivo nace de la mezcla entre lo que cultivamos por dentro y lo que mostramos por fuera, y que nuestra experiencia, sensibilidad y evolución nos hacen cada vez más interesantes con el paso del tiempo.
–¿Cómo te imaginás en veinte años?
–Me veo profundamente feliz y en paz. Satisfecha de todo lo que viví hasta entonces, llena de anécdotas y de fotos que me recordarán cada etapa de mi vida, porque yo me la paso sacando fotos. Tengo una curiosidad enorme por la vida, mucha energía y un entusiasmo que no depende de la edad. Me imagino rodeada de amigos que quiero y admiro, y si la vida me regala una pareja con quien compartir ese camino, será maravilloso; y si no, también sé que puedo sentirme plena. Me veo continuando con mi camino interior, con la meditación y el deseo de seguir transformándome. Me gustaría llegar a esa etapa con la misma ilusión que tengo hoy, pero con más sabiduría, más paz y más gratitud. En el fondo, no espero ser alguien distinta. Espero seguir siendo yo, en una versión aún más libre, más consciente y más amorosa.
Agradecimientos: Fabián Morassut (fotos), Damián del Grippo (retoque digital) y Alejandro Blanco para Elie Tahari (vestuario).