De malezas a protagonistas: las flores “olvidadas” que hoy definen el nuevo jardín
Hubo una época en que ciertas flores eran sinónimo de descuido. Aparecían solas, se propagaban sin reglas, rompían la prolijidad del cantero y eran rápidamente erradicadas bajo la etiqueta de ...
Hubo una época en que ciertas flores eran sinónimo de descuido. Aparecían solas, se propagaban sin reglas, rompían la prolijidad del cantero y eran rápidamente erradicadas bajo la etiqueta de maleza. Hoy, esas mismas especies tienen un espacio en los jardines urbanos con otro título: el de protagonistas.
¿Cambiaron ellas? No. Cambió nuestra forma de mirar el paisaje: el auge de los jardines naturalistas y del diseño sensible a los procesos ecológicos puso en jaque la estética del control absoluto.
En ese nuevo escenario, las plantas espontáneas ya no son un problema a erradicar, sino una oportunidad para reconectar el jardín con la lógica del ecosistema.
Son flores que entienden el suelo, el clima y conviven con los insectos locales
Durante décadas, la jardinería doméstica persiguió una idea de orden importada: bordes rígidos, floraciones previsibles, especies bien educadas.
Todo lo que se salía de ese molde era sospechoso. Sin embargo, muchas de las plantas hoy celebradas por el paisajismo contemporáneo fueron relegadas por demasiado resistentes, demasiado fértiles, demasiado libres.
El vintage remixado propone volver a mirar esas flores con lentes actuales, entender su comportamiento, aprovechar su rusticidad y usarlas como estructura el diseño.
Que una flor haya sido considerada maleza no significa necesariamente que funcione en cualquier lugar. En jardines naturalistas, estas especies se agrupan, se repiten, se combinan con gramíneas y se integran a una paleta que privilegia textura, movimientos y estacionalidad.
El resultado no es un jardín abandonado, sino un paisaje aparentemente libre, donde cada planta cumple un rol
Flores con memoriaEstas flores traen consigo una memoria colectiva: crecían en bordes de caminos, en quintas familiares, en patios donde el jardín no era un objeto de exhibición sino un espacio para vivir.
Su regreso habla de una jardinería menos aspiracional y más enraizada, menos pendiente del catálogo y más atenta a lo que el suelo sabe hacer.
“Con el transcurrir de los siglos, las plantas mostraron progresivos cambios evolutivos para adaptarse a un mundo también cambiante. Las especies que lograron adaptarse prosperaron, en tanto se produjo la desaparición natural de aquellas que no pudieron hacerlo”, explica la especialista Mary Bajo.
En tiempos de crisis climática, restricciones hídricas y suelos agotados, estas especies ofrecen algo más que belleza. Florecen, se adaptan, conviven y, de paso, vuelven a atraer mariposas, abejas y ese murmullo que le devuelve vida al jardín.
Algunas especiesVerbena bonariensis: alta, liviana, casi etérea, supo ser vista como invasiva o desordenada y hoy es una de las estrellas del paisajismo contemporáneo. Funciona como trama vertical, deja pasar la luz y suma movimiento sin bloquear visuales. Es perfecta para jardines urbanos que buscan profundidad sin peso.
Glandularia peruviana: es una planta rastrera, resistente y de floración prolongada. En otros tiempos, se la condenaba a los bordes menos nobles pero hoy se valora por su capacidad de cubrir suelos, atraer insectos benéficos y aportar color.
Gaillardia pulchella: es una flor que parece pintada a mano. Tolera el calor, la sequía y los suelos pobres, por lo que durante años se la dejó librada a su suerte. Aporta un aire silvestre controlado, ideal para bordes y canteros soleados.
Achyrocline satureioides: medicinal, aromática, discreta y persistente, durante décadas creció en campos y banquinas. Hoy reaparece como pieza sutil en jardines naturalistas, sobre todo por su textura fina, su floración seca y su fuerte vínculo con el paisaje rioplatense.
Nierembergia hippomanica: baja, tapizante y de flor delicada, fue considerada secundaria o de relleno durante años. Hoy se la aprecia por su capacidad de unir visualmente canteros y suavizar transiciones, especialmente en jardines que buscan continuidad paisajística.
No es abandonoConviene decirlo claro: un jardín naturalista no es un jardín librado al azar. Es un jardín que acepta el paso del tiempo, que trabaja con la sucesión natural y que entiende que la belleza no siempre está en el punto máximo de floración, sino también en la semilla, en el secado, en lo que queda.
En palabras de Piet Oudolf, referente a nivel internacional de la corriente del paisajismo naturalista: “Se crea una conexión con el entorno, es un paisajismo más sensible y, si se hace bien, uno no tiene que reponer muchas plantas”.
El vintage remixado propone recuperar flores que nunca pidieron ser protagonistas, pero que siempre supieron sostener el paisaje. En un mundo que acelera, quizás el gesto más contemporáneo sea ese: dejar que algo crezca, a su ritmo, y aprender a mirar.