De la inclusión a la educación: otro gran desafío financiero en la Argentina
El acceso al sistema financiero dejó de ser la principal barrera en la Argentina. Millones de personas tienen cuentas, billeteras digitales, tarjetas y acceso al crédito. El desafío que sigue es...
El acceso al sistema financiero dejó de ser la principal barrera en la Argentina. Millones de personas tienen cuentas, billeteras digitales, tarjetas y acceso al crédito. El desafío que sigue es más complejo: que sepan usar esas herramientas para tomar mejores decisiones.
Durante años, el objetivo de la política financiera fue la inclusión: que más personas abrieran una cuenta, efectuaran pagos electrónicos y accedieran a servicios antes vedados. Esa agenda fue extraordinariamente exitosa y, por eso mismo, llegó el momento de dar un paso más.
Los datos del Banco Central de la República Argentina son contundentes: a diciembre de 2025, 37,8 millones de personas tenían cuentas y, según el propio BCRA, “la exclusión por falta de cuentas es prácticamente nula”. El 87% de los titulares registró actividad durante ese mismo año y, en julio de 2026 se realizaron más de 777 millones de transferencias inmediatas en pesos, un 22% más que un año atrás.
Sin embargo, obtener un préstamo con la app no implica comprender su costo, tener una tarjeta no supone entender qué pasa al financiar el saldo, e invertir con dos clics no equivale a entender la relación entre riesgo y rendimiento. Puede haber inclusión estadística y, al mismo tiempo, fragilidad financiera real.
El crédito lo muestra: según el último Informe sobre Bancos del BCRA, en julio la irregularidad del crédito a las familias llegó al 12,9% (frente al 3,6% en empresas). Atribuir esta mora solo a la falta de educación financiera sería un error, porque también inciden los ingresos, las tasas de interés, el contexto macroeconómico y las políticas de originación.
Pero ignorar el conocimiento sería igual de equivocado: nunca fue tan fácil contratar un producto financiero y entenderlo sigue exigiendo saberes que no vienen con la app.
La respuesta no es volver a poner barreras, sino hacer entender lo que ya es fácil de contratar. La educación financiera debería tratarse como parte de la infraestructura del sistema: tan real como las transferencias inmediatas o las billeteras digitales, aunque menos visible. Esta responsabilidad no recae únicamente en el usuario: a las entidades nos corresponde ofrecer productos comprensibles, mostrar con claridad el costo financiero total y otorgar crédito en función de la capacidad de pago real. En este sentido, los bancos contamos con un marco regulatorio claro fijado por el BCRA.
Quien comprende el costo financiero total compara mejor dos créditos; quien distingue una tasa nominal de una efectiva evalúa mejor una oferta; quien entiende la relación entre riesgo y retorno decide con más criterio dónde poner sus ahorros. No se trata de formar economistas, sino de brindar herramientas prácticas para decisiones cotidianas que, de todos modos, hay que tomar.
Por eso, la formación debería empezar en la secundaria: armar un presupuesto, saber qué implica endeudarse, comparar alternativas de crédito, entender el impacto del interés compuesto y reconocer un fraude. Hoy alguien puede terminar el colegio resolviendo problemas complejos sin haber aprendido jamás a interpretar un resumen de la tarjeta de crédito.
La evidencia lo confirma: en la medición de capacidades financieras del BCRA y CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe) de 2017, la Argentina obtuvo 11,5 puntos sobre 21, ubicándose en el puesto 37 entre 39 economías. El dato tiene casi una década, pero su antigüedad es en sí misma un síntoma: medimos con precisión cuántas cuentas se abren y cuántas transferencias se realizan, pero medimos muy poco cuánto entendemos de las decisiones que tomamos todos los días.
Ninguna institución puede lograrlo sola. El trabajo conjunto de los bancos, el BCRA, el BID, la CNV y todas las áreas responsables de Educación es el mejor camino para alcanzar resultados a escala.
Desde el Banco Ciudad, por iniciativa del Jefe de Gobierno de la Ciudad, Jorge Macri, llegamos con educación financiera a distintos segmentos en todo el país: escuelas, centros de adultos mayores, clubes y organizaciones no gubernamentales, entre otros.
La inclusión financiera no debe abandonarse: debe complementarse. La primera etapa facilitó el acceso. La segunda tiene que democratizar el conocimiento, porque de eso depende que el acceso se traduzca en una mejor vida financiera para las personas.
El autor es director del Banco Ciudad.