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De basquetbolista a la final de la Libertadores: la historia desconocida de Agustín Rossi

A días de jugar la final de la Copa Libertadores con Flamengo, Agustín Rossi atraviesa otro momento cumbre en su carrera. Desde su llegada a Brasil se ganó el respeto de todos: se adueñó del a...

De basquetbolista a la final de la Libertadores: la historia desconocida de Agustín Rossi

A días de jugar la final de la Copa Libertadores con Flamengo, Agustín Rossi atraviesa otro momento cumbre en su carrera. Desde su llegada a Brasil se ganó el respeto de todos: se adueñó del a...

A días de jugar la final de la Copa Libertadores con Flamengo, Agustín Rossi atraviesa otro momento cumbre en su carrera. Desde su llegada a Brasil se ganó el respeto de todos: se adueñó del arco, atajó penales decisivos y se consolidó como uno de los mejores arqueros del continente. Su presente habla por sí solo, pero detrás de ese nivel hay una historia poco conocida: antes de debutar como profesional en Chacarita, e incluso durante sus primeros tiempos en el Funebrero, Rossi fue basquetbolista. Llegó a competir en primera división y, aun afianzado en el arco del Funebrero, volvió del retiro para salvar a su equipo del descenso. Esa formación moldeó su físico, su personalidad y su manera de competir: la potencia de piernas, la elasticidad y la capacidad de salto las desarrolló primero sobre el parqué, y hoy son parte de las cualidades que lo transformaron en una referencia del puesto.

Del Rossi arquero ya está dicho casi todo. Con 19 años ascendió con Chacarita a la Primera Nacional, pasó por Estudiantes, Defensa y Justicia y, en 2017, llegó a Boca de la mano de los Barros Schelotto, que lo tenían en carpeta desde su etapa en Lanús. En 2018, tras disputar la final de ida de la Libertadores e ir al banco en la revancha en Madrid, salió a préstamo a Antofagasta y luego a Lanús, donde mostró un nivel altísimo que lo puso otra vez en la consideración del Xeneize.

Fue héroe en los penales contra River en la Copa Argentina 2019/2020 -le tapó el remate a Julián Álvarez-, y en 2022 ante Racing, en la Copa de la Liga. Tuvo una actuación consagratoria en el Monumental por la Liga Profesional de ese año y se convirtió en el tercer arquero con más penales atajados en la historia de Boca, con 15: solo detrás de Roberto Abbondanzieri (24) y Carlos Navarro Montoya (20), y con un porcentaje de efectividad superior al del Pato y el Mono.

Luego, no llegó a un acuerdo por su renovación y, tras una disputa pública con la dirigencia xeneize, pasó al Al-Nassr de Arabia Saudita, donde fue compañero de Cristiano Ronaldo. En junio de ese año se sumó a Flamengo, vigente campeón de la Copa Libertadores, y allí siguió cosechando logros: alcanzó el récord de imbatibilidad del club con 965 minutos sin que le conviertan, marca que él mismo superó en abril de 2024, al llegar a 1.134. Con el Mengão fue tres veces campeón regional y ganó la Copa y la Supercopa de Brasil. En la actual Libertadores mantuvo la valla menos vencida de la fase de grupos (tres), no recibió goles en octavos ni en semifinales, y brilló en los penales frente a Estudiantes, donde atajó dos. Este sábado, desde las 18, intentará levantar su primera Libertadores ante Palmeiras, en el estadio Monumental de Lima.

Mucho antes de todo eso, y aunque muy pocos lo sepan, Rossi brilló como ala pivote en el club Tres de Febrero de San Andrés, partido de San Martín, a diez cuadras de la cancha de Chacarita. Allí dio sus primeros pasos, se alejó para dedicarse al fútbol y, a los 14 años, retornó al club para convertirse en una de las figuras del equipo tanto en juveniles como en el plantel superior. Su descubridor, Carlos Spellanzon, aún recuerda el día en que consiguió ficharlo.

“Al asumir como técnico, Tres de Febrero estaba resurgiendo y buscaba armar un plantel competitivo. Tenía jugadores buenos, pero petisos. Un día llego al club y encuentro a un flaco grandote apoyado contra la puerta. Les pregunté a los chicos si lo conocían y me dijeron que sí, que ya había jugado con ellos pero después se había ido. Lo vi un par de veces y siempre pensaba: ‘este pibe tiene que jugar al básquet’. Le consulté si quería sumarse y me dijo que le resultaba imposible porque jugaba al fútbol en Chacarita. Pero unos meses después me vino a ver con el papá, Roberto, y me dijeron que el técnico de inferiores le había recomendado jugar al básquet, pero que no podría venir a todos los partidos porque a veces viajaba y se le superponían los horarios. Lo hablamos con los chicos del plantel, ellos aceptaron y Agustín enseguida mostró sus condiciones”, le cuenta a LA NACION Spellanzon, quien continúa ligado a la actividad como DT y director nacional del básquet 3x3.

“Era un jugador con gran capacidad de salto y respuesta atlética. En la adolescencia pegó un estirón bárbaro y adquirió el biotipo del basquetbolista. A veces miro sus partidos y noto ciertos gestos que él incorporó con el básquet, como el pase largo de gancho. Como arquero la rompió, pero como basquetbolista tenía una proyección enorme”, agrega Pablo Celiz, histórico dirigente del club.

Rossi jugó paralelamente al básquet entre 2010 y 2014. Participó en categorías menores e integró el plantel de mayores que disputó la vieja Primera A, un torneo en el que competían equipos de Capital Federal y Gran Buenos Aires, y cuyo campeón obtenía el pasaje al Torneo Federal, hoy llamado Liga Federal, la tercera división de la Liga Nacional. En simultáneo, inició su camino en el arco de Chacarita: en abril de 2014 debutó en una derrota 3 a 1 ante Instituto por la Copa Argentina, un partido en el que Carlos Leeb apostó por un equipo suplente. Cuatro meses más tarde, comenzó como titular el campeonato de la Primera B y se convirtió en uno de los pilares del plantel que logró el ascenso a la Primera Nacional.

“Uno de los momentos más lindos fue cuando me contó que, por la lesión del arquero suplente, le tocaba ir al banco de primera -explica Spellanzon-. Me dijo que ese fin de semana no podía venir, pero que él quería seguir jugando. Como técnico, yo sentía una responsabilidad enorme: no quería que una lesión en el básquet lo perjudicara en su carrera en el fútbol. Unas semanas después, me avisó que ya no podía venir más, porque debutaba como titular. Perdíamos a un gran jugador, que tenía ubicación, corría muy bien la cancha y era muy ágil para alguien de su estatura (1,95 metro), pero para nosotros era un orgullo que él cumpliera su sueño”.

Sin embargo, su adiós no fue inmediato. El equipo estaba disputando una reválida contra el Club Harrods para mantener la categoría, al mejor de tres partidos, y él se perdería los últimos dos encuentros. Tres de Febrero ganó el primero, perdió el segundo como visitante con Rossi en la tribuna y, antes del duelo definitorio, pidió estar. “Yo no quería saber nada, si le pasaba algo me moría”, admite Spellanzon. Pero lo convenció: jugó ese tercer partido y se despidió como una victoria, con el Trede afianzado en la A.

Entre sus compañeros, Rossi también dejó grandes recuerdos. “Al combinar el fútbol con el básquet tenía una plasticidad y un estado atlético superior a los demás. Empezó a jugar algo tarde, pero enseguida se adaptó. Es más, le gustaba mucho el básquet, no lo practicaba solamente como hobbie. Unos años después, nos reencontramos en Estudiantes: yo en el plantel de básquet y él en el de fútbol. Un muy buen jugador y, además, una persona estupenda”, dice Leonel Rodríguez, pivote de largo recorrido que también pasó por Lanús, San Martín de Corrientes, Pedro Echagüe, River Plate, Biguá y Pico FC, entre otros equipos.

En uno de sus mejores momentos en mucho tiempo -pese al error que le costó la derrota a Flamengo en el clásico frente a Fluminense, el 19 de este mes-, Rossi buscará alzar su primer trofeo continental. En la órbita de la selección brasileña, Rossi prefiere avanzar paso a paso: aún debe residir dos años más en el país para ser convocado a la Verdeamarela y, al mismo tiempo, dejó en claro que su prioridad sigue siendo defender los colores de Argentina, aunque resulte difícil imaginarlo en el próximo Mundial.

El desafío, ahora, es llevar a Flamengo a lo más alto, en una tarde en que volverá a poner a prueba su talento, su fuerza y su temple, esas virtudes que también lo hicieron grande dentro de una cancha de básquet.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/de-basquetbolista-a-la-final-de-la-libertadores-la-historia-desconocida-de-agustin-rossi-nid29112025/

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