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¿Dar de nuevo?: cuando todo parece funcionar pero se duda si resulta suficiente, las claves para navegar la incertidumbre

Durante muchísimo tiempo, la idea de avanzar profesionalmente estuvo asociada a una lógica bastante clara: crecer —empezando por la etapa de “pagar derecho de piso”—, consolidarse y, a pa...

¿Dar de nuevo?: cuando todo parece funcionar pero se duda si resulta suficiente, las claves para navegar la incertidumbre

Durante muchísimo tiempo, la idea de avanzar profesionalmente estuvo asociada a una lógica bastante clara: crecer —empezando por la etapa de “pagar derecho de piso”—, consolidarse y, a pa...

Durante muchísimo tiempo, la idea de avanzar profesionalmente estuvo asociada a una lógica bastante clara: crecer —empezando por la etapa de “pagar derecho de piso”—, consolidarse y, a partir de ahí, sostener y mantener. Con una intención evidente de ascenso vertical, ese recorrido funcionó durante décadas como sinónimo de progreso. Hoy, sin embargo, esas certezas empiezan a resquebrajarse frente a nuevas formas de pensar el trabajo, marcadas por la hiperconectividad, los esquemas híbridos y una redefinición profunda del valor del tiempo. En ese escenario, cada vez más personas se descubren transitando un momento desconcertante: el trabajo funciona, los objetivos se cumplen, la estabilidad está garantizada, pero la experiencia cotidiana ya no resulta suficiente. No se trata de un rechazo al éxito ni de un deseo abrupto de cambio, sino de una incomodidad más sutil, ligada a nuevas búsquedas personales y a una relación distinta con el trabajo.

Cuando los límites entre la vida personal y la profesional se vuelven difusos y el tiempo se consolida como uno de los recursos más escasos, empiezan a emerger preguntas que atraviesan la experiencia laboral de manera profunda. Cuánto espacio ocupa el trabajo en la vida diaria, qué se resigna para sostenerlo y qué tipo de bienestar se está priorizando dejan de ser interrogantes secundarios para convertirse en el centro del debate. Son preguntas que no irrumpen como una crisis abierta, sino como una invitación: entender qué pasa cuando todo parece estar bien, pero ya no alcanza, y cómo navegar ese punto sin romper con lo construido, pero tampoco ignorar la necesidad de transformación.

El cambio de paradigma en la forma de pensar el trabajo

No estamos frente a un quiebre absoluto de las estructuras laborales tradicionales, pero sí ante una tensión creciente. A medida que se desdibujan los planes de carrera lineales dentro de una misma empresa, el modelo basado en la permanencia, la disponibilidad constante y el ascenso vertical empieza a mostrar sus límites. La digitalización intensiva del trabajo, los esquemas híbridos y la posibilidad de trabajar sin una ubicación fija redefinieron la relación cotidiana con el tiempo, la presencia y la productividad. Informes recientes de consultoras como McKinsey & Company y Deloitte señalan que, si bien el trabajo sigue siendo un eje central de la vida adulta, también se volvió un factor de fricción capaz de ordenar —y desordenar— la vida diaria más allá del horario laboral

Este desplazamiento no se expresa solo en cambios estructurales, sino también en la forma en que las personas evalúan su experiencia profesional. El foco ya no está puesto exclusivamente en la estabilidad o el reconocimiento externo, sino en el impacto que el trabajo tiene sobre la salud, el uso del tiempo y la posibilidad de sostener proyectos personales. Investigaciones publicadas por Harvard Business Review describen este fenómeno como una zona intermedia entre el compromiso pleno y el agotamiento: personas que cumplen con lo esperado, pero experimentan desmotivación, desconexión o una sensación persistente de estancamiento. Así, el crecimiento deja de medirse únicamente en términos de jerarquía y empieza a leerse también como calidad de vida, coherencia y margen de decisión.

En este punto aparece una clave fundamental: no hay necesariamente un agotamiento extremo ni un deseo explícito de abandonar todo, pero sí una sensación sostenida de desalineación. Se responde a las demandas y se alcanzan los objetivos, pero el entusiasmo se diluye. No es una crisis abierta, sino una señal temprana de que algo necesita ser revisado. El cambio de paradigma, entonces, no se manifiesta tanto en decisiones drásticas como en preguntas que se sostienen en el tiempo y que reflejan una transformación más amplia en la manera de vincularse con el trabajo.

Claves para atravesar el momento sin romper con lo construido

Frente a este escenario, distintos especialistas en desarrollo profesional y liderazgo coinciden en que las transiciones más sostenibles no suelen ser las más visibles ni las más abruptas. Lejos del relato del “gran giro”, lo que aparece con mayor frecuencia es un proceso de ajuste progresivo, construido a partir de decisiones pequeñas pero significativas. Muchas personas comienzan revisando no tanto qué hacen, sino cómo trabajan: los ritmos que sostienen, el nivel de exigencia que naturalizaron y el espacio real que dejan para el descanso y la vida personal.

Otro eje central es la redefinición del éxito. Estudios recientes sobre carrera y género, como los informes Women in the Workplace de McKinsey, muestran que especialmente entre las mujeres empieza a ganar peso una mirada más amplia del progreso profesional. El impacto real del trabajo, la autonomía, la flexibilidad del tiempo y la coherencia con los propios valores comienzan a competir —y muchas veces a desplazar— a los indicadores tradicionales como el cargo o la visibilidad externa. Esta resignificación no implica una pérdida de ambición, sino un corrimiento del parámetro con el que se mide el crecimiento.

También resulta clave habilitar espacios de exploración sin urgencia de cierre. Conversaciones, mentorías, proyectos paralelos o ajustes dentro del mismo rol funcionan como zonas de prueba que permiten ensayar cambios sin poner en riesgo todo lo construido. En este punto, investigaciones del World Economic Forum sobre movilidad laboral coinciden en que la claridad no suele preceder a la acción: se construye a partir de la experiencia, incluso cuando no hay un plan completamente definido.

Por último, atravesar este tipo de proceso implica correrse de la lógica de la respuesta inmediata. No se trata de resolver rápidamente “qué sigue”, sino de aprender a sostener la pregunta el tiempo suficiente como para que emerja una dirección más alineada con el momento vital. En un mundo laboral que premia la velocidad, la certeza y la productividad constante, permitirse ese compás de espera puede ser, paradójicamente, una de las decisiones más estratégicas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/dar-de-nuevo-cuando-todo-parece-funcionar-pero-se-duda-si-resulta-suficiente-las-claves-para-navegar-nid15012026/

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