Cumbres borrascosas: un estreno que reafirma la fascinación de una historia poderosa de amor y pasión
“Me degradaría casarme con Heathcliff ahora; así que él no sabrá nunca cuánto lo amo; y no porque sea apuesto, sino porque es más yo que yo misma. De lo que sea que están hechas las almas,...
“Me degradaría casarme con Heathcliff ahora; así que él no sabrá nunca cuánto lo amo; y no porque sea apuesto, sino porque es más yo que yo misma. De lo que sea que están hechas las almas, la de él y la mía son idénticas…”
En esta cita está contenida la esencia romántica, en todos los sentidos de la palabra, de Cumbres borrascosas. Esas palabras pronunciadas por Catherine, la protagonista de la obra maestra de Emily Brontë, en una de las escenas clave de la novela, ofrecen una pista para entender la fascinación que esta historia genera desde su publicación, en 1847.
El poder de Cumbres borrascosas de perdurar en el tiempo, no se limita a una eternidad literaria, en la que nuevos lectores van descubriendo el libro. Sino también a su capacidad para inspirar a artistas de otras disciplinas, desde la música hasta el audiovisual, que procuran infundir el espíritu de la novela en sus propias creaciones.
En el cine, las adaptaciones de la clásica obra de Brontë existen desde 1920 hasta nuestros días; y provienen de lugares tan distintos como Japón, Francia, Reino Unido, México y, por supuesto, Hollywood.
Tan variado como las épocas y orígenes de las adaptaciones cinematográficas de Cumbres borrascosas, son los abordajes que eligen los distintos guionistas y directores inspirados por la trágica historia de amor de Catherine y Heathcliff.
Emerald Fennell es la responsable de la nueva versión de la novela de Brontë, que Warner estrenó en los cines de la Argentina hace pocos días, y que tiene como protagonistas a dos de las estrellas del momento, Margot Robbie y Jacob Elordi.
La provocación ingenua y la superficialidad de las dos primeras películas de Fennell, Hermosa venganza y Saltburn, también están presentes en su “Cumbres borrascosas”, pero se salva de otros problemas que aquejaron a los films anteriores. La guionista y directora parece haberse dejado llevar por su propia fantasía adolescente; como si hacer esta película fuera darse un gusto.
“Quería crear algo que se aproximara a la sensación que me había producido la primera vez que lo leí, resumiendo las cosas del libro que me parecían emocionantes y subversivas, las cosas que siguen haciendo sentir algo a la gente dos siglos después. Como me encanta el libro, me emocionaba ver si podía hacer una versión que yo aceptara como fan”, dice Fennell, en las notas de producción de la película.
Trailer de "Cumbres borrascosas", de Emerald FennellBasta observar el extraordinario parecido de la joven actriz que interpreta a Catherine cuando es una niña con la propia directora, para entender qué tan personal es su versión de un libro que, según ella misma contó en la prensa, leyó cuando era chica.
La fidelidad al argumento de la novela está supeditada a esta idea de fantasía adolescente de Fennell, para quien es más importante transmitir la sensación que tuvo al leerla, que trasponer la compleja estructura narrativa de la novela o su espíritu romántico, (en el estricto sentido del movimiento artístico de finales del siglo XVIII y principios del XIX).
Los elementos góticos de la obra de Brontë quedan afuera y Fennell construye una película que se parece más a una novela romántica-erótica de época, de esas que tienen en la tapa a hombres musculosos abrazando a una mujer encorsetada.
“Recuperar el romance a través de una película devastadoramente sexy, basada en un libro muy sensual –tanto como podía serlo en aquella época– y que sigue siéndolo hoy en día. La historia de Emily Brontë se te mete bajo la piel. Por muchas veces que la haya leído, siempre encuentro nuevos elementos o recuerdo algo que ya no encuentro, y eso me desestabiliza tanto como la primera vez que la leí. Durante todos estos años, ha estimulado mi imaginación como nada más lo ha hecho, y espero que cuando la gente vea la película, conozca o no el libro, se sienta desestabilizada, desorientada. Espero que la historia le llegue al alma, de la mejor manera posible, y que los espectadores salgan del cine sintiendo algo electrizante”.
La interpretación de Fennell relaciona lo erótico con algo subversivo, pero no hay nada que vaya a escandalizar al público adulto actual. La transformación de Joseph, el viejo sirviente devotamente cristiano y moralista de Cumbres borrascosas, en un joven que disfruta del sexo con sadomasoquismo, es una de las muchas decisiones que siguen ese intento de provocación, que resulta más cómico que sexy.
Si la disonancia del tono, que juega entre el drama romántico y un humor burlón, o la superficialidad de la interpretación de la novela, son puntos que complican la película, la mayor ventaja son sus carismáticos protagonistas. En especial, Margot Robbie, quien es también una productora inteligente, con su propia mirada sobre el atractivo que Cumbres borrascosas continúa ofreciendo al público, 179 años después de su publicación.
“Me lo he preguntado muchas veces durante este proceso: ¿qué tiene esta historia que nos hace seguir queriendo verla, examinarla, analizarla, amarla... obsesionándonos con ella y debatiendo al respecto, casi dos siglos después? - dice la actriz, en las notas de producción-. La respuesta es que no lo sé. Y si lo supiera, no sé si seguiríamos analizándola 200 años después. Pero, sospecho que tiene algo que ver con lo desafiantes que son estos personajes, con lo mucho que deseas que las cosas les salgan bien, con lo difícil y compleja que es su relación y, al mismo tiempo, lo sencilla que resulta”.
La persistencia de Cumbres borrascosas como un objeto de inspiración para el cine es comprensible por la potencia de su historia de amor trágico. Pero también resulta un poco extraña, si se tiene en cuenta la complejidad narrativa de la novela y la dificultad que presenta su transposición al cine (las miniseries, por otro lado, cuentan con más tiempo para desarrollar la trama y revelar a los personajes)
En el prefacio a la edición de Penguin Classics (2003), la escritora Lucasta Miller dice que la primera vez que leyó Cumbres borrascosas quedó confundida y ofendida porque el libro no se ajustaba a sus prejuicios, formados por la versión del Hollywood clásico y la suposición “popularmente sostenida pero errónea” de que Cumbres borrascosas representa un ejemplo clásico de la ficción romántica/erótica de época.
La adaptación hollywoodense estrenada en 1939, es un drama romántico tradicional, que tuvo a un dream team detrás de cámara: el director William Wyler; los guionistas Ben Hecht, Charles MacArthur, con colaboración de John Huston; y el legendario Gregg Toland, que ganó el Oscar a Mejor Fotografía por un trabajo, que logra replicar lo gótico de la novela en una superlativa fotografía repleta de claroscuros.
Laurence Olivier y Merle Oberon interpretaron a unas versiones atenuadas de Heathcliff y Catherine. El amor los enloquece, pero no hay rastro de la oscuridad y ambigüedad que tienen ambos en la novela. El daño que producen en los otros personajes es una consecuencia de la potencia de su amor, no de su toxicidad o problemas de carácter. No hay nada de la rebeldía del libro, con la que ambos enfrentan el dolor de las circunstancias en las que crecieron.
Cumbres borrascosas (1939)Esta no fue la primera vez que la novela de Brontë llegó al cine. En 1920, Cumbres borrascosas tuvo una adaptación, dirigida por A.V. Bramble, filmada cerca de la ciudad natal de la autora, Haworth. Como sucede con buena parte de la historia del cine silente, la película está perdida. En 2014 se encontró un guión, notas de producción y fotografías del equipo y el elenco, un material permite tener una idea sobre esa primera versión cinematográfica; como también sucede con la crítica publicada en el momento de su estreno, en el diario The Guardian:
“Filmar un libro como Cumbres Borrascosas es como tomar fotografías en un día gris. Cualquiera puede triunfar con instantáneas bajo el sol, y así también, cualquier productor medianamente inteligente que teje su película con flores, amor juvenil y felicidad está bastante seguro de que el resultado será atractivo. Pero la cruda penumbra de Cumbres Borrascosas, donde no hay héroe ni heroína, moraleja ni alegría, exige mucho más”.
El hechizo de la novela de Brontë atravesó las fronteras de su país de origen y de la patria del cine, Hollywood, inspirando a directores de otras latitudes. Uno de ellos fue Luis Buñuel, que junto con sus amigos surrealistas era un gran admirador del libro.
El director de El perro andaluz y Belle de Jour, entre otras obras maestras del cine, escribió su versión en la década del 30, pero no pudo filmarla hasta veinte años más tarde, en México.
Abismos de pasión, estrenada en 1954, tiene algo de telenovela, un subtexto político-social de lucha de clases, alusiones más eróticas y diálogos que hacen explotar el termómetro del melodrama (Por ejemplo: “Tu amor y el mío acabará con la muerte, el que tengo por Alejandro no es de este mundo)
Buñuel traslada la acción a una estancia mexicana y elige contar una pequeña parte de la historia, concentrándose en el triángulo amoroso entre Catalina, presentada como una mujer temeraria, Alejandro (Heathcliff) y Eduardo (el personaje afín a Edgar Linton), subrayando también el enamoramiento de Isabel con Alejandro.
El director no se preocupa por la historia previa, confiando en que el espectador entenderá el pasado a partir de las relaciones entre los personajes, expresadas en sus acciones y diálogos. La puesta en escena es grandiosa, con un uso de la profundidad de campo que ayuda a pintar lo que sucede en la casa y sus personajes, al mismo tiempo que le da un maravilloso relieve a la imagen.
Cuando directores paradigmáticos como Buñuel trabajan con un material tan reconocido como Cumbres borrascosas, logran imprimirle su personalidad a una historia leída y vista muchas veces. La adaptación que hizo Jacques Rivette, uno de los cineastas que definieron la Nouvelle Vague, con su magnífica opera prima París nos pertenece (1961), y dirigió películas tan idiosincráticas como Celine y Julie van en barco (1974), también lleva a la novela de Brontë a otro tiempo y lugar.
Junto con sus co-guionistas, Pascal Bonitzer y Suzanne Schiffman, Rivette trasladó la acción a 1931, en la región de Cévennes, en Francia. Hurlevent, como se llamó el film, estrenado en 1985, tiene un enfoque de drama sentimental francés. La puesta es despojada y lo fantasmagórico de la historia está representado por los sueños de los personajes. Lo paranormal del original se reemplaza por lo surreal del inconsciente.
A esa altura de la historia del cine, Rivette tenía varias adaptaciones con las que contrastar lo que quería hacer en la propia; ya no solo era posible crear sobre la novela, sino también sobre sus versiones cinematográficas.
“Tenía un recuerdo muy vivo de la película de Wyler —porque la odio— y de la de Buñuel porque me parece preciosa. Los personajes tienen 40 años, pero aun así, la película sigue siendo muy, muy impactante”, dijo el director, en una entrevista con Valérie Hazette, publicada en Seises of Cinema.
Poco tiempo después del estreno de la película de Rivette, el director japonés Yoshishige Yoshida presentó su propia adaptación de la obra de Brontë, Arashi ga oka, estrenada en 1988. Para esta versión, el realizador también hizo un cambio de época y lugar, llevando la historia de Catherine y Heathcliff, rebautizados Kinu y Onimaru, al Japón feudal.
La versión de Yoshida es más cruda, tiene más erotismo y violencia física. El personaje equivalente a Heathcliff es más oscuro que en otras adaptaciones y el tema de la venganza cobra mayor importancia.
Por otro lado, la rebeldía de Kinu no es retratada como un capricho, sino que su deseo de controlar su propio destino es una lucha frente a la injusticia de las reglas que dictan el destino de las mujeres en esa sociedad.
“Lamento haber nacido mujer”, dice la protagonista, quien toma en sus manos la decisión de casarse, a pesar de su amor por Onimaru, para salvarse de ser sacerdotisa, tal como lo indica la tradición familiar.
En la última década del siglo XX, Hollywood volvió a Cumbres borrascosas en una gran producción, con una puesta tradicional y solemne, a cargo de Peter Kosminsky y protagonizada por Juliette Binoche y Ralph Fiennes.
A diferencia de la mayoría de las adaptaciones al cine, en esta versión, que incluye a Emily Brontë como narradora en off, se cuenta también la segunda parte de la novela, en la que la historia continúa con un Heathcliff envejecido y los hijos de los personajes principales intentando escapar de los traumas de la generación anterior.
En lo que va del siglo XXI, ya hubo tres adaptaciones de Cumbres borrascosas al cine, (además de una película para televisión). Entre ellas, una dirigida por Andrea Arnold, con Kaya Scodelario como protagonista, estrenada en 2011, con tintes realistas. Las diferencias entre este film y el de Fennell son muchas, confirmando de nuevo la potencialidad de la novela de suscitar nuevas lecturas y continuar inspirando.
Así como Heathcliff le pide a Catherine, luego de su muerte, que lo aceche por siempre, el hechizo de Cumbres borrascosas sobre los artistas y el público también parece extenderse hacia la eternidad.