Charlotte York, protagonista de Sex and the City, le repetía a sus amigas una frase que para ella se había convertido en una regla: “Superar a tu ex toma la mitad de lo que dura la relación”. Como York, cientos de personas desarrollaron sus propias teorías sobre cuánto tiempo puede extenderse un duelo amoroso, pero, ciertamente, los factores que se deben tener en cuenta para llegar a un resultado así de contundente son varios −y bastante complejos− como para limitarlos a una deducción.
En 2025 un grupo de investigadores de la Universidad de Illinois, Estados Unidos intentó acercarse a una respuesta definitiva. Jia Y. Chong y R. Chris Fraley, docentes del Departamento de Psicología de la institución, evaluaron a 320 adultos que cumplían con condiciones como: haber tenido al menos una relación romántica de más de dos años de duración; la misma estaba finalizada; y la expareja debía seguir viva al momento del estudio.
Por pedido de los investigadores debieron completar diferentes cuestionarios sobre apego y vínculo emocional respecto de sus exparejas y de personas desconocidas. Además, preguntaron a los participantes si ellos o sus exparejas habían terminado la relación, si habían tenido una nueva desde que terminó la que tenían con sus ex y varias otras preguntas sobre el tipo de vínculo que se tuvo.
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La conclusión a la que llegaron tras analizar las respuestas fue que se necesitan aproximadamente 4,18 años para que las exparejas de las personas simplemente se conviertan en alguien que solían conocer. Y que, en promedio, el vínculo emocional con ese ex se disuelve por completo alrededor de los 8 años. Sin embargo, los investigadores destacaron que “la variación individual fue considerable y que, para algunos voluntarios, los sentimientos hacia la expareja nunca se desvanecieron por completo”.
En aquellos casos, detectaron que el factor que predecía la continuidad del vínculo emocional era si se mantenía el contacto con el ex.
¿Se puede “resetear” un vínculo?Desde un enfoque neurocientífico, Alejandro Andersson, médico neurólogo y director del Instituto de Neurología Buenos Aires, explica que hay varias razones por las que en el cerebro perdura el vínculo. Una es que un ex es un mapa predictivo: en su momento esa persona ayudó a regular el estrés, activó el deseo, y formó parte de la identidad propia. Eso, explica Andersson, vive distribuido en múltiples redes cerebrales (el hipocampo, la amígdala, la corteza prefrontal medial y cingulado, y el estriado ventral/núcleo accumbens), lo que vuelve compleja la tarea de erradicar las memorias y sentimientos asentados allí.
“El cerebro aprendió que esa persona reduce las amenazas y/o aumenta la sensación de recompensa”, informa. Aun sin contacto, explica, pueden persistir ‘errores de predicción’ como señales internas/externas que reactivan el circuito y el cerebro tarda en recalibrar”, expresa.
No es solo extrañar: es reescribir quién se es sin esa persona, declara Andersson. Esa acción exige la puesta en funcionamiento de la red neuronal por defecto y la corteza prefrontal medial (involucrada en la integración de información y la coordinación del comportamiento motor defensivo en respuesta a amenazas). “Cuando esa actualización no progresa, la huella persiste”, ilustra.
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Micaela Zappino, psicóloga especialista en salud mental, explica que los resultados a los que llegó la investigación no resultan sorprendente desde la psicología. Aunque advierte: “Lo que plantean no ocurre de manera lineal ni uniforme para todas las personas”. Para ella “más que tomarlo como un número literal, hay que considerar la cifra de los 8 años como un promedio orientativo”.
“Los vínculos de pareja no se inscriben únicamente en el plano racional, sino también en el emocional y neurobiológico”, insiste. Entre los factores más relevantes que pueden volver indeleble ese vínculo o dificultar su superación, la profesional menciona:
El estilo de apego (seguro, ansioso o evitativo). El grado de dependencia emocional hacia esa persona.Si la ruptura fue abrupta, inesperada o con conflictos no resueltos. La idealización del vínculo o de la expareja. La historia vincular previa y las experiencias de abandono. La red de apoyo social y el acceso a espacios de elaboración emocional. Tener proyectos de vida, convivencia o hijos en común.Un factor no menos importante es el del contacto a través de las redes sociales. Ambos profesionales coinciden en que seguir comunicándose por esos canales confunde e imposibilita el proceso de duelo dado que estimula fantasías de reencuentro o comparación constante. “El ‘contacto cero’ puede ser una estrategia saludable en ciertos casos, sobre todo cuando el vínculo sigue generando sufrimiento”, señala Zappino.
Duelo por separación vs. duelo por muerteEl segundo cuenta con un amplio campo de estudio y el primero, no tanto. Según Andersson ambos comparten bases neurales (como las de dolor social, apego y memoria), pero presentan diferencias clave: en el caso de un fallecimiento se trata de una ausencia irreversible; mientras que en la separación ese otro sigue existiendo. “El cerebro piensa que esa persona podría volver y la incertidumbre mantiene el sistema dopaminérgico de búsqueda más activo”, explica.
La teoría de la renovación celularFue en 2005 que Kirsty L. Spalding y Jonas Frisen publicaron en la prestigiosa revista Cell un artículo que desataría polémica en la comunidad científica: en “Datación retrospectiva del nacimiento de células en humanos”, se concluye que la edad promedio de una célula del cuerpo humano es de entre 7 y 10 años, lo que llevó a que durante décadas circulase la idea de que el cuerpo humano se “renueva” por completo en ese periodo de tiempo.
Esto coincide con la cantidad de años mencionada por la investigación de la Universidad de Illinois lo que podría sugerir que ese “olvido” del ex está vinculado a la renovación total de las células del cuerpo. No obstante, Andersson lo desmiente: “En el caso del cerebro, la mayoría de las neuronas corticales y células son extremadamente longevas y pueden llegar a durar toda la vida”. Entonces allí, en donde más arraigados están los recuerdos y las emociones se vuelve imposible creer en el reset de los recuerdos.
Por último, Zappino hace un llamado a la atención y señala que el malestar por duelo amoroso puede requerir de ayuda profesional cuando: se vuelve crónico e intenso, interfiere significativamente en la vida cotidiana, aparecen síntomas depresivos persistentes/ansiedad elevada, o se siente que no es posible avanzar o que la vida quedó “detenida” en esa ruptura.
Las psicoterapias con respaldo en duelos prolongados como la terapia ACT (de aceptación y compromiso), la de desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR) y la cognitivo conductual (TCG), son algunas de las que Andersson cita como las más elegidas por quienes quedan “atrapados en el tiempo”.