“Cuando volvió del viaje ya estaban los animales en el campo”: la decisión inesperada que terminó en una cabaña Braford
“Cuando volvió del viaje ya estaban los animales en el campo y la represa cavada”. A Natalia Auat todavía le queda grabada esa escena. Su marido en ese momento había salido a uno de esos via...
“Cuando volvió del viaje ya estaban los animales en el campo y la represa cavada”. A Natalia Auat todavía le queda grabada esa escena. Su marido en ese momento había salido a uno de esos viajes de capacitación organizados por marcas de maquinaria agrícola y ella aprovechó para hacer algo que venía pensando hacía tiempo: meter hacienda y arrancar el proyecto ganadero que soñaba. “Fue medio de golpe, pero así empezó todo”, recuerda en Corrientes, adonde viajó para participar de Las Nacionales, la exposición ganadera que organiza Expoagro en la Sociedad Rural local.
Lo que había arrancado casi como una jugada silenciosa fue ganando cada vez más lugar en su vida. Hoy, además de ser licenciada en Psicología infantojuvenil y seguir ejerciendo, Auat está al frente de la cabaña Las Higueras, vinculada a la firma La Leonor SRL, en Santiago del Estero, donde desarrollan ciclo completo, feedlot y comercialización de carne. También participa de exposiciones ganaderas y divide sus días entre el consultorio y el campo, dos mundos que con el tiempo terminaron complementándose.
El vínculo con el campo le viene desde chica. Es hija de carnicero y creció rodeada de animales. Su papá tenía hacienda y administraba campos donde, como parte de pago, le dejaban meter sus propios animales para engordarlos. “De ahí conozco todo esto”, cuenta.
Nunca terminó de irse del todo de ese mundo. Como en el pueblo donde vivía no había secundario, tuvo que mudarse a Santiago capital para seguir estudiando. Ahí terminó el colegio, estudió Psicología, hizo la especialidad y armó su consultorio, siempre trabajando con chicos. Pero la idea de volver al campo seguía apareciendo. “Quiero volver a mis orígenes, a lo que cuando era chica vivía en mi casa”, recuerda que pensaba cada vez más seguido.
Durante muchos años, la vida de Auat pasó más por el consultorio y la familia que por la ganadería. Ella estaba de lleno con la psicología infantil y ayudaba en la empresa familiar, que tenía un perfil mucho más agrícola. Su entonces marido llevaba más de 30 años dedicado al campo, pero nunca le habían interesado demasiado los animales. “Pedirle hace años ‘pongamos algunos animales’ era un no rotundo”, recuerda la productora, que reconoce que el problema era también que alguien se iba a tener que ocupar de los animales porque ella no iba a dejar el consultorio.
Entonces llegó aquel viaje. Mientras el padre de sus hijos estaba afuera, ella avanzó. Compró los animales, armó el lugar y cuando volvió ya estaba todo hecho. Al principio eran pocos animales para cría y recría a campo. Algo chico, pero con el tiempo el proyecto empezó a crecer. Primero algunos corrales. Después el feedlot. Más adelante llegó la comercialización de carne y finalmente la cabaña.
Aunque al principio él no quería saber demasiado con la ganadería, con el tiempo también terminó involucrándose en el proyecto. Hoy, tras la separación como pareja, los roles quedaron bastante divididos entre los dos: Auat se ocupa más de la cabaña, la genética y la parte comercial, mientras que él quedó más enfocado en el feedlot y la producción. “No es lo mío, pero eso no quiere decir que no me pueda llegar a gustar”, recuerda ella sobre aquellas primeras charlas.
Hoy La Leonor funciona en el departamento Figueroa, a unos 60 kilómetros de Santiago capital. Ahí conviven el feedlot, la carnicería y la cabaña Las Higueras. Todo quedó integrado dentro del mismo esquema: producen la hacienda, la engordan y después venden la carne directamente en el negocio propio. Por decisión de la empresa, no comercializan a terceros.
Hace unos seis o siete años dieron otro paso y empezaron a trabajar más fuerte en genética. Ahí empezó el proyecto de la cabaña Braford. “Dijimos: ‘Bueno, hagamos algo mejor, lo mejor que podamos’”, cuenta sobre la decisión de empezar a desarrollar genética propia.
El proyecto además tenía mucho de apuesta familiar. Auat pensaba en construir algo para compartir con sus hijos. El mayor se involucró de lleno en la actividad ganadera y manejaba buena parte del trabajo operativo. “Me mandaba todo listo para comercializar”, recuerda.
Habían empezado a trabajar para presentar animales en exposiciones. Pero hace dos años y medio, su hijo mayor falleció en un accidente. “Estoy segura de que fue el trabajo y el calor de la familia lo que me ayudó a volver a ponerme de pie”, dice. Ahora la idea es retomar de a poco y volver a las pistas en uno o dos años.
Hoy sus mellizos de 16 años también se entusiasman con el campo y acompañan el proyecto familiar. “Les encanta”, cuenta.
En paralelo, Auat empezó a involucrarse cada vez más dentro del mundo Braford. Todo arrancó en una exposición en Santiago del Estero, donde conoció a dirigentes de la raza y terminó sumándose a la comisión directiva de la asociación. Su primera reacción fue rechazar la propuesta. “Les dije que no me iba a dar el tiempo”, recuerda. Pero terminó aceptando y hoy participa activamente en distintas iniciativas.
Ahí encontró también un punto donde se cruzan sus dos mundos. Participa de proyectos pensados para acercar chicos y adolescentes a la ganadería, como Braford Kids y Pulso Braford. “Dentro de Braford somos todos una familia. Hay chicos por todos lados”, cuenta.
Mientras camina entre corrales y juras en Corrientes, Auat dice que hay momentos donde el consultorio funciona como cable a tierra y otros donde ese lugar lo ocupa el campo.