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Crisis del vino argentino: por qué 2025 fue un punto de quiebre para la industria vitivinícola

MENDOZA.- Los vinos argentinos enfrentan su momento más delicado en años. La caída del consumo global, la inflación local, el endeudamiento y el atraso tecnológico presionaron a la industria e...

Crisis del vino argentino: por qué 2025 fue un punto de quiebre para la industria vitivinícola

MENDOZA.- Los vinos argentinos enfrentan su momento más delicado en años. La caída del consumo global, la inflación local, el endeudamiento y el atraso tecnológico presionaron a la industria e...

MENDOZA.- Los vinos argentinos enfrentan su momento más delicado en años. La caída del consumo global, la inflación local, el endeudamiento y el atraso tecnológico presionaron a la industria en 2025, aunque hacia adelante aparecen oportunidades si se aceleran cambios estratégicos.

Así lo exhibió un informe elaborado por el consultor Javier Merino, titulado “En una actualidad muy compleja existen oportunidades que pueden ser aprovechadas” y presentado durante el 7° Foro de Inversiones y Negocios de Mendoza, desarrollado por el gobierno provincial y el Consejo Empresario Mendocino la semana pasada.

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“En 2025 la industria vitivinícola tuvo la tormenta perfecta: se alinearon señales negativas de largo plazo con problemas de corto plazo. Y eso llevó a una situación de peligro inminente para muchas compañías, algunas con muy poco margen de acción y problemas financieros”, aseguró en diálogo con LA NACION.

Para Merino, uno de los factores centrales que afectó a la industria fue la disminución sostenida del consumo de vino a nivel mundial, un fenómeno que lleva más de una década. Aunque en los últimos años la caída fue más moderada -aseguró-, la tendencia no se revirtió; y a eso se le sumaron cambios en los hábitos de consumo, que avanzan más rápido de lo previsto y afectan especialmente a las bebidas tradicionales.

En paralelo, de acuerdo a Merino, el contexto financiero global también jugó en contra. Tras la pandemia de Covid-19, las políticas monetarias restrictivas aplicadas en distintos países para frenar la inflación elevaron fuertemente las tasas de interés. Y ese escenario encareció el financiamiento y llevó a distribuidores y canales comerciales a reducir inventarios, lo que impactó directamente en la demanda de vino.

A ese contexto internacional, Merino le sumó los factores domésticos. Explicó que la inflación deterioró el poder de compra y afectó el consumo interno. “Cuando el ingreso cae se sale rápido del consumo de vino; cuando mejora, la recuperación es lenta”, advirtió.

Para Merino, otro de los problemas estructurales fue la baja inversión: mientras en sus mejores momentos el sector destinaba entre el 10% y el 15% de sus ventas a inversión, en los últimos años ese porcentaje cayó a alrededor del 5% -dirigido principalmente a la adquisición de barricas; no de tecnología-.

Sin embargo, para el consultor, el factor más determinante fue el aumento del endeudamiento empresarial en un contexto de tasas reales muy elevadas: muchas bodegas llegaron a la crisis con una estructura financiera frágil y el aumento del costo del crédito terminó afectando sus balances. “Las pérdidas financieras empezaron a aparecer por debajo de las ganancias operativas. Ese fue el detonante de muchas empresas que hoy están en concurso o con problemas muy serios”, explicó.

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Según el economista, algunas compañías acumulan deudas equivalentes a un año completo de ventas, lo que implicaría necesitar casi una década para cancelarlas si quisieran reducirlas a cero.

En el informe, Merino explicó que la crisis no se limita a las bodegas, sino que también afecta al eslabón primario de la cadena: los productores de uva que -advierte- tienen pocas capacidades para defenderse frente a los ajustes. “La uva prácticamente solo sirve para hacer vino”, señaló. Y explicó que, ante la caída de ingresos, muchos viñateros reducen los cuidados del viñedo o postergan inversiones, lo que deriva en plantaciones envejecidas y menor productividad.

De acuerdo al estudio, la vitivinicultura argentina perdió más de 20.000 hectáreas de viñedos en los últimos 15 años, muchas de ellas por falta de rentabilidad. Parte de esas tierras -indicó- se reconvirtieron a otros cultivos o incluso a desarrollos inmobiliarios.

El valor de los activos intangibles

A pesar del diagnóstico crítico, Merino sostuvo que el sector podría estar cerca de un punto de inflexión: “El consumo mundial de vino parece haber encontrado un piso pues tanto estimaciones privadas como públicas están anticipando que el mercado global se habría ubicado en valores similares a los de 2024 luego de varios años de fuertes caídas”. Según el informe, en 2024 se registró el nivel más bajo de producción (225,8 millones de hectolitros) y de consumo (16 litros per cápita anuales) desde 1961.

El ajuste ya realizado -desde la reducción de superficie hasta mejoras en costos- podría permitir una recuperación si mejora el contexto global. En ese contexto, Merino consideró clave que las bodegas comiencen a apostar con mayor decisión a los activos intangibles, desde la construcción de marca hasta la incorporación de tecnología y herramientas como inteligencia artificial o análisis de datos, para comprender mejor a los consumidores.

A la hora de analizar el marco político, Merino celebró las desregulaciones “burocráticas” implementadas en el sector, a fin de reducir trámites. “Esta es una industria hipercontrolada en la Argentina, que tenía que informar una gran cantidad de movimientos. Muchas bodegas tenían un empleado, que era un representante de la bodega frente al Instituto Nacional de Vitivinicultura”, precisó.

Sin embargo, el especialista consideró que aún queda pendiente una reforma clave: modificar la normativa que exige que el vino se produzca exclusivamente a partir de uvas frescas, sin permitir el uso de mostos almacenados, una práctica habitual en otros países. “Hubiera sido muy importante en los últimos años y hubiera impedido que muchos productores primarios tuvieran problemas con materias primas”, advirtió.

“El vino crece cuando crece el PBI mundial. Si la economía global se recupera, el consumo también debería hacerlo. No digo que el corto plazo vaya a ser fácil. Pero en el mediano plazo, dos o tres años, hay razones para pensar en una recuperación”, enfatizó.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/negocios/crisis-del-vino-argentino-por-que-2025-fue-un-punto-de-quiebre-para-la-industria-vitivinicola-nid26032026/

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