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Creó un método para bajar de peso y armó una comunidad que reúne a miles de mujeres

La vida de Agostina Bisio, diseñadora de indumentaria y creativa publicitaria, cambió a partir de un vivo de Instagram en plena pandemia. Aquel día, Agostina contó su proceso de transformación...

Creó un método para bajar de peso y armó una comunidad que reúne a miles de mujeres

La vida de Agostina Bisio, diseñadora de indumentaria y creativa publicitaria, cambió a partir de un vivo de Instagram en plena pandemia. Aquel día, Agostina contó su proceso de transformación...

La vida de Agostina Bisio, diseñadora de indumentaria y creativa publicitaria, cambió a partir de un vivo de Instagram en plena pandemia. Aquel día, Agostina contó su proceso de transformación personal y su descenso de peso, un cambio que significó un antes y un después en su vida basado, fundamentalmente, en la voluntad y la persistencia para sostener un cambio de hábitos.

Ese fue, entre otras cosas, el disparador para la creación de Proyecto Sirenas, una multitudinaria comunidad de transformación y bienestar por cuyos talleres ya pasaron más de 100.000 mujeres. Hoy, en Persistir, su primer libro, comparte cómo su recorrido se transformó en una experiencia colectiva: a partir de vivencias íntimas y el aporte de diversas miradas profesionales invita a reflexionar sobre el vínculo con el cuerpo, la alimentación y las emociones. Cómo repensar hábitos, creencias y decisiones cotidianas para lograr cambios perdurables en el tiempo.

–¿Cómo te animaste a compartir tu historia de vida que derivó en la creación de Proyecto Sirenas?

–Me animé porque empecé a notar que había algo en mi forma de hablarles a las mujeres que generaba un impacto muy profundo. No era solamente que se sentían identificadas, sino que muchas empezaban a lograr cosas que antes creían imposibles. Eso me sorprendió y pensé: “No puedo hacer como si esto no estuviera pasando”. Había algo en compartir mi propia vulnerabilidad, mis contradicciones, mis dolores y mis aprendizajes, que hacía que otras personas sintieran que ellas también podían cambiar. Y cuando entendí eso, sentí una responsabilidad enorme: tenía que hacerme cargo de ese espacio y construir algo serio, real y sostenido en el tiempo.

–¿En qué momento entendiste que el enfoque tradicional de las dietas estaba roto?

–Al enfoque tradicional de las dietas lo sentí roto prácticamente toda mi vida, aunque durante mucho tiempo no pude ponerlo en palabras, no lo sabía, solo tenía en claro que siempre abandonaba todo lo que empezaba. Lo entendí realmente cuando dejé de intentar “adaptarme” a algo que no era para mí y empecé a tomar decisiones más rotundas respecto a ciertos hábitos y consumos. Ahí empecé a notar cambios no solo físicos, sino emocionales en mi manera de encarar lo que había intentado toda mi vida. Y también entendí algo fundamental: además del qué hacemos, importa muchísimo el cómo y con quién transitamos los procesos. Cambiar sola es mucho más difícil. A veces una red, una comunidad o simplemente sentir que alguien te entiende, puede cambiar por completo el destino de tu historia.

–¿Cómo fue el proceso de escritura del libro?

–El proceso de escritura fue profundamente movilizador. Yo no soy escritora, entonces escribir un libro implicó salir completamente de mi zona conocida y enfrentarme a algo que me daba muchísima inseguridad. Además, en medio de todo el proceso quedé embarazada, y eso transformó por completo mi día a día, mis tiempos y mi manera de vincularme con la escritura. Lo más difícil fue exponerme emocionalmente desde un lugar tan honesto. Porque el libro no está escrito desde una teoría, está escrito desde mis heridas, mis pensamientos, mis contradicciones y mi historia real. Quise que no me falte nada para poder ayudar a quien lo necesite, pero fue difícil también porque las palabras escritas tienen una crudeza que es muchas veces difícil de manejar.

–¿Cómo se sostiene un proyecto como el tuyo, que apunta a un abordaje integral de la salud y la alimentación, en estos tiempos urgentes de “soluciones rápidas”?

–Creo que lo primero es entender que el verdadero desafío no es “tener fuerza de voluntad”, sino animarse a cuestionar un sistema entero. Vivimos en un mundo que nos empuja hacia el consumo automático, hacia la hiperestimulación, hacia alimentos diseñados para volvernos dependientes y desconectados de nuestro cuerpo. Entonces, para mí, sostener un proyecto como Sirenas implica aceptar que muchas veces vamos a tener que ir a contracorriente y asumir que eso es difícil. Cuestionar hábitos naturalizados implica empezar a preguntarse cosas incómodas: por qué normalizamos sentirnos mal, por qué creemos que cuidarnos es una exageración, por qué nos cuesta alejarnos de cosas que no nos hacen bien. Muchas veces seguimos determinadas conductas porque son las más comunes o porque “todo el mundo lo hace”. Aprender a cambiar hábitos implica también asumir la responsabilidad de diferenciarse. A veces implica decir que no, cuestionar mandatos, romper estructuras familiares o sociales y tolerar miradas ajenas. Pero creo que vale la pena atravesar esa incomodidad.

–El “Taller 50” es un hito en tu plataforma. ¿Qué es lo que sucede ahí?

–El Taller 50 tiene una carga simbólica enorme para mí y para toda la comunidad: se trata de una suscripción a la app de Proyecto Sirenas donde 50 referentes que han pasado por los talleres comparten su proceso. Llegar hasta acá habla de la solidez de un espacio que no dejó de crecer nunca. Muchas personas llegan a Sirenas después de haber probado todo. Y lo que encuentran ahí no es solamente información sobre hábitos o alimentación. Encuentran compañía, contención, personas que entienden exactamente lo que sienten sin necesidad de explicarlo demasiado. Hay algo muy poderoso en dejar de vivir los procesos en soledad, genera una seguridad emocional que muchas veces cambia por completo la manera en la que una persona atraviesa un proceso tan fuerte como bajar de peso, donde se mueve toda la estantería. Y también creo que hay algo muy importante en el sentido de pertenencia.

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–Hoy, que es tan delicado hablar del cuerpo, ¿cómo manejás la delgada línea que se pone en juego cuando hablamos de cuestiones de peso?

–Siento que es importante aclarar que hablo desde el lugar de haber padecido sobrepeso y de haber vivido durante muchos años situaciones profundamente dolorosas vinculadas a mi cuerpo. No hablo desde la teoría ni desde una mirada superficial. Hablo desde experiencias que marcaron mi historia emocional y mi forma de habitar el mundo. Creo que ahí hay algo importante para diferenciar: no opinar del cuerpo ajeno desde una mirada invasiva o lasciva no significa que alguien no pueda hablar de su propio cuerpo, de su salud o incluso de su dolor. Muchas veces yo siento que se mezclan esos conceptos y se invalida el sufrimiento de personas que realmente se sienten mal cuando no saben cómo cuidar de su salud o el sobrepeso les pesa más de lo que dicen por vergüenza. Hay una soledad muy profunda en quienes sienten que están atrapados en un cuerpo que no les permite vivir plenamente, y negar esa experiencia o minimizarla desde ciertos discursos me parece injusto. Porque aceptar el cuerpo no debería significar desconectarse de la salud, del bienestar o de la posibilidad de querer sentirse mejor. Entiendo que estos temas generan debate y miradas distintas, pero yo elijo hablar desde la honestidad. Justamente, creo que lo que conecta con tantas mujeres es que nunca hablé desde un personaje perfecto, sino desde alguien real, con heridas reales. Y en ese sentido creo que dejar de alzar la voz por miedo a ciertas miradas sesgadas sería ir en contra no solo de quién soy, sino también del espíritu de lo que construimos hace ya más de cinco años.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sabado/creo-un-metodo-para-bajar-de-peso-y-armo-una-comunidad-que-reune-a-miles-de-mujeres-nid28052026/

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