Cosquín volvió a saltar la grieta
Chango Spasiuk expresó la síntesis tal vez mejor que nadie: “En este momento del mundo en que la diversidad es un problema, en el folklore la diversidad es un tesoro. Nuestro folklore, que asoc...
Chango Spasiuk expresó la síntesis tal vez mejor que nadie: “En este momento del mundo en que la diversidad es un problema, en el folklore la diversidad es un tesoro. Nuestro folklore, que asociamos con el gaucho, en realidad tenemos que asociarlo con todas las personas que habitan este lugar en el mundo. Por eso el tango también es una expresión folklórica, igual que la manera de tocar el rock de aquí”. Y cita a Kandinsky para reforzar el concepto: “La verdadera tradición es una fuerza vivificadora del presente”.
Cosquín, este año, volvió a dar la nota, al invitar para cerrar el festival a Milo J (¿trapero, folklorista, rockero y cuántos etcéteras?), en otra muestra de que, para que la tradición siga viva, hay que saltar toda grieta que quiera instalarse en la cultura. Mucho más, en un país de inmigrantes como el nuestro (y, les aseguro, sé de lo que hablo).
La grieta viene de muy atrás. En los ’70, folklore y rock se llevaban a las patadas. De un lado, acusaban a los jóvenes urbanos de “hippies” y “extranjerizantes”. Del otro, solo veíamos en las expresiones folklóricas música y tradición anquilosadas y sin ninguna voluntad de cambio.
El primer paso (al menos para mí) lo dio Litto Nebbia. Así como había empezado a cantar rock en castellano con Los Gatos, en 1972 se corrió de las etiquetas y convocó a Domingo Cura (sinónimo de la percusión ancestral) para tocar “Vamos, negro” y participar en la grabación de su disco “Despertemos en América”.
Desde entonces, la fusión fue para el rosarino una actitud constante. Así se permitió usar nombres de estilos folklóricos en algunas canciones sin que importara si respetaban estrictamente las formas. Inmediatamente después de regresar del exilio compuso “Nueva Zamba para mi tierra”, que no era una zamba, pero sí retrataba muy bien las vivencias de muchos de los argentinos que se habían ido para poder seguir respirando (y viviendo, en muchísimos casos), y los sentimientos, a veces contradictorios, que provocaba el retorno.
En esa misma época grabó “Llegamos de los barcos”, ahora sí, casi una auténtica zamba, pero diferente, como él mismo lo explica en su letra: “Quería escribir una zamba que no fuera igual a otras zambas, porque las zambas más lindas ya fueron escritas”. Era aquella que contenía la frase que se hizo viral hace un par de años cuando la citó el entonces presidente, Alberto Fernández, con la frase inspirada en el genial mexicano Octavio Paz: “Los brasileros salen de la selva, los mexicanos vienen de los indios, pero nosotros, los argentinos, llegamos de los barcos”.
La escuché en vivo en la presentación del disco en el estadio Obras, y salté de la butaca llorando y aplaudiendo con igual intensidad, porque me parecía increíble que alguien pudiera sintetizar tan bien mis propios sentimientos.
La fusión más cabal entre ambos mundos se produciría con el regreso de Mercedes Sosa al país. En sus míticos conciertos del teatro Ópera, en febrero de 1982, “la Negra” se dio el lujo de invitar al escenario desde Charly García a Rodolfo Mederos, pasando por León Gieco y Antonio Tarragó Ros, entre otros.
Volvamos a Cosquín 2026. Soledad, que un día antes había festejado sus 30 años con la música con un show memorable, hizo vibrar a la plaza Próspero Molina al cantar con Milo su ¿chacarera? “Lucía”. Antes de despedirse, le regaló al chico de Morón su poncho, un verdadero símbolo de traspaso generacional. Milo cerró su show y el festival con “No hago trap”, mezcla, precisamente, de trap, rock and roll y chacarera. “Mis respetos a todos los que han pasado por este escenario. Que siga circulando el folklore, hagan que sus hijos escuchen folklore”, convocó el artista de 19 años, pura humildad.
Folklore, entonces, sería “la afinación de mi tierra”, como resume una canción de Peteco Carabajal. Y ahí, entra todo.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/cosquin-volvio-a-saltar-la-grieta-nid24022026/