Cosecha: la apuesta por la siembra temprana del maíz dejó resultados dispares y los tardíos ganan terreno
Si bien ya en octubre pasado decíamos que podíamos estar frente a una cosecha récord de trigo a nivel país, también advertíamos que las condiciones para el maíz temprano eran muy buenas en g...
Si bien ya en octubre pasado decíamos que podíamos estar frente a una cosecha récord de trigo a nivel país, también advertíamos que las condiciones para el maíz temprano eran muy buenas en gran parte del territorio, debido principalmente a la histórica recarga invernal y a una progresión de lluvias al inicio de la primavera.
El invierno atípico, que dejó récords de precipitaciones en julio y agosto pasado en numerosas localidades de la Argentina, tuvo como consecuencia en muchos productores y técnicos repensar la fecha de siembra.
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Es por tal motivo que en regiones ya tradicionalmente “tardías” en sus fechas de siembra de maíz hayan aumentado la superficie de siembra temprana tentados por las muy buenas condiciones hídricas que experimentaban en ese momento.
Frente a esta decisión, frecuentemente le recordamos al técnico encargado de armar la estrategia de los cultivos que el maíz es un cultivo que correlaciona muy bien el contenido de agua en el suelo al momento de la siembra con rendimiento solo cuando nos encontramos frente a ambientes con capacidad de almacenar y tener la humedad.
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En ambientes que poseen suelos sin capacidad de retención de humedad por diferentes motivos (suelos salinos sódicos, suelos sueltos, suelos poco profundos, etc.) incapaces de almacenar más de 100-150mm en los dos metros, el almacenaje no implica mucho en el resultado de los cultivos de verano.
Ya que frente a condiciones extremas de evapotranspiración que le pueden proseguir, principalmente durante diciembre y enero, no tiene de donde sacar agua para cubrir las necesidades crecientes del cultivo cuando no reciba precipitaciones. Es justamente en estos ambientes deficitarios de poder almacenar y retener agua que tenemos que poner foco en donde ubicamos el periodo de mayor criticidad y definitorio en el rendimiento.
Hoy, en gran parte del país estamos viendo diferencias importantes de comportamiento entre los maíces sembrados tardíos y los que se sembraron temprano en ambientes inferiores. Con resultados de regulares a malos en rendimiento de los tempranos frente al muy buen estado en el cual están los tardíos (aun sin cosechar) gracias a las lluvias que empezaron a acompañar desde febrero en adelante.
Una situación muy diferente encontramos en la zona núcleo y alrededores, donde tuvimos resultados de buenos a muy buenos hasta ahora, debido principalmente al muy buen almacenaje de agua en sus lotes durante el invierno.
En suelos donde el contenido de arcilla empieza a estar más balanceado en su textura, campos rotados con gramíneas durante años, con alto contenido de materia orgánica, en algunos casos con napa nuevamente esta campaña y en siembra directa hace más de 25 años, tuvimos rendimientos excepcionales, a pesar que la última lluvia fue cerca de Navidad, de poco milimetraje, y transcurrió todo enero hasta inicio de febrero sin precipitaciones.
Es que en este tipo de ambientes sí “hay de dónde sacar” cuando no llueve si se recargó el perfil antes de la campaña. Son suelos con capacidad de almacenar hasta 300 mm en los dos metros, donde en un año con una progresión de lluvias primaverales de septiembre, octubre, noviembre y diciembre que alcance aproximadamente los 200 mm de lluvias ya casi quedan cubiertas las necesidades del cultivo.
En este tipo de ambientes capaces de almacenar agua, la estrategia tiene como principal objetivo tratar de ubicar el periodo crítico lo antes posible de las grandes demandas atmosféricas.
Los maíces sembrados a inicio de septiembre no solamente pasaron el periodo crítico sin problemas sino también sufrieron menos en su llenado de granos a pesar del enero seco y caluroso que tuvimos. Esta suerte no tuvieron los tempranos sembrados de octubre que enfrentaron un llenado de granos con mucha removilización que no solo afectó el peso de los granos sino también repercutió en problemas de caña produciendo quebrado previo a su recolección.
El autor es asesor de productores en el sudeste cordobés