¿Conviene construir en verano? Ventajas y desventajas según expertos
La idea de iniciar una obra en pleno verano suele dividir opiniones. Para algunos, es el momento ideal para poner en marcha un ...
La idea de iniciar una obra en pleno verano suele dividir opiniones. Para algunos, es el momento ideal para poner en marcha un proyecto que venía postergado; para otros, el calor y las vacaciones pueden ser hacer del plan un verdadero desafío. ¿Cómo desmenuzar entonces el asunto? A priori, es posible identificar tres dimensiones clave para analizar: la expectativa psicológica sobre los tiempos de finalización, la disponibilidad de personal y proveedores, y el impacto del clima en los materiales y en la calidad del trabajo.
La arquitecta Laura Kalmus, de Kuperdesign Construcciones, resume esta complejidad con claridad: “Hay un tema más técnico, un tema del personal y un tema más emocional de cuándo yo quiero tener la obra terminada. Son esas tres variables que hay que tener en cuenta”. Su experiencia permite entender por qué el verano puede ser una oportunidad… o un dolor de cabeza.
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El factor psicológico: fin de año con la obra terminadaPara muchas personas, el deseo de tener la casa lista para las fiestas o para recibir visitas hacia fin de año es un motor poderoso. Pero esa expectativa suele chocar con la realidad cuando la obra se inicia tarde. Kalmus lo vive cada temporada: “Nos pasa mucho que de repente nos llaman en octubre cuando se acordaron y nos dicen que para fin de año quieren recibir gente en la casa”. Pero claro, los tiempos de obra son otros…
Por eso, comenzar en verano cambia por completo el panorama. Según la especialista, “arrancar tan temprano te garantiza que hacia fin de año vas a tener tu casa lista”. Esa previsibilidad no es menor: reduce la ansiedad, ordena la planificación familiar y evita decisiones apuradas que suelen encarecer o complicar el proceso. Pero ojo con los años mundialistas, advierte Kalmus. “En el Mundial pasado nos pasó que la gente se quedaba en la casa para ver los partidos y eso complicaba la obra”, cuenta.
El verano, entonces, funciona como un punto de partida estratégico para quienes buscan un horizonte claro y un cierre de obra alineado con el calendario emocional de muchas familias.
¿Hay proveedores y personal disponibles?El segundo eje es menos emocional y más logístico. El verano es, por definición, temporada de vacaciones. Y eso afecta tanto a proveedores como a equipos de obra. “Muchos proveedores se van de vacaciones, entonces hay que tener cuidado cuando uno hace encargos en enero”, remarca Kalmus. Entre enero y marzo, explica, la disponibilidad puede volverse impredecible. Una buena iniciativa es comprar y acopiar los materiales.
Sin embargo, la cuestión no es tan tajante ni adversa. El verano también puede ser temporada baja para muchos profesionales que no se van de vacaciones y buscan trabajo. “Están más libres, salís a vender y tenés más energía y más tiempo para desarrollar con mucha más creatividad que hacia fin de año, cuando estás corriendo y estresado”, señala la titular de Kuperdesign Construcciones. Por eso, para ella, el verano es un gran momento para iniciar el proyecto, aunque no necesariamente para ejecutar la obra.
El impacto del climaEl tercer eje es estrictamente técnico. El calor modifica los tiempos de secado, la reacción de los materiales y la calidad final de ciertos trabajos. “No es lo mismo pintar una casa en invierno que pintarla en verano, porque el enduido tarda más en tirar el material, en secar”, explica Kalmus. En obras húmedas, esto se traduce en demoras inevitables.
La recomendación de Kalmus es clara: iniciar el proyecto en verano, pero ejecutar la obra en otoño, cuando las temperaturas bajan y los materiales se comportan de manera más previsible.
Entonces, ¿conviene o no conviene?La respuesta no es absoluta, pero sí matizada. Construir en verano puede ser una ventaja si el objetivo es llegar a fin de año con la obra terminada y si se planifica con anticipación la disponibilidad de proveedores y personal. También es un buen momento para diseñar, proyectar y tomar decisiones creativas, aprovechando la menor carga laboral de muchos profesionales.
Sin embargo, para tareas técnicas sensibles al calor —pintura, hormigón, trabajos húmedos— el verano presenta riesgos y posibles demoras. Y la dinámica de vacaciones puede desorganizar incluso a los equipos más sólidos.
En síntesis, el verano es un excelente punto de partida, pero no siempre el mejor momento para ejecutar. Como concluye Kalmus, cada caso es personal, pero entender estas tres variables permite tomar decisiones más informadas y evitar sorpresas en el camino.