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Cómo impacta la guerra en las tarifas de energía alrededor del mundo

En medio del conflicto de Medio Oriente desatado por el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, una de las preocupaciones de la población de muchos países es el impacto directo y casi inmediat...

Cómo impacta la guerra en las tarifas de energía alrededor del mundo

En medio del conflicto de Medio Oriente desatado por el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, una de las preocupaciones de la población de muchos países es el impacto directo y casi inmediat...

En medio del conflicto de Medio Oriente desatado por el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, una de las preocupaciones de la población de muchos países es el impacto directo y casi inmediato en las tarifas. Para que los movimientos de precios del petróleo y del gas internacionales lleguen con velocidad a los pagos que hacen los hogares deben darse dos condiciones: mercados energéticos liberalizados y, por supuesto, generación a partir de combustibles fósiles. En esa línea, por ejemplo, la mayor parte de Europa es muy sensible, mientras que Estados Unidos está en un nivel medio y Latinoamérica, bajo.

Claro que la duración del conflicto también juega un rol clave. Si se extiende por pocas semanas, sostienen los especialistas, las correcciones en los precios serán parciales y el impacto sobre la inflación, más leve. En la Argentina, como todavía el sistema energético está regulado y parcialmente subsidiado por el Estado, el efecto demorará más en llegar a la factura. De los componentes de la tarifa —costo de la energía, transporte y distribución— es en el primero donde se produce la afectación, pero aunque el mercado va dejando atrás regulaciones todavía no está totalmente liberalizado.

Según el último informe del Observatorio de Tarifas y Subsidios de la UBA-Conicet, en febrero un hogar promedio del AMBA, sin subsidios, gasta $192.181 para cubrir sus gastos de energía, transporte y agua potable en el hogar. La consultora CETA estableció que un sueldo promedio bruto del sector privado ronda los $1,8 millones mensuales. Es decir, la canasta de esos consumos de servicios representa el 10,67% de los ingresos. La foto muestra que el peso aumentó en los últimos años por la actualización de las tarifas.

Otra diferencia importante está entre los países donde el cliente puede cambiar de proveedor de energía porque hay libre competencia. Es el caso de España, Francia e Italia; en Estados Unidos depende del estado (por caso, en Florida no existe la posibilidad, pero sí en Nueva York). En Latinoamérica, en Brasil la chance es solo para grandes consumidores, igual que en Perú. Los hogares no pueden elegir proveedor tampoco en Chile, Uruguay, Paraguay ni en la Argentina.

Desde Madrid (España), Ivanna Torres Riesco admite que hay “nerviosismo” por cómo se comportarán las tarifas. Repasa que un salario promedio ronda los 1300 euros. En un departamento donde viven dos personas decidieron abandonar Iberdrola como prestadora de energía eléctrica porque la factura rondaba los 112 euros y les plantearon que en otra compañía les cobraban el kWh más barato. La boleta incluye 89,35 euros de energía, 0,50 de cargos normativos (con lo que se financia el bono social para familias vulnerables), 3,09 de “servicios y otros conceptos” y 19,53 de IVA (21% sobre el total).

“Estaba en Iberdrola que me cobraba el kWh a 0,21 euros y Octopus es 0,12 —cuenta—. Cuando anuncié que me iba me ofrecieron un descuento. La gente se cambia sin problemas y las empresas se ‘roban’ clientes entre ellas”. Además, el precio se modifica por horario para incentivar el uso racional. De agua pagan 10 euros por mes (la factura es bimensual) y teléfono más wifi son 30 euros mensuales.

En el caso del transporte, la Comunidad de Madrid mantiene fuertes subsidios, lo que hace que un abono mensual cueste la mitad. El Joven (15-25 años) tiene un descuento de 70% y para menores de 15 y mayores de 65 es gratis. El boleto cuesta 1,5 euros.

En Italia es un tema permanente cuál será el impacto de la guerra en las tarifas, y los costos varían también en función de la compañía prestadora. Por caso, en una casa de tres personas, de manera bimensual en Roma se pagan alrededor de 180 euros (377 kWh de consumo e incluye el abono de 9 euros al mes para la RAI, que se sumó porque tenía bajo nivel de cumplimiento; lo pagan todos, vean o no la televisora nacional).

Hay libertad para cambiar de compañías y la tarifa también varía según el horario de consumo. Ana Corleano explica que ella paga 19 centavos de euro por kWh, mientras que en otra compañía a la que analiza cambiarse es de 14 centavos. En su caso, la factura de gas que le provee la misma empresa —solo tiene cocina, todo el resto es eléctrico— es de 25 euros bimensuales. “Espero la llegada de la próxima factura que, con la guerra, seguramente será más alta aunque los días son más cálidos”, dice.

Otra característica es que los clientes pueden pagar por consumo estimado (las cuotas se llaman acconti) y se calculan según el consumo histórico del hogar. Los pagos son mensuales o bimensuales y está pensado para facturas más estables. Si hay diferencias a favor o en contra, se hace la conciliación de los números.

El Gobierno italiano subsidia a los consumidores de bajos ingresos, con más de tres hijos a cargo y discapacitados con el Bonus Sociale Elettrico. Cubre alrededor del 15% anual del consumo (varía por regiones) y hace unos días anunció un refuerzo por el impacto de la guerra en Irán. También hay aporte estatal al transporte público (el costo en Roma es de 1,5 euros por 100 minutos) y varios tipos de abonos especiales.

En Latinoamérica

Raúl Lizzoli, docente de español en Búzios (Brasil), precisa que el salario mínimo es de 1621 reales (unos US$320). “Para vivir bien, sin lujos ni extravagancias, hay que ganar unos tres mínimos. Solo para tener en cuenta, un alquiler se calcula en 1000 reales por habitación en una ubicación razonable. La electricidad cuesta más que en la Argentina”.

Un consumo de 782 kWh alcanza los 1084 reales. Todavía la mayoría de los hogares del país paga un precio de kWh fijo; si bien hace años se introdujo la “tarifa blanca”, que implica diferencias de precios por bandas horarias, no está generalizada porque requiere medidores inteligentes. Hay subsidios (tarifa social) para los registrados en programas sociales y es un descuento sobre el consumo mensual. Algunos estados ofrecen aportes adicionales.

“El gas en la mayoría del país es de garrafa —describe Lizzoli— y cuesta, en promedio, 120 reales. Para los móviles hay planes a partir de 55 o 60 reales. Después de la pandemia los precios subieron, incluso lo dicen de la comida los turistas europeos que llegan”. En el caso del transporte, en Búzios el boleto es de ocho reales y tiene subsidio.

En Santiago de Chile, Juan Manuel Peña Passaro plantea que un salario promedio en mano para un privado está entre US$750 y US$800 y en luz, en una casa de una familia tipo con consumo cuidado, se paga alrededor del 10% de ese monto, mientras que el agua equivale al 5%. Cerca del 40% de los usuarios de electricidad tienen medidores inteligentes, con lo que la tarifa varía entre horario “pico” (más alta) y “valle” (más baja). El subsidio establecido cubre alrededor del 10% del consumo para los hogares más pobres registrados.

En la capital paraguaya, una casa “con todas las comodidades” para cuatro personas paga entre US$70 y US$100 por mes de electricidad. Juan Manuel López, radicado hace más de una década, indica que hay una prestadora única estatal. Existen tarifas diferenciadas por horarios y la franja más cara puede estar 60% arriba de la más barata, aunque el usuario debe solicitar esa modalidad.

Desde Miami, donde hay una importante concentración de argentinos, Martina Fraccia (una de las dueñas de Ol’Days Coffee & Deli) subraya que los servicios, en general, “aumentaron poco en los últimos años”. “Lo que más impacta es el alquiler o el pago de la hipoteca si se compró una vivienda. Los alquileres están altos, aunque dicen que se van a estabilizar ahora que la demanda no es tanta y, si se es propietario, lo más duro es el property tax: al haber subido tanto el valor de la propiedad hay gente que paga lo mismo de hipoteca mensual que de ese impuesto. Una locura”.

Una factura de luz ronda los US$300 mensuales (combina precios de consumos ligados a generación con combustibles fósiles y renovables) para una casa de tres habitaciones y dos personas, mientras que el agua ronda los US$50 bimensuales. “Es más costoso en relación a lo que fue antes de la pandemia —apunta Fraccia—. Pero no en los servicios sino en cosas como el supermercado, el costo de un seguro de auto y los impuestos”, y grafica con que el agua subió algo y la luz, menos.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/como-impacta-la-guerra-en-las-tarifas-de-energia-alrededor-del-mundo-nid09032026/

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