Cierra una histórica línea de colectivos que llegaba a Constitución
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La crisis en el transporte urbano se profundiza luego de que la línea 148, conocida popularmente como El Halcón, dejó de circular de forma definitiva tras atravesar meses de parálisis en sus servicios. Este cese operativo impacta de manera directa sobre una dotación de más de 500 trabajadores, entre choferes, administrativos y operarios de mantenimiento, quienes se encuentran sin fuente de ingresos ante la falta de pago de salarios y aguinaldos adeudados. A partir de ello, el personal inició una serie de actividades de reclamo para que la empresa cumpla con sus obligaciones.
Durante décadas, este colectivo fue una pieza clave para la conectividad en el AMBA. Tradicionalmente, conectaba Plaza Constitución con diversos puntos del conurbano sur, incluidos Florencio Varela, San Francisco Solano, Quilmes y Berazategui.
Ahora, la crisis financiera de la compañía precipitó el fin del servicio luego de un proceso de deterioro constante. Los trabajadores relatan que la empresa recortó los recorridos de forma progresiva ante la incapacidad de solventar los gastos operativos básicos. La situación se volvió insostenible durante los últimos meses, debido a una combinación de factores económicos que culminaron en el colapso total de la prestación.
Los empleados afectados señalan que la reducción de los subsidios estatales al transporte público, un elemento fundamental para la operación en el Área Metropolitana de Buenos Aires, aceleró el desenlace. Según los damnificados, la quita de estos fondos, sumada al incremento en los costos de combustible y mantenimiento, impidió que la firma mantuviera su estructura operativa y cumpliera con sus obligaciones laborales.
Ante este escenario, el personal inició protestas para exigir el pago de los haberes atrasados y reclamar la intervención de las autoridades de transporte a nivel nacional. Los trabajadores buscan soluciones que garanticen la percepción de sus salarios y plantean la necesidad de encontrar alternativas laborales ante la pérdida de sus puestos.
El cierre de la línea representa un conflicto de gran escala, tanto por el impacto social sobre las familias de los empleados como por la afectación directa a la movilidad de los pasajeros habituales. Los usuarios ahora enfrentan la incertidumbre sobre la continuidad del recorrido, ya que hasta el momento las autoridades no informaron sobre una posible reestructuración o el traspaso de la concesión a otra empresa del sector. Esta falta de alternativas obliga a los ciudadanos a buscar otras opciones de transporte, lo cual prolonga los tiempos de viaje y complica la rutina de quienes dependen del transporte público para sus tareas diarias.
El final de El Halcón evidencia las dificultades económicas que atraviesa el sistema de colectivos en la zona metropolitana. Mientras los empleados mantienen sus reclamos, el sector enfrenta una etapa de alta fragilidad y tensión gremial derivada de la crisis económica y el recorte en los subsidios.
La interrupción del servicio desnudó la fragilidad de un modelo que depende del flujo de prestaciones estatales y que hoy muestra señales de quiebre en una de sus rutas más emblemáticas. Los afectados insisten en su pedido de una respuesta estatal urgente para resolver la deuda acumulada y para asegurar la estabilidad laboral de los cientos de operarios que quedaron sin empleo tras el cierre definitivo de la compañía.