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César Aira: “Mi edad y el deterioro que conlleva me han hecho muy sensible a la crueldad con que se trata a los desfavorecidos”

Ambientada en el siglo XIX, en el extremo suratlántico del continente americano, Los viajes de Julius Brenchley (Seix Barral, $ 26.900), nueva novela de ...

César Aira: “Mi edad y el deterioro que conlleva me han hecho muy sensible a la crueldad con que se trata a los desfavorecidos”

Ambientada en el siglo XIX, en el extremo suratlántico del continente americano, Los viajes de Julius Brenchley (Seix Barral, $ 26.900), nueva novela de ...

Ambientada en el siglo XIX, en el extremo suratlántico del continente americano, Los viajes de Julius Brenchley (Seix Barral, $ 26.900), nueva novela de César Aira (Coronel Pringles, 1949), tiene como “mascarón de proa” al explorador, naturalista y caballero británico Julius Brenchley (1816-1873), embarcado con su sirviente en la goleta Gloriana rumbo a Valparaíso, y que apenas participa de la historia solo por lo que representa: alguien que goza “de la ventaja incomparable de su nacionalidad británica, que ponía en sus manos la llave de oro con la que abrir todas las puertas del mundo”. No es la primera novela en la que Aira, candidato recurrente al Premio Nobel de Literatura en casas de apuestas, parodia los relatos de expedicionarios extranjeros en tierras americanas.

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Sin embargo, los protagonistas activos de las aventuras en tierra firme –la primera sucede al pie de los Andes, cuando la goleta queda varada en un lago helado; la otra, en un reducto misionero en Tierra del Fuego– son en realidad dos personajes secundarios: Cruikshank, el valet de Brenchley (“tan seguro de sí mismo como lo estaban todos los hombres de baja estatura”), y Mary, la “feúcha” dama de compañía de madame Edwards, una aristócrata altanera que quiere debutar como escritora de viajes a la sombra de Brenchley, sin que este lo sepa.

Por circunstancias inesperadas (un macareo que arrastra la nave río adentro en la primera parte y el secuestro extorsivo de la ricachona a quien nadie soporta en la segunda), los dos jóvenes lacayos quedan en manos de indígenas. A Cruikshank lo rescatan los patagones, tan gentiles como gigantescos; mientras se recupera de una caída, se convierte en “juguete humano” de los niños de la tribu (que lo triplican en altura y peso). Y cuando el capitán de la goleta trata de resolver el rapto de madame Edwards (los onas exigen que el reverendo Pakenham, un “orate resentido” a ojos del capitán, devuelva a la comunidad doce niños cautivos), Mary es guiada por un joven ona por el “circuito de las atracciones” de la isla.

El valet de Brenchley también tiene la ocurrencia, muy al uso en el siglo XIX, de comprar nativos para exhibir en ferias en su país de origen. “El patagón no se lo tomó a mal –detalla el narrador de la novela–. Para su coleto pensó que los ingleses eran incorregibles. Colonialistas de alma, el mundo para ellos era una tienda de departamentos en la que podían escoger los productos nacionales, incluidos los productos vivientes, y efectuar un pago solamente simbólico”. Cruikshank quiere llevarse a dos niños patagones a cambio de un gemelo de camisa de su amo.

“Quise hacer una vindicación de los pueblos americanos colonizados por Europa, también de los niños, de los sirvientes, de los hombres de baja estatura y de las chicas no muy lindas –dice a LA NACION Aira, que hace rato pasó ya la extraordinaria marca del libro número cien–. Mi edad, y los deterioros que conlleva, me han hecho muy sensible a la crueldad con que se trata a los desfavorecidos y los menores”.

Según costumbre del autor, la novela está fechada en la página final: 10 de febrero de 2026. “La escribí en febrero, y si no fuera por el apuro de la editorial le habría agregado dos tramos más, uno en la isla de Pascua, otro en Java –comenta–. Cuando uno empieza con Julius Brenchley no puede parar”.

Además de la jocosa perspectiva anticolonialista, la novela tiene otras particularidades. En las primeras páginas, el narrador hace un elogio de Chile y se despacha en contra de Juan Manuel de Rosas, responsable de “una larga dictadura populista”; en la segunda parte, ironiza sobre la “moda” decimonónica de la literatura de mujeres (madame Edwards quiere “volverse una combinación superadora de James Cook y Charlotte Brontë”). Y en toda la obra se aborda “la guerra de la Narración y la Descripción”. Para el sirviente de Brenchley, la Descripción era “propia de los amos, los dueños del mundo, que preferían pensar que ya estaba todo hecho, y bien hecho”, mientras que la Narración seguía siendo motivo de esperanza entre “el pueblo bajo, los explotados y sometidos”. La novela de aventuras aireana, que opta por la narración, contiene sin embargo algunas de las mejores descripciones de paisajes patagónicos (reales o inventados).

“En la nueva novela de Aira las torsiones de sentido, que suelen ocupar el primer plano de su literatura, retroceden –dice a este diario el escritor Diego Cano, autor del ensayo César Aira, el comité del significante y adminsitrador de la página de Facebook Todo Aira–. Ese corrimiento deja ver con mayor claridad una capacidad expresiva que siempre estuvo ahí, pero que esta vez se impone con una fuerza inusual”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/cesar-aira-mi-edad-y-el-deterioro-que-conlleva-me-han-hecho-muy-sensible-a-la-crueldad-con-que-se-nid15072026/

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