Caminos del crimen se desplaza con intensidad por la gran autopista de Los Ángeles
Caminos del crimen (Crime 101, Estados Unidos-Reino Unido/2026). Guión y dirección: Bart Layton. Fotografía: Erik Wilson. Música: Blanck Mass. Edición: Julian Hart y Jacob Secher Schulsinger. ...
Caminos del crimen (Crime 101, Estados Unidos-Reino Unido/2026). Guión y dirección: Bart Layton. Fotografía: Erik Wilson. Música: Blanck Mass. Edición: Julian Hart y Jacob Secher Schulsinger. Elenco: Chris Hemsworth, Mark Ruffalo, Halle Berry, Barry Keoghan, Monica Barbaro, Nick Nolte. Duración: 139 minutos. Distribuidora: UIP-Sony. Calificación: solo apta para mayores de 13 años con reservas. Nuestra opinión: buena.
La ruta 101 es la autopista más extensa que atraviesa el territorio de California. Su traza, paralela a la costa Oeste de los Estados Unidos, llega inclusive a extenderse más allá del límite estatal. A la vez, cualquier toma aérea de “la 101” y su serpenteante diseño es una de las imágenes que más identifican y mejor definen desde el cine a Los Ángeles (punto meridional de origen de la ruta), no solo en términos de geografía urbana, sino a partir de unos cuantos elementos más simbólicos y cualitativos.
Además de ser la ciudad de los autos, Los Ángeles es la capital mundial del entretenimiento. Y su propia cartografía funciona, sobre todo en las últimas décadas, como razón de ser y objeto de algunas películas excelentes. Caminos del crimen (cuyo título original, Crime 101, alude directamente a la freeway por excelencia de L. A.) no alcanza esa estatura, pero se asocia con mucha dignidad, espesor dramático y resolución a una serie ilustre de thrillers apasionantes que alcanza la cumbre con una de las obras maestras de William Friedkin (Vivir y morir en Los Angeles) y sobre todo con el mejor Michael Mann, el de Fuego contra fuego y Colateral.
El mapa más cercano a Los Angeles de “la 101” es la que tiene en la cabeza Lou Lubesnick (Mark Ruffalo), un obstinado y perspicaz detective policial, cuando trata de establecer la ruta delictiva de James Davis (Chris Hemsworth), un ladrón de joyas de la vieja escuela, de los que se cuidan especialmente de no lastimar a nadie para lograr su propósito.
La posibilidad que se abre para Davis de ejecutar un golpe más grande de todo lo imaginado hasta allí compromete también a la ambiciosa –y postergada- agente (Halle Berry) de una compañía aseguradora especializada en patrimonios millonarios, un jefe criminal de conducta solapada (Nick Nolte), un hampón con rasgos psicóticos (Barry Keoghan) y el único personaje ajeno a cualquier conducta delictiva, Maya (Monica Barbaro), una mujer sinceramente enamorada del enigmático y lacónico Davis.
La trama, inspirada en un relato corto de Don Winslow, tiene todo a su favor para ganar tiempo y evitar más de un momento de fatiga narrativa a lo largo de 140 minutos excesivos, pero no lo hace. Tampoco indaga en las motivaciones y conductas del elenco protagónico coral con la misma profundidad en todos los casos. El personaje de Barbaro, por ejemplo, tiene poco peso en comparación con el resto. También se desperdicia el rico potencial que ofrece a priori el vínculo roto entre el policía encarnado por Ruffalo y su esposa (la gran Jennifer Jason Leigh, en un papel casi decorativo).
Punto justoPero al mismo tiempo debemos reconocerle a Bart Layton, director y guionista, su capacidad para encontrar el punto justo de convergencia entre la acción misma (hay varias escenas prototípicas del género policial muy bien construidas) y los motivos que llevan a los personajes actuar de determinada manera o relacionarse entre sí.
A través de una línea que siempre toma como referencia la magistral inspiración de las canónicas películas de Friedkin y Mann, Caminos del crimen sale bien parada del desafío que se impuso: explorar complejas y atractivas (especialmente por el lado de Berry, Ruffalo y Hemsworth) historias de vida instaladas en el mundo del thriller clásico que se mueven en línea recta o eligen torcer el rumbo en el camino que los lleva hacia sus respectivos destinos.
Los excelentes Berry, Ruffalo y Hemsworth representan muy bien a escala humana todo ese mapa convergente de entradas, salidas, carriles, desvíos y sobrepasos en movimiento constante. En esa búsqueda no faltan algunos apuntes precisos de actualidad sobre la degradación social y afectiva de la vida cotidiana de Los Ángeles y sus habitantes, al costado de “la 101”.