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“Cambié 100 por una”: el furor por las figuritas del Mundial revoluciona un parque, despierta negocios paralelos y obsesiona hasta a niños sin álbum

“¡Hola! ¿Vos tenés figuritas?”, pregunta Bautista M., de 11 años, apenas ve pasar a otro chico cerca de las rejas del Parque Rivadavia. Lleva el álbum abrazado contra el pecho y corre unos...

“Cambié 100 por una”: el furor por las figuritas del Mundial revoluciona un parque, despierta negocios paralelos y obsesiona hasta a niños sin álbum

“¡Hola! ¿Vos tenés figuritas?”, pregunta Bautista M., de 11 años, apenas ve pasar a otro chico cerca de las rejas del Parque Rivadavia. Lleva el álbum abrazado contra el pecho y corre unos...

“¡Hola! ¿Vos tenés figuritas?”, pregunta Bautista M., de 11 años, apenas ve pasar a otro chico cerca de las rejas del Parque Rivadavia. Lleva el álbum abrazado contra el pecho y corre unos metros antes de frenarlo. Revisa rápido las repetidas que le muestra, niega con la cabeza y vuelve resignado al banco donde lo espera un amigo de su misma edad. “No, no tenía”, dice mientras acomoda otra vez el álbum sobre las piernas, como si fuera demasiado importante como para soltarlo siquiera un segundo. A los pocos instantes vuelve a levantarse: otro chico cruza el parque y él sale detrás suyo con la misma pregunta.

El intercambio entre niños y adolescentes, así como también entre adultos nostálgicos, se repite todos los días en esta plaza de Caballito, que se convirtió en el gran punto de encuentro de quienes buscan intercambiar figuritas para completar el álbum del Mundial 2026. La mayor euforia se da los fines de semana: las rejas, los bancos y los pasillos internos del predio se llenan de chicos, adolescentes, familias y adultos intercambiando repetidas.

“El sábado fue una locura, había una banda de chicos de todas las edades”, cuenta Bautista, que hoy llegó al parque desde Constitución acompañado por su mamá y un amigo del colegio. Mientras habla, abre el álbum una y otra vez para revisar las páginas donde todavía quedan espacios vacíos. “Está buenísimo venir acá. El otro día abrí un sobre y me vinieron todas repetidas. Acá venís y buscás las que te faltan”. Durante la charla con este medio, Bautista interrumpe varias veces la conversación. El niño interrumpe la conversación con LA NACION cada vez que detecta a alguien de su edad caminando alrededor y corre a preguntarle si tiene figuritas para cambiar.

El parque tiene una lógica propia: alcanza con que aparezca un álbum abierto para que otros chicos se acerquen casi automáticamente. En cuestión de minutos, cinco adolescentes de entre 11 y 14 años terminan rodeando el mismo banco donde se sientan Bautista y su amigo. No se conocían entre sí hasta ese momento, pero eso parece no importar demasiado. Las mochilas empiezan a abrirse una tras otra y sobre el asiento aparecen sobres arrugados, carpetas transparentes con folios llenos de figuritas y pilas de repetidas separadas por selección.

“Ya es una obsesión”

“Cambié 100 figuritas por una y me partió el corazón darlas”, cuenta Luca F., de 14 años, que llegó a Caballito desde Parque Chacabuco con dos amigos. Antes de terminar la frase, los chicos que están alrededor lo interrumpen entre risas: “¡Amigo, era Messi!”. Luca se ríe y levanta las manos: “Y bueno, la necesitaba sí o sí. Igual me dolió”.

Mientras habla, sigue revisando figuritas sin detenerse. Explica que empezó a coleccionar porque en su casa el Mundial siempre fue un ritual familiar; su papá le transmitió la pasión compartiendo los álbumes que guardaba de su propia infancia. “Tenemos guardados un montón, así que este año arrancamos de vuelta los dos. Él me compra sobres cuando sale del trabajo y yo después vengo acá a cambiar. Ya es una obsesión”, cuenta.

Intercambio de figuritas en el Parque Rivadavia

Al lado suyo, María L., de 13 años, acomoda repetidas sobre sus piernas mientras participa de varios intercambios al mismo tiempo. Llegó desde Flores con una amiga y asegura que hace días sigue grupos de intercambio por redes sociales para enterarse de dónde se junta más gente.

“La mayoría nos cambiamos figuritas. Algunos vienen y te las quieren vender, está bien, pero para mí tiene más emoción intercambiarlas”, dice sin dejar de revisar números. “Además conocés gente. Hoy capaz hablás con alguien que nunca viste y terminan ayudándose entre todos”.

Alrededor del banco se escucha permanentemente la misma secuencia: “La tengo… no, esa ya salió… pará, fijate atrás”. Algunos chicos llevan listas anotadas a mano con los números que les faltan. Otros directamente pasan páginas enteras buscando jugadores argentinos, escudos o especiales brillantes. Las figuritas circulan de mano en mano mientras las conversaciones empiezan a mezclarse entre sí.

Con el correr de la jornada empiezan a aparecer más familias. Algunos llegan después de recorrer kioscos y librerías buscando álbumes o sobres. Otros simplemente acompañan a hijos que insistieron durante días en conocer el famoso punto de intercambio del parque.

“El álbum no aparece”

Juan Morales llega junto a su hija Micaela, de cinco años, con varios sobres cerrados en la mano. Apenas pisan el lugar, dos chicos se acercan automáticamente para preguntarles si tenían repetidas para cambiar. Juan sonríe incómodo y les explica rápido que todavía no consiguieron el álbum.

“Estamos guardando las figuritas porque en todos lados se agota”, cuenta mientras Micaela intenta abrir uno de los sobres. Llegaron desde Almagro después de pasar por varios kioscos sin suerte. “Ella vio a otros chicos coleccionarlas y ahora quiere empezar sí o sí. El problema es que conseguís figuritas, pero el álbum no aparece”. Mientras conversa con este medio, Juan aprovecha para hacerle siempre la misma pregunta a cada grupo que pasa cerca suyo: “¿Saben dónde puedo conseguir el álbum?”. Algunos le recomiendan puestos específicos; otros directamente se ríen y le dicen que está agotado “en todos lados”.

“No pensé que iba a ser tan difícil encontrarlo —admite entre risas—. Yo también coleccionaba cuando era chico y verla a ella con la misma emoción me da ternura. Hay algo del Mundial que une mucho”.

A unos metros, sentadas sobre una manta en el pasto, están Verónica Salas y Paula Medina, dos madres que llegaron desde Devoto acompañando a sus hijos: Tomás, de ocho años, y Benjamín, de diez. “Vinimos porque no hablaban de otra cosa”, cuenta Verónica. “Toda la semana pasada insistieron en venir porque les dijeron que acá estaba la posta de las figuritas”. Paula asegura que decidió acompañarlos porque le sorprendió el entusiasmo que despertó el álbum. “Hoy viven mucho con el celular o la computadora. Acá hablan, negocian, se emocionan cuando consiguen una figurita. Nos hizo acordar muchísimo a cuando éramos chicas”.

Tomás interrumpe la conversación para mostrar orgulloso una figurita brillante recién conseguida. Benjamín, en cambio, sigue buscando jugadores de la selección argentina entre las carpetas de otros chicos. “Es como una misión”, resume Paula mientras se ríe al verlo revisar número por número con obsesión.

El negocio paralelo

No todos llegan al parque exclusivamente para cambiar. Algunos encontraron en la fiebre mundialista una oportunidad para vender.

“Figuritas sueltas a elección. Regulares 500 pesos, argentinos 1500 y escudos entre 1500 y 2000”, anuncia Kevin Sosa, un joven que improvisó una pequeña mesa sobre uno de los costados del parque. Frente a él hay varias carpetas abiertas y un grupo de chicos revisa páginas enteras buscando las más difíciles.

Según cuenta, empezó vendiendo sus propias repetidas y terminó armando una colección mucho más grande para comerciar. “El sábado fue una locura total. No dabas abasto”, recuerda. “Había chicos sentados por todos lados y muchos venían desesperados buscando las de Messi o las especiales”. Kevin asegura que algunos prefieren comprar directamente porque les cuesta encontrar determinadas figuritas mediante intercambio. “Hay chicos que vienen con plata ahorrada solo para llevarse las que les faltan. Igual, la mayoría sigue prefiriendo cambiar porque tiene otra emoción”, explica.

“Nunca vi algo así ”

Los comerciantes históricos de la zona también quedaron sorprendidos por el fenómeno. Ricardo, dueño de un puesto de revistas viejas y coleccionables dentro del parque, observa el movimiento desde atrás del mostrador y asegura que hacía años no veía algo parecido. “El sábado y el domingo esto estaba explotado. Era un montón de gente”, cuenta mientras señala los grupos alrededor de las rejas. “Y es admirable porque hoy la tecnología separa mucho a los chicos. Cada uno está encerrado en lo suyo, pero acá los ves hablando cara a cara, compartiendo algo”.

A pocos metros, Marta Medina, que vende libros usados desde hace más de veinte años en el parque, coincide con el diagnóstico. “Fue una locura”, resume. “Había chicos sentados en el piso, familias enteras, adolescentes y adultos buscando figuritas. Nunca vi algo así acá”.

Más tarde empiezan a aparecer adolescentes más grandes, muchos todavía con uniforme escolar y mochilas cargadas. El movimiento cambia completamente y los bancos empiezan a llenarse. “Los fines de semana explota muchísimo más”, cuenta Joaquín R., de 16 años, que llegó desde Boedo con dos amigos. “El sábado hubo momentos donde no se podía caminar”, cuenta. Según explica, él empezó el álbum por tradición familiar. “Mi hermano mayor siempre hacía los álbumes del Mundial y este año me enganché yo también. Encima ahora ya conocés gente que viene siempre”.

Su amiga Sofía M. coincide mientras revisa figuritas apoyadas sobre una carpeta escolar: “Está bueno porque nadie te mira raro. Tenés 12, 16 o 35 años y todos están igual de emocionados”. Tomás F., de 15 años, asegura que muchas veces se queda durante horas aunque no consiga grandes cambios: “Igual terminás hablando, viendo qué consiguió cada uno o ayudando a otro”, cuenta.

“Te despierta nostalgia”

Entre los adolescentes también aparecen adultos que crecieron con otros mundiales y ahora vuelven a repetir la costumbre. “Yo empecé comprando sobres para mi sobrino y terminé obsesionado”, cuenta Mariano Avalos, de 38 años, mientras revisa una carpeta perfectamente ordenada. Llegó desde Ramos Mejía especialmente para intentar completar las páginas finales del álbum. “El Mundial tiene algo especial. Te conecta con recuerdos de tu infancia”, dice mientras separa repetidas argentinas. “Yo completé el álbum de Francia 98 y todavía me acuerdo de cambiar figuritas en el colegio. Ahora quería volver a sentir eso. Mi mujer se me ríe porque llego a casa y me pongo a abrir paquetes como si tuviera diez años. Pero hay algo muy lindo en esto. Te desconecta un poco de todo”, admite.

A su lado, Sebastián Peralta, de 32 años, sostiene varias repetidas argentinas mientras negocia un intercambio con un adolescente. “Mi novia dice que estoy más emocionado que un nene”, cuenta mientras acomoda figuritas sobre el banco. “Pero el Mundial te despierta nostalgia. Yo crecí viendo mundiales con mi viejo y hacer el álbum me lleva automáticamente a esos recuerdos”. Según explica, lleva varios fines de semana recorriendo distintos puntos de intercambio de la ciudad para conseguir las figuritas más difíciles. “Ya fui a plazas, parques y hasta estaciones de tren”, dice entre risas. “Y lo mejor de todo es esto: hablás con desconocidos y en dos minutos ya están todos compartiendo la misma locura”.

En ese momento, otro chico se acerca para preguntarle si tiene repetidas de la selección argentina. Sebastián abre la carpeta automáticamente y empieza una nueva negociación mientras alrededor vuelven a escucharse las mismas preguntas repetidas una y otra vez: “¿La tenés?”, “¿Te falta?”, “¿Me la cambiás?”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/cambie-100-por-una-el-furor-por-las-figuritas-del-mundial-revoluciona-un-parque-despierta-negocios-y-nid18052026/

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