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Caída de la Natalidad. No es renuncia, es postergación: los datos de una encuesta en Argentina

Argentina atraviesa una transformación demográfica gradual pero profunda: cada vez nacen menos niños. La caída de la natalidad es significativa y sostenida. Según datos oficiales, en apenas un...

Caída de la Natalidad. No es renuncia, es postergación: los datos de una encuesta en Argentina

Argentina atraviesa una transformación demográfica gradual pero profunda: cada vez nacen menos niños. La caída de la natalidad es significativa y sostenida. Según datos oficiales, en apenas un...

Argentina atraviesa una transformación demográfica gradual pero profunda: cada vez nacen menos niños. La caída de la natalidad es significativa y sostenida. Según datos oficiales, en apenas una década los nacimientos se redujeron cerca de un 50%: de 775.000 en 2014 a apenas 413.000 en 2024.

Detrás de esta cifra hay decisiones individuales, pero también condiciones sociales que las moldean. Dos artículos recientes publicados en este diario “La transformación más profunda y silenciosa de la Argentina” (Jorge Liotti, 18 de enero de 2026) y “Lo que revela la caída de la fecundidad en Argentina” (Jorge Paz, 13 de febrero de 2026) ayudan a describir una realidad que los especialistas en reproducción observamos en la práctica clínica: la mayoría de las mujeres desea tener hijos, pero cada vez más tarde y, en ese proceso, no siempre cuenta con información completa sobre los límites biológicos de la fertilidad, en particular sobre el impacto de la edad y la disminución progresiva de la capacidad reproductiva.

Los resultados de una encuesta nacional que realizamos en noviembre de 2025 junto a Opinaia, sobre una muestra de 1.118 mujeres argentinas de entre 20 y 40 años, sin hijos y abiertas a la posibilidad de ser madres en el futuro, permiten dimensionar con mayor nitidez este fenómeno.

El dato central es tan claro como elocuente: si bien el 57% manifiesta que desea tener hijos en algún momento, un 43% declara estar en duda o estar postergando activamente la maternidad. Dicho de otro modo, casi la mitad de las mujeres en edad reproductiva no está renunciando a la maternidad, sino demorándola.

Tener hijos aparece como un deseo, pero no como una prioridad inmediata. Las aspiraciones que concentran mayor centralidad son la estabilidad económica (86%), el bienestar personal (64%), el desarrollo profesional y la formación académica (47%) y el acceso a una vivienda propia (40%). En contraste, tener hijos (18%) y contar con una pareja estable (13%) aparecen relegados en el orden de prioridades actuales.

Las razones declaradas para postergar la maternidad muestran un patrón consistente y remiten a un problema de orden estructural. Más que una disminución del deseo de ser madre asociada a un cambio cultural, predomina un condicionante económico: el 92% menciona la falta de estabilidad financiera como el principal obstáculo. En síntesis, la postergación responde más a condiciones concretas —ingresos, previsibilidad y posibilidad de sostener un proyecto de vida— que a una pérdida de interés por la maternidad.

Lo que muchas mujeres desconocen es que, cuando la maternidad se proyecta entre los 35 y 45 años, la capacidad reproductiva ya ha disminuido de manera significativa. La reserva ovárica disminuye con la edad: no solo se reduce la cantidad de ovocitos, sino también su calidad, lo que dificulta la concepción espontánea y aumenta la probabilidad de requerir técnicas de reproducción asistida, generalmente más complejas y costosas.

A esta realidad se suma la falta de información clara y sistemática sobre la salud reproductiva, que genera una falsa sensación de seguridad y diluye la posibilidad de adoptar conductas preventivas. El 80% de las mujeres nunca habló con su ginecólogo sobre su fertilidad futura y seis de cada diez no saben qué es la reserva ovárica. Muchas decisiones se toman, así, sin un conocimiento pleno de los tiempos biológicos que condicionan las posibilidades reproductivas.

En este contexto, crece el interés por la criopreservación de ovocitos como herramienta para preservar la fertilidad. Más de la mitad de las mujeres manifestó interés en recibir más información, y el principal beneficio que identifican es la posibilidad de “ganar tiempo”. Sin embargo, el costo vuelve a aparecer como obstáculo central para su acceso efectivo.

Esta tensión entre deseos reproductivos, información incompleta y barreras económicas no es un fenómeno exclusivamente local. Hace apenas unos días, Francia anunció una campaña nacional que prevé el envío de cartas a todos los ciudadanos de 29 años (mujeres y hombres) con información clara y basada en evidencia sobre salud reproductiva, fertilidad y planificación familiar, como parte de una estrategia de “rearme demográfico”. El encuadre resulta relevante: la fertilidad se presenta como una responsabilidad compartida entre ambos sexos y como un ámbito en el que el Estado puede contribuir sin prescribir decisiones personales, ofreciendo herramientas para decidir con mayor autonomía.

El objetivo explícito de la iniciativa es anticiparse a la lógica del “si lo hubiera sabido antes”: aumentar el conocimiento sobre el descenso de la fertilidad con la edad y favorecer decisiones informadas, reduciendo frustraciones futuras. En ese marco, se menciona la criopreservación de gametos como una opción disponible —incluida la cobertura de la preservación de ovocitos en mujeres entre 29 y 37 años por medio del sistema de seguridad social francés , pero subrayando un punto crucial: se trata de una alternativa posible, no de una “cura milagrosa”. El mensaje busca, precisamente, empoderar a los adultos jóvenes con información y opciones reales, de manera voluntaria y libre de presión social.

La campaña se inscribe, además, en un plan de acción más amplio del gobierno francés, que incluye medidas para reforzar la educación en salud reproductiva en

el ámbito escolar y el desarrollo de estrategias nacionales para condiciones que afectan la fertilidad, como la endometriosis, entre otras acciones. En conjunto, ofrece un ejemplo de intervención temprana orientada a ampliar información y acceso, sin confundir acompañamiento con prescripción.

La disminución de la natalidad se combina, además, con un aumento sostenido de la expectativa de vida. Según proyecciones del INDEC, hacia 2040 la población en situación laboral pasiva superará a la activa. Este fenómeno, aunque global, adquiere en Argentina rasgos particularmente marcados. A corto plazo ya se traduce en el cierre de secciones en escuelas públicas; a largo plazo, compromete la sustentabilidad del sistema previsional y plantea interrogantes de fondo sobre el futuro económico y social del país.

La pregunta es inevitable: ¿qué estamos haciendo como sociedad para acompañar a quienes desean tener hijos?

Desde 2013 rige en Argentina la Ley 26.862 de Reproducción Médicamente Asistida, que garantiza el acceso integral a tratamientos de fertilidad. En muchos aspectos, se trata de una norma de referencia en la región y de un avance significativo en términos de derechos. Sin embargo, tras más de una década de implementación, no existe una evaluación sistemática orientada a optimizar recursos, mejorar su alcance y fortalecer la equidad, en particular para los sectores más vulnerables.

En materia de políticas públicas, resulta necesario avanzar en medidas que acompañen de manera concreta a mujeres y varones en el momento de ejercer la maternidad y la paternidad, tanto en el ámbito estatal como en el privado. Experiencias internacionales recientes muestran que la provisión de información temprana y el acceso a herramientas de preservación de la fertilidad pueden formar parte de una estrategia integral de salud pública, siempre que se respete la autonomía individual y se eviten enfoques prescriptivos. En este sentido, también es oportuno revisar el régimen de licencias laborales: la licencia por maternidad es de 90 días y la de paternidad, de apenas dos. Este esquema resulta insuficiente y anacrónico frente a las dinámicas familiares contemporáneas.

Tener un hijo es una decisión personal, pero también un hecho social del que depende, en buena medida, el futuro colectivo. En un contexto en el que el Congreso de la Nación debate los alcances de una reforma laboral, resulta llamativo que este aspecto central no forme parte de la discusión pública. La omisión sugiere que aún no se ha dimensionado plenamente la magnitud del desafío demográfico que enfrenta el país.

Extender las licencias parentales no resolverá por sí solo la caída de la natalidad, pero enviaría una señal clara: la decisión de tener hijos no ocurre en el vacío, sino dentro de un entramado social, económico e institucional que puede facilitarla o dificultarla.

Otra deuda pendiente son las políticas educativas orientadas a concientizar a los jóvenes desde la adolescencia y a lo largo de la formación terciaria y universitaria. Las campañas de concientización para evitar embarazos no deseados concientización claramente han dado sus frutos. Sin embargo, en vista de la situación descripta, resulta fundamental fortalecer la educación en salud reproductiva, para difundir los límites biológicos y los alcances reales de las tecnologías disponibles, para que las decisiones se tomen con más información y menor margen de frustración futura.

La biología tiene límites que, al menos hoy, no pueden modificarse. Las condiciones sociales, en cambio, sí pueden transformarse.

Ignorar esta realidad no la hará desaparecer. Solo hará que, cuando intentemos reaccionar, sea demasiado tarde.

*Adán Nabel es especialista en Medicina Reproductiva (SAMER), médico de Staff CEGyR

*Melina Schapira es médica tocoginecóloga, médica de Staff de CEGyR

*Felicitas Azpiroz es embrióloga clínica, investigadora en Ciencias de la Reproducción

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/caida-de-la-natalidad-no-es-renuncia-es-postergacion-los-datos-de-una-encuesta-en-argentina-nid27022026/

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