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Borges y los rankings de las universidades

Jorge Luis Borges, en su cuento “El Congreso”, narra el desmesurado proyecto de crear un congreso del mundo en el que estén representados todos los tipos humanos. El proyecto fracasa porque su...

Borges y los rankings de las universidades

Jorge Luis Borges, en su cuento “El Congreso”, narra el desmesurado proyecto de crear un congreso del mundo en el que estén representados todos los tipos humanos. El proyecto fracasa porque su...

Jorge Luis Borges, en su cuento “El Congreso”, narra el desmesurado proyecto de crear un congreso del mundo en el que estén representados todos los tipos humanos. El proyecto fracasa porque sus impulsores descubren que el universo -o incluso uno de sus componentes- es demasiado complejo para quedar contenido en una representación total y única. Borges vuelve al tema de la representación de la realidad, en otros cuatro cuentos “La biblioteca de Babel”, “El Aleph” ,”Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” y “ Del rigor en la ciencia” y en su ensayo “El idioma analítico de John Wilkins “. El semiólogo Umberto Eco también abordó esta cuestión en El vértigo de las listas.

Los rankings constituyen un tipo de clasificación que ordena elementos de mayor a menor con el propósito de establecer una jerarquía de valor

El intento de ordenar la realidad, que tanto interesó a Borges y a Eco, llegó a las universidades a través de los rankings globales. Los rankings constituyen un tipo de clasificación que ordena elementos de mayor a menor con el propósito de establecer una jerarquía de valor. Existen en el mundo más de 20.000 universidades, pero los principales rankings evalúan sólo unas 2000. Entre sus usuarios se encuentran: gobiernos, estudiantes, potenciales empleadores, patrocinadores, inversores privados y medios de comunicación. Los indicadores usados para elaborar los rankings suelen concentrarse en: el prestigio de la universidad entre académicos, empleadores y estudiantes; el número de citas recibidas por los trabajos de investigación de sus profesores o, por los artículos publicados en revistas de alto impacto; la proporción entre profesores y estudiantes; la presencia de docentes y de alumnos extranjeros y la interacción con instituciones de otros países.

En los rankings más influyentes, cerca del 50 % de la puntuación total de una universidad depende de indicadores vinculados al prestigio medido a través de encuestas o -en uno solo de los rankings - la cantidad de profesores y exalumnos que han obtenido el premio Nobel o la medalla Fields (matemáticas). El uso del indicador “prestigio” genera lo que se conoce como el “efecto San Mateo”. El Evangelio según San Mateo dice: “Porque al que tiene, le será dado y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”. Los rankings, con el uso del prestigio, tienden a favorecer a las universidades más conocidas o de élite, generalmente ubicadas en los países centrales. A su vez, se produce un mecanismo de retroalimentación positiva: las universidades mejor posicionadas aumentan su prestigio, lo que contribuye a mejorar su puntuación en las siguientes ediciones del ranking.

Al ser globales, los rankings no valoran las prioridades y necesidades nacionales y regionales

Por otra parte, los rankings globales no miden: la calidad de la enseñanza, la influencia de la investigación sobre los procesos de enseñanza-aprendizaje, el impacto social y los beneficios concretos de las investigaciones realizadas y la experiencia de los estudiantes. Al ser globales, los rankings no valoran las prioridades y necesidades nacionales y regionales. Hace unos días, la consultora internacional QS publicó su ranking mundial de universidades correspondiente a 2025. En esta edición, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) obtuvo el primer lugar a nivel global. Supongamos que trasladamos el MIT a cualquier ciudad de América Latina y lo instalamos allí tal como es hoy. ¿Obtendría los mismos resultados? José Ortega y Gasset ofreció en 1930 una posible respuesta a esta pregunta: “La escuela, como institución normal de un país, depende mucho más del aire público en que íntegramente flota que del aire pedagógico artificialmente producido dentro de sus muros... aunque fuesen perfectas la segunda enseñanza inglesa y la universidad alemana, serían intransferibles, porque ellas son sólo una porción de sí mismas. Su realidad íntegra es el país que las creó y mantiene”. Borges, en “El idioma analítico de John Wilkins”, reflexiona sobre las dificultades que aparecen al tratar de ordenar la realidad. No obstante, rescata el esfuerzo de quienes lo intentan: “La imposibilidad de penetrar el esquema divino del universo no puede, sin embargo, disuadirnos de planear esquemas humanos, aunque nos conste que estos son provisorios”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/borges-y-los-rankings-de-las-universidades-nid13072026/

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