Boca sufrió un golpe estruendoso, en una Bombonera incrédula, que lo condiciona a futuro
El golpe fue estruendoso. Y retumbó todavía más en una Bombonera incrédula, inmóvil, impotente, silenciosa, derrotada. Como ya le había pasado en el Clausura, el Boca de Claudio Úbeda volvi...
El golpe fue estruendoso. Y retumbó todavía más en una Bombonera incrédula, inmóvil, impotente, silenciosa, derrotada. Como ya le había pasado en el Clausura, el Boca de Claudio Úbeda volvió a fallar en los playoffs. Pero esta vez no fue en semifinales ni ante un rival de jerarquía: cayó 3 a 2 en el alargue frente a Huracán, uno de los peores clasificados a la fase final, y en la Bombonera, en una noche caliente, con polémicas, dos expulsados y dramática hasta el final. Aunque el partido parecía encaminado hacia otro final, el impacto es durísimo y condiciona lo que viene. En el mejor de los escenarios, el club llegará a cuatro años sin títulos locales, una sequía que no atravesaba desde hacía más de una década.
A Boca se le escapó un partido increíble. El primer tiempo fue todo suyo. Lo bueno y lo malo. Las llegadas, el gol anulado por offside de Miguel Merentiel -una decisión acertada del línea 1, Cristian Navarro- y también el 1 a 0 de Huracán, nacido de un error propio apenas a los cuatro minutos. El Globo había empezado mejor: más intenso, más rápido para mover la pelota en el medio y encontrar espacios detrás de los laterales. Pero no había generado peligro sobre el arco de Leandro Brey, finalmente titular pese al golpe sufrido frente a Barcelona, de Guayaquil. Hasta que Boca se equivocó solo. En un saque desde el arco, Brey comprometió a Milton Delgado, de espaldas, rodeado por tres rivales. El volante controló mal, Leonardo Gil reaccionó antes que todos, enganchó y la clavó junto a un palo para abrir el partido.
Huracán, que proyectaba un partido largo y cerrado, encontró demasiado rápido la ventaja y retrocedió varios metros. Boca reaccionó enseguida. No desde el juego, sino desde el empuje y la necesidad. Le costó enlazar pases y construir jugadas claras, más allá de algunas apariciones de Tomás Aranda, que insinuó más de lo que terminó resolviendo. Pero Boca empezó a encontrar espacios y, cuando eso ocurre, suele generar peligro aun jugando mal. Entonces, las chances comenzaron a aparecer una detrás de otra. Primero, con un cabezazo bajo de Merentiel; después, un remate potente de Delgado; más tarde, un frentazo de Lautaro Di Lollo al travesaño; luego, un derechazo cruzado de Santiago Ascacibar y, ya sobre el cierre, otro mano a mano del uruguayo.
El gran responsable de que Boca no empatara antes del descanso fue Hernán Galíndez, uno de los arqueros que aparecen en carpeta como posible refuerzo para junio en caso de que el club avance en la Copa Libertadores. Seguro arriba y abajo, firme en los centros y rápido para achicar, sostuvo a Huracán cuando el partido empezaba a jugarse demasiado cerca de su área.
La falta de eficacia privó a Boca de irse arriba al descanso. Ni siquiera sintió la salida de Adam Bareiro, que se lesionó tras intentar una pirueta en el área, en una acción que recordó a la sufrida por Edinson Cavani en 2025, también frente a Huracán y en la Bombonera. Sintió una molestia en el pubis, probó elongando en el banco, pero no pudo continuar. Milton Giménez ingresó por él, convirtió el gol anulado y también el 1 a 1 con el que Boca forzó el suplementario.
El Xeneize, que hasta la derrota con Cruzeiro acumulaba nueve partidos consecutivos marcando, se había quedado en cero en dos de sus últimos tres encuentros. Y volvió a convivir con ese problema. Porque además de fallar en la definición, muchas veces resolvió mal los ataques. Huracán, además, logró neutralizar a Lautaro Blanco, una de las principales vías ofensivas de Boca, y llevó el partido hacia el sector de Marcelo Weigandt, otra vez incómodo y errático. El lateral, cedido a Inter Miami tras la llegada de Diego Martínez en 2024, fue reemplazado en el entretiempo.
El segundo tiempo empezó con Huracán mejor parado, aunque más retrasado que en la primera mitad. Úbeda entendió rápido que el partido necesitaba otra cosa. Más allá del buen presente en el Apertura y de seguir dependiendo de sí mismo en la Copa, sabía que una derrota podía volver a instalar cuestionamientos. Entonces, movió el banco rápido. Apostó por Exequiel Zeballos, cuya salida ante Racing en las semifinales del Clausura había dejado su continuidad en duda. Esta vez, lo buscó como una carta ganadora para cambiar el partido.
Boca pasó a atacar con tres delanteros más Aranda suelto detrás, resignó equilibrio en el medio y asumió riesgos. El contexto lo pedía: Huracán, ordenado y disciplinado, también daba la sensación de ser un equipo pesado, sin demasiada velocidad para lastimar de contra.
Pero Boca se partió. Perdió la forma, el foco y también la paciencia. Paredes, el futbolista encargado de darle pausa y juego al equipo, cayó en la ansiedad general y abusó de los pelotazos, esta vez sin la precisión ni la lectura de otras veces. Zeballos, que había ingresado para desequilibrar por afuera, perdió casi todos los duelos y terminó encontrando su ocasión más clara lejos de su hábitat natural: apareció como centrodelantero y conectó un cabezazo de palomita, débil, fácil para Galíndez.
Boca lo buscó de casi todas las maneras posibles y terminó encontrando el empate de la forma más casual. Tras un mal despeje de puños de Galíndez, la pelota pareció rebotar en la espalda de Giménez y se metió en el arco para darle una vida más a Boca. El gol fue anulado en primera instancia por el asistente Juan Mamani, por una posible mano, pero el VAR, a cargo de Gastón Monsón Brizuela, llamó a Pablo Echavarría, que revisó la jugada y terminó convalidando el empate.
La Bombonera explotó y jugó su partido en los instantes previos al inicio del alargue. Era el momento de Boca, pero dos infracciones de Di Lollo -una falta leve contra Juan Bisanz y una mano en el área-, ambos bien cobrados por Oscar Romero, terminaron empujándolo a la eliminación. Boca jugó el segundo tiempo extra con dos hombres de más por las expulsiones de Eric Ramírez -patadón desde atrás a Aranda- y Fabio Pereyra, que vio la tarjeta por exceso verbal.
Compacto de Boca 2 vs. Huracán 3Boca llegó más, convirtió a Hernán Galíndez en figura y terminó con 36 remates, 11 de ellos al arco. Pero volvió a quedar condenado por sus propios errores. Y en menos de dos semanas, tras perder tres de sus últimos cuatro partidos, pareció regresar a foja cero: obligado a clasificarse en la Copa y otro torneo local con sabor a fracaso.