Boca jugó como para perder, casi lo empata al final y pasó en los penales: un respiro grande para un equipo que sigue en deuda
Boca no gana para sustos. Apenas cuatro días después del 0-3 ante Deportivo Riestra en el debut en el Torneo Clausura, volvió a sufrir más de la cuenta: no pudo sostener la ventaja en Chile, pe...
Boca no gana para sustos. Apenas cuatro días después del 0-3 ante Deportivo Riestra en el debut en el Torneo Clausura, volvió a sufrir más de la cuenta: no pudo sostener la ventaja en Chile, perdió 1-0 en los 90 minutos con O’Higgins y recién en los penales (4-3) consiguió el pase a los octavos de final de la Copa Sudamericana. Álvaro Montero, el arquero que había quedado apuntado tras la caída frente al Guapo, atajó un remate en la definición y Lautaro Blanco convirtió el decisivo para darle la clasificación al Xeneize, que deberá mejorar mucho si pretende sostener su ilusión de ser campeón. En octavos lo espera Recoleta, de Paraguay: la ida será en Buenos Aires, y la revancha, en Asunción.
Boca salió decidido a no tirarse atrás ni jugar el partido como si solo tuviera que defender la ventaja. Quiso ir a buscar otro gol. Al menos, desde la propuesta, más allá de los problemas para crear peligro. Con Tomás Aranda partiendo desde la izquierda y rompiendo hacia el centro, buenas sociedades con Lautaro Blanco e intentando adueñarse de la pelota en campo rival, el equipo de Rodolfo Arruabarrena dejó en claro desde el inicio que no pensaba resignar protagonismo. En ese primer tramo, en el que mostró cierta fluidez, logró acercarse al área rival, aunque sin remates al arco. La más peligrosa fue justamente de Aranda, que eludió a dos rivales, se metió en el área y sacó un derechazo que se desvió en un defensor.
Pero esa versión de Boca duró poco. Apenas O’Higgins se acomodó, empezó a hacerse dueño del desarrollo y, aun sin generar situaciones claras, dio la sensación de estar más cerca de romper el cero. Boca, sin la pelota, entró en confusión. No presionó, pero tampoco esperó. Quedó a mitad de camino. Intentó disputar el partido, aunque sin un plan claro y prácticamente sin contragolpe, con Sebastián Villa incómodo sobre la derecha y Miguel Merentiel, que nunca terminó de sentirse cómodo, como referencia.
En un campo de juego resbaladizo, en el que por momentos costaba hacer pie, los chilenos parecieron adaptarse mejor. Circularon la pelota con mayor velocidad, encontraron espacios y atacaron con mucha más decisión. Ahí apareció la peor versión de Boca: desacoples defensivos, una zaga central que nunca transmitió seguridad entre resbalones, llegadas tarde y malas decisiones, y un mediocampo que, pese a contar con Santiago Ascacibar, Leandro Paredes y Milton Delgado, jamás encontró orden ni consistencia, y pasó gran parte del tiempo corriendo detrás de los rivales. Al equipo le faltó coordinación entre líneas frente a un O’Higgins poco profundo, pero mucho más decidido, dinámico y prolijo en el manejo.
Lo mejor del partidoEl primer tiempo volvió a dejar en evidencia que Boca todavía es un equipo en construcción, una realidad que en un club donde cada partido se vive como una final puede convertirse en un riesgo importante. Se fue al descanso con la sensación de que necesitaba corregir varias cuestiones para no sufrir en el segundo tiempo, cuando O’Higgins inevitablemente iba a adelantar sus líneas en busca del empate.
Arruabarrena tomó nota y movió el banco al comienzo del segundo tiempo. Tras unos minutos con Villa por la izquierda, mandó a la cancha a Leonardo Flores, el juvenil que había dejado buenas sensaciones en los primeros partidos del ciclo y volvió a ratificarlas en Chile. Con Aranda más cerrado, liberado de buena parte del retroceso y con mayor participación en la elaboración, Flores le dio otra profundidad al ataque, con un par de corridas que obligaron a O’Higgins a tomar otros recaudos. Aranda, de todos modos, siguió siendo el jugador más peligroso de Boca: apareció de a ratos, desequilibró cada vez que encontró espacios y fue, junto a Flores, casi la única esperanza del equipo en el último tercio.
Boca, sin embargo, siguió siendo un equipo inconsistente. Y esa fragilidad volvió a quedar expuesta en la jugada del gol de O’Higgins: tras un lateral lanzado al área, Figal rechazó hacia el medio y González aprovechó el regalo para definir abajo ante Montero.
El 1-0 terminó de romper el partido y dejó los roles bien definidos. O’Higgins sintió que podía ganarlo, y Boca quedó obligado a apostar por las transiciones, con las corridas de Flores como principal argumento, aunque sin peso dentro del área. De hecho, el juvenil fue el único recambio de Arruabarrena en toda la noche. Aun con un desarrollo adverso, el entrenador hizo apenas una modificación, extremo por extremo, aunque tampoco tenía demasiadas variantes en el banco como para intentar cambiar la historia. Recién en el tramo final Boca consiguió arrinconar a O’Higgins y tuvo sus mejores chances: un remate bombeado de Flores que pegó en el travesaño, un tiro de Aranda que despejó Omar Carabalí, un cabezazo de Ayrton Costa que salió apenas desviado y otro intento de Aranda que volvió a exigir al arquero.
En la tanda, Montero atajó uno, O’Higgins falló otro y, después de que Aranda desperdiciara el primer match-point al picarla, Blanco le dio a Boca una clasificación tan valiosa como reveladora. Porque siempre es mejor corregir desde el triunfo. Pero el equipo confirmó que todavía está muy lejos de la versión que pretende Arruabarrena.