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Bad Bunny: de objeto de la “paranoia cultural” a símbolo de la resistencia y la alegría puertorriqueña

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Bad Bunny: de objeto de la “paranoia cultural” a símbolo de la resistencia y la alegría puertorriqueña

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Envuelto aún en el debate desatado por su show en el entretiempo del Super Bowl, y denostado a la vez por el presidente estadounidense Donald Trump e intelectuales como Martín Caparrós, Alejo Schapire y la colombiana Carolina Sanín, el cantante y compositor puertorriqueño Bad Bunny (Benito Antonio Martínez Ocasio), de 31 años, se presentará tres noches seguidas en la ciudad de Buenos Aires, a estadio lleno, en la cancha de River. El artista, cuyo impacto internacional ya se mide con el de estrellas del pop como Michael Jackson, llevó la música de Puerto Rico y de América Latina al centro del “imperio” del entretenimiento mundial: Estados Unidos. Para algunos investigadores, Bad Bunny es más que un cantante; además de compositor y productor, es la punta de lanza de quienes critican los efectos del colonialismo en Puerto Rico.

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Horas después de su presentación en el Super Bowl, que fue interpretada como una afrenta festiva a las políticas antilatinas del trumpismo (y al propio Trump, que echó pestes contra el show), la superestrella arribó el martes a Buenos Aires donde, al igual que en otras “capitales culturales”, se debatía la relevancia de su propuesta artística.

“Bad Bunny es también una versión del colonialismo y le es perfectamente útil al totalitarismo: es una de las tuerquitas aceitadas del sistema –opinó en la red social X la escritora colombiana Carolina Sanín–. Es el exótico juglar, amaestrado para el papel absolutamente inocuo de aparente contrariedad. Impresionante cómo todo el mundo alucina”.

Bad Bunny es también una versión del colonialismo y le es perfectamente útil al totalitarismo: es una de las tuerquitas aceitadas del sistema.
Es el exótico juglar, amaestrado para el papel absolutamente inocuo de aparente contrariedad.
Impresionante cómo todo el mundo alucina.

— Carolina Sanín (@SaninPazC) February 9, 2026

“Muy bueno lo de Bad Bunny –posteó el ensayista Alejo Schapire–. En cuanto al ‘mensaje’: una celebración de la heterosexualidad, la belleza hegemónica, el matrimonio y la familia tradicional. Y la diversidad del continente, resumida a ‘lo latino’, la caricatura made in USA”.

Ahora ya sé: qué suerte que Latinoamérica no es esto que Bad Bunny y Donald Trump nos quieren hacer creer. https://t.co/VGQNvJykxA

— Martín Caparrós (@martin_caparros) February 9, 2026

“¿En serio esta es la expresión cultural latina que queremos oponer a la violencia bruta y machista de Donald Trump? No sé qué decir", admitió el escritor Martín Caparrós.

El libro que estudia el fenómeno cultural

A comienzos de año, la filial mexicana del Grupo Planeta publicó el ensayo de las investigadoras estadounidenses de origen latino Vanessa Díaz y Petra R. Rivera-Rideau, P FKN R. Bad Bunny y la música como un acto de resistencia, con traducción de Aurora Lauzardo, donde se dimensiona y contextualiza el fenómeno cultural a través de entrevistas con músicos, políticos y periodistas. Llegará a las librerías argentinas en abril.

Como si respondieran en tiempo real a quienes desaprueban a Bad Bunny en redes sociales, las autoras señalan que el artista se ha convertido en objeto de la “paranoia cultural” de quienes lo juzgan como un vulgar y estereotipado “artista del reguetón y el perreo”. Por su música, Bad Bunny fue considerado “responsable” de los problemas sociales de Puerto Rico.

Amable recordatorio de que recién salió 'P FKN R: How Bad Bunny Became the Global Voice of Puerto Rican Resistance', de Vanessa Díaz y Petra R. Rivera-Rideau, editado por @DukePress, que tiene en su catálogo un par de libros maravillosos sobre reggaetón. Yo ya encargué el mío. pic.twitter.com/s0uZy2IYni

— Pablo Rendón (@pagusrendon) February 9, 2026

“La vulgaridad o la percepción de vulgaridad también fueron clave en las protestas masivas de 2019 en Puerto Rico (también conocidas como el Verano Boricua), en las cuales el perreo era una forma de protesta –recuerdan las investigadoras–. La naturaleza explícita del perreo ha hecho del baile un tema de preocupación, de desprecio y hasta de una campaña de censura”. Puntualizan que, en sus canciones y videos, Bad Bunny desafía los roles de género, la misoginia, la homofobia, la transfobia y la “masculinidad tóxica”.

La música no es lo único que ha hecho de DeBÍ TiRAR MáS FOToS el álbum más puertorriqueño de Bad Bunny –sostienen en la introducción–. Esta es quizás su obra más politizada hasta el momento. El álbum celebra la resistencia y la alegría puertorriqueñas, al tiempo que ofrece críticas políticas mordaces al colonialismo estadounidense en Puerto Rico. La campaña mediática que precedió al lanzamiento del álbum incluyó un cortometraje de doce minutos protagonizado por el actor y director de cine puertorriqueño Jacobo Morales y una figura animada del sapo concho, un sapo crestado endémico de Puerto Rico que está en peligro de extinción. Como muchas de las letras del álbum, el cortometraje aborda la gentrificación de Puerto Rico, que, como comentaremos más adelante en este libro, es devastadora para la cultura, la tierra y la gente del archipiélago. DeBÍ TiRAR MáS FOToS fue tanto una obra maestra musical como un grito de guerra político, firmemente arraigado en la cultura, las preocupaciones y las tradiciones de los puertorriqueños”.

Bad Bunny, afirman las autoras, “sigue comprometido con Puerto Rico y los puertorriqueños” y utiliza su fama “para arrojar luz sobre los problemas a los que se enfrenta su tierra natal”.

Consignan además que la vida del artista, hijo de un puertorriqueño y una dominicana, “ha estado marcada por una serie de crisis políticas, económicas y sociales en Puerto Rico, tales como la ruinosa crisis de la deuda, el deterioro de las infraestructuras y la omnipresente corrupción gubernamental”, amén de las protestas de los puertorriqueños frente a sus continuas realidades coloniales.

Para el título del libro, las investigadoras tomaron prestado el del tema “P FKN R”, abreviatura del improperio “Puerto ‘Fucking’ Rico”, que refleja “el efecto del colonialismo estadounidense en el español y la cultura de Puerto Rico”, observan. “P FKN R refleja la imposición cultural estadounidense y es también una frase omnipresente en el repertorio de Bad Bunny –sostienen–. Representa las luchas y la alegría de los puertorriqueños, así como la dualidad de la vida en el archipiélago: se refiere tanto a lo positivo como a lo negativo. Es una expresión de orgullo por la puertorriqueñidad, pero también de frustración por los problemas que el colonialismo ha traído al archipiélago”. Esa dicotomía habría influido en todo el arte de Puerto Rico.

No todos los intelectuales objetaron a Bad Bunny. En su página de Facebook, el crítico cultural Daniel Molina escribió: “He visto todos los malos argumentos usados para defenestrar a Bad Bunny. Por ejemplo, que solo es la versión aceptada por el imperialismo de lo que es lo latinoamericano: perreo, sexo y hombres que se abusan de las mujeres y son todos vagos. Esto es inaudito si vieron el show del Super Bowl y mucho más si vieron alguna actuación en vivo de Bad Bunny. Es justamente lo contrario. ¿Hay alusiones sexuales? Sí, porque en su cultura es algo natural, alegre y divertido. No son puritanos ni tienen miedo de rozarse y tocarse. Sé que mucha gente detesta todo lo sexual, pero para mucha otra es parte de la vida. De lo mejor de la vida”.

Y prosigue: “Otra cosa que se dice mucho es que es estúpido correlacionar popularidad con calidad porque un artista muy festejado ahora en unas semanas ya no lo recuerda nadie . En los últimos 7 años Bad Bunny hizo bailar a miles de millones de personas en casi todos los países del planeta. No recuerdo un artista que haya logrado algo parecido en toda la historia registrada desde Sumeria”.

También en Facebook, y sin eufemismos, el escritor Gabriel Reches se refirió a uno de los temas de la semana. “El nivel de resentimiento y superficialidad con que un grupo de opacados se cree iluminado y apenas pretende autoaulumbrarse un poco y masturbarse mutuamente en las redes con los restos de la llama de un conejo. Por dios. Cuánto me recuerda este tipo de máscara odiante de autoafirmación a la estirpe libertaria a la que, quiérase o no, pertenecen en términos culturales. Bad Bunny parece culpable de que todos los procesos revolucionarios y la mayoría de los reformistas hayan implotado en Latinoamérica; culpable de que no asome una opción audaz de poder, capaz de aglutinar voluntades y meter un giro pronunciado a este camino espantoso que transitamos. ¿Qué tanto menos ‘funcional al sistema’ es dedicar días de escritorio a esparcir bilis contra un artista popular porque apenas con una perfo delata el vacío de ideas de toda una clase política?”.

Un hecho es político por la capacidad que tiene de transformar al espectador. Es político porque moldea la percepción y construye nuevas creencias desde lo colectivo. Como decía Bourdieu, esto es el poder simbólico que tiene una acción política. El mejor ejemplo ha sido el…

— Maria Florencia Freijo (@florfreijoo) February 9, 2026

La politóloga María Florencia Freijo destacó otro aspecto del show de Bad Bunny en el Super Bowl. “Lo político que fue el concierto de Bad Bunny por favor, cada símbolo, cada elección de la historia que iban contando. Los cuerpos latinos, las banderas, Lady Gaga adaptándose a lo latino y no al revés. La variedad de sonidos y estilos. Mostrar que somos la alegría compartida con los amigos, las referencias a otros artistas y su generosidad. Imposible no sentirse conmovida“, sostuvo. En otra publicación en la red social X, recalcó que el concierto había tenido lugar en Estados Unidos, donde las brigadas antiinmigratorias de ICE aterrorizan a los migrantes latinos.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/bad-bunny-de-objeto-de-la-paranoia-cultural-a-simbolo-de-la-resistencia-y-la-alegria-puertorriquena-nid13022026/

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