Asumió como presidente hace tres meses y su mandato ya está en jaque: el escándalo vuelve a golpear a la política de Perú
No parecía una misión imposible: el líder del Congreso, José Jerí, designado presidente interino en octubre pasado, tenía por delante una gestión de solo nueve meses y pasar la posta al gana...
No parecía una misión imposible: el líder del Congreso, José Jerí, designado presidente interino en octubre pasado, tenía por delante una gestión de solo nueve meses y pasar la posta al ganador de las próximas elecciones de abril. Pero, como no podía ser de otra manera en Perú, el asunto se enturbió a medio camino y Jerí se vio envuelto en un escándalo que puso en jaque su corto mandato.
La filtración de dos reuniones con un empresario chino, fuera de la agenda oficial, lo expuso al ojo de la tormenta y a seguir los pasos de la destituida Dina Boluarte, a quien había reemplazado, y de otros líderes en desgracia: Perú ha tenido siete presidentes desde 2016 por renuncias o destituciones.
En un país donde la expulsión de presidentes parece haberse convertido en deporte nacional, ahora también es difícil completar una mínima gestión interina. Jerí quedó expuesto en dos videos consecutivos, filtrados a la televisión, donde se lo ve de visita a locales comerciales del empresario chino. En uno de ellos intenta disimular, malamente, su presencia.
La primera reunión fue en un restaurante de comida china, llamados “chifas” en Perú, donde se cubre con una capucha para tratar de ocultarse en la entrada. En un segundo video, los dos hombres están en un bazar de productos varios, donde Jerí esta vez va sin capucha, aunque con lentes oscuros incluso dentro del local. El mandatario pidió disculpas públicas en las redes sociales por la primera reunión y su entrada encapuchada. Pero tras salir el segundo video, la situación se oscureció más que sus lentes.
“En el Perú, la inercia política es más fuerte que los propios actores políticos. Esta vez, le tocó el turno a José Jerí. La prensa reveló que había tenido reuniones con empresarios chinos, tanto en el Palacio de Gobierno como fuera de él, las últimas no registradas formalmente. Sobre estos vínculos caen la sospecha de tráfico de influencias y patrocinios ilegales”, dijo a LA NACION el politólogo peruano Carlos Meléndez, investigador en la Universidad de Lisboa.
“Dado que estamos en plena campaña electoral (68 de los 130 congresistas postulan a la reelección), algunos postulantes han exigido su renuncia para enarbolar la bandera de la lucha contra la corrupción”, añadió sobre los pedidos de remoción en danza desde distintas bancadas. El bloque de su partido, Somos Perú, tiene solo diez congresistas, una endeble barrera si pretende ofrecer resistencia a la embestida de otros sectores. Por el lado de la Justicia, la Fiscalía General inició diligencias preliminares y reservadas.
Lo que está en discusión es qué se conversó exactamente. Llamó la atención la inocente justificación que ofreció el presidente: sobre la primera cita dijo haber ido a una cena para planificar los festejos del día de la amistad entre China y Perú. En la segunda, dijo que fue de compras, como lo hacía siempre, y que entre otras cosas se llevó caramelos y cuadros. Y encima el bazar estaba clausurado por la municipalidad de Lima por vender productos sin autorización. Días después, una norma del gobierno permitió la reapertura.
Suspicacias y dudas“Admito mi error y pido disculpas públicas por haber ingresado de la manera que lo hice encapuchado, y que ello haya dado pie a generar suspicacias y dudas sobre mi comportamiento”, dijo en las redes sociales sobre la primera cita. No hubo una segunda disculpa inmediata sobre el bazar, donde conversa con su anfitrión y luego discute con otra persona por teléfono.
En una comparecencia en el Congreso, vinculó las filtraciones con un intento de “generar caos, generar desestabilización, en el marco de un proceso electoral ya convocado” para las presidenciales de abril, y dijo que las investigaciones dirán quién armó la operación.
Zhihua Yang, el dueño de los locales, es un hombre de negocios de la región china de Fujian que vive en Perú desde el año 2000 y maneja 11 empresas, entre ellas una hidroeléctrica, una empresa de construcción y una importadora de productos. La clave del escándalo de las reuniones en el chifa y el bazar con el presidente es que ha sido contratista del Estado.
El diario La República aventuró en una nota que el presidente Jerí se había acercado a los locales de “Johnny Yang”, como también se lo conoce en el ambiente, porque así se maneja el empresario cuando habla de negocios.
“Si quieres pedirle un favor al Tío Johnny Yang, o que te resuelva un problema, tú tienes que ir a buscarlo personalmente”, dijo un amigo de su entorno. “Johnny siempre impone los términos de la relación, incluso si es él quien pide que le devuelvan un favor. Tú solo debes aceptar”.
Las reuniones clandestinas coincidieron con el avance de proyectos legislativos para exonerar de impuestos a la importación de cámaras de vigilancia y con licitaciones donde las empresas de Yang tienen intereses y antecedentes... aunque no siempre necesariamente buenos. Los medios se refirieron con severidad a los “dudosos negocios que realiza este señor”: en el caso más conocido, en 2023 se adjudicó una concesión para construir una hidroeléctrica que se quedó a medio hacer.
Cuestionado en el Congreso, investigado en la Justicia, la actualidad de Jerí difiere en mucho de lo que sucedía hace solo unas semanas, antes del 26 de diciembre, el fatídico día de la capucha.
“Los sistemas informativos se preparaban a dar cuenta de los 100 días del gobierno transitorio de José Jerí, que había hecho la sucesión constitucional tras la vacancia de Dina Boluarte. Y la circunstancia era favorable. Tenía más de 50% de aprobación, un número bastante apreciable luego que Boluarte se fuera solo con 3% de aprobación, un nivel de rechazo increíblemente alto”, dijo a LA NACION el analista político Luis Benavente, director de la consultora Vox Populi.
“Viene Jerí y comienza a conectar con la ciudadanía, a adoptar un estilo informal, a intervenir en algunos temas de interés público como la seguridad ciudadana. Había pasado una prueba bastante difícil. Y lo que tuvo que ser un festejo por los 100 días, una celebración se convirtió en algo terrible para el presidente, en una pesadilla”, añadió.
Si bien Jerí perdió apoyos entre sus socios de coalición, también se oyeron voces entre legisladores opositores de que “no se puede cambiar de presidente cada dos o tres meses”. Fue como un mea culpa desde un Congreso cuyo principal pasatiempo, en los últimos años, ha sido básicamente reemplazar presidentes a voluntad, algunos más justificados que otros.