Así se diseñó el jardín de un arquitecto modernista en Guadalajara pensado para crecer con el tiempo
“Sabíamos que este tenía que ser un jardín distinto. El arquitecto Andr...
“Sabíamos que este tenía que ser un jardín distinto. El arquitecto Andrés Escobar -dueño de la casa y autor de su diseño—, nos alentó a experimentar, y así lo hicimos”, contó Cony Lupercio Rojo, de Perimetral, estudio a cargo del paisajismo de la casa familiar del arquitecto en Guadalajara, México.
jardin Guadalajara1.mp4“Uno de los objetivos principales fue generar un diálogo armónico entre el interior y el exterior de la casa, traduciendo esta visión arquitectónica en un paisaje coherente”, explicó Lupercio del proyecto que tomó dos años.
“Luis Barragán tenía una frase que siempre me acompaña: ‘Un jardín bien logrado debe contener, nada menos, que el universo entero’. Ya sea un proyecto de pequeñas o grandes dimensiones, el desafío es el mismo: una búsqueda que trasciende los metros cuadrados y apunta a darle alma al espacio”, señaló.
Pulso mediterráneoCon quince años de trayectoria, el jardín diseñado por Perimetral para Andrés y su familia fue el primero con un marcado sello mediterráneo: sin pasto y articulado a partir de una serie de senderos de losas blancas de concreto que conviven entre suaves montículos vegetados.
jardin Guadalajara3.mp4“Él quería que pasaran cosas en su jardín. Al comienzo trabajamos con un diagrama de burbujas y, con el tiempo, ese esquema evolucionó hacia el círculo, una geometría que nos interesa especialmente en el estudio. Es una forma dura y potente, pero a la vez flexible. Además, no es direccional: se puede ingresar desde cualquier punto y siempre tiene la capacidad de reorientarte”.
El proyecto integra árboles, un desayunador exterior, mobiliario concebido para el descanso y la contemplación, una gran galería, una pileta y una fuente de piedra, que en conjunto dan vida al espacio. En sintonía con lo mediterráneo, se incorporó gravilla filtrante, que optimiza el uso del agua y reduce el mantenimiento del jardín.
Refugio polinizadorLa paleta vegetal combina especies arbóreas como arrayanes (Luma apiculata), fresnos (Fraxinus), guayabos (Psidium cattleianum) y sangres libanesas (Euphorbia cotinifolia), junto con una cuidada selección de plantas aromáticas, comestibles y polinizadoras, que aportan biodiversidad, fragancia y vida al jardín a lo largo del año.
El jardín no fue concebido como un simple adorno, sino como parte de un ciclo natural de sustentabilidad que atraviesa toda la casa. Desde la selección de las especies, se priorizó el equilibrio ecológico: no todas son autóctonas, pero muchas fueron elegidas por su capacidad de atraer polinizadores como mariposas, abejas y colibríes. Salvias, pastos y romeros conforman una paleta que dialoga con los muros y el color de la casa, aportando contraste, movimiento y vida.
La pileta, concebida como un espejo de agua, se complementa con una pila escultórica de cantera, diseñada especialmente como un punto focal que se ve desde el interior de la casa. Tallada en piedra natural y trabajada como una fuente, el cubo permite que el agua se vacíe y caiga sobre pequeñas piezas de recinto, incorporando al jardín el sonido sutil y constante del agua como elemento sensorial.
Riego conscienteEl jardín cuenta con gravilla filtrante y un sistema de riego inteligente equipado con sensores de lluvia y humedad, que permiten regular el uso del agua de manera precisa. De este modo, el riego no se activa por horarios fijos, sino únicamente cuando las condiciones del suelo lo requieren. Todo el espacio —incluido el frente de la casa— está monitoreado: si el día estuvo nublado o la humedad es suficiente, el sistema no riega automáticamente, optimizando así el consumo de agua.
Para el control de los mosquitos, se incorporó un sistema sonoro que emite una frecuencia específicamente diseñada para ahuyentar al insecto.
“Andrés es un arquitecto sui generis y un firme defensor del paisajismo. Supo adaptarse por el bien del proyecto, desde una mirada generosa y compartida del paisaje. Nos dio la libertad para experimentar como equipo y la motivación para ir un paso más allá”, relató Juan Pablo Lupercio Rojo, director creativo de Perimetral.
Conservar para crecerMientras la casa estaba en etapa de fundación, se tomó la decisión de preservar los árboles existentes. Fueron extraídos, preparados y reimplantados luego de los primeros movimientos de tierra. “Regresamos un año después para volver a plantarlos, acompañando así el proceso de principio a fin. Por lo general, el resto de las plantas se coloca apenas unos quince días antes de la mudanza, pero este no fue el caso: Andrés quería que todo comenzara a crecer desde el primer momento”, recordó Juan Pablo.
“Diseñar un jardín es un proceso vivo, uno que nunca se termina. Como paisajista, proyectas a futuro: plantas un árbol pequeño sabiendo que crecerá, que dará sombra y que con el tiempo sucederán ciertas cosas. El paisaje sorprende y se transforma de manera constante; ahí radica, justamente, lo más interesante del proceso”.
Más allá de su condición ornamental —que sin duda la tiene—, este espacio funciona como una extensión viva de la casa. Existe un diálogo permanente entre el interior y el exterior, potenciado por una arquitectura que lo permite: grandes ventanales que se abren y conectan la sala con el paisaje.
“Habitualmente se ve la foto del proyecto terminado, pero lo que verdaderamente importa es todo el proceso creativo que hay detrás. En Perimetral trabajamos con jardines de distintas escalas, y este en particular nos permitió abordarlo desde una lógica casi artesanal y con foco en el detalle”.
Para cada proyecto, el equipo de Perimetral realiza un estudio solar específico del lugar, analizando su vegetación, fauna, tipos de recubrimiento, impacto ambiental, uso del agua y capacidad de infiltración. “Quienes trabajamos en paisajismo sabemos que es todo menos soft. Es un trabajo arduo, técnico, y creo que todavía se lo romantiza demasiado. Por eso es importante volver a entender el paisaje como algo vivo, en constante cambio”, señalan desde el estudio.
“Es uno de esos jardines a los que da gusto volver: con el tiempo se vuelve cada vez más lindo y confirma esa evolución que uno imaginó desde el inicio”.