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Antoni Gaudí, el modernista que buscaba reflejos del orden divino

¿Cómo sería la ciudad de Barcelona si no hubiera existido el arquitecto Antoni Gaudí (1852-1926), genio del modernismo? ¿O si no hubiera ejercido su profesión o no hubiera dado con un mecenas...

Antoni Gaudí, el modernista que buscaba reflejos del orden divino

¿Cómo sería la ciudad de Barcelona si no hubiera existido el arquitecto Antoni Gaudí (1852-1926), genio del modernismo? ¿O si no hubiera ejercido su profesión o no hubiera dado con un mecenas...

¿Cómo sería la ciudad de Barcelona si no hubiera existido el arquitecto Antoni Gaudí (1852-1926), genio del modernismo? ¿O si no hubiera ejercido su profesión o no hubiera dado con un mecenas como el empresario y político catalán Eusebio Güell? Hoy no es pensable Barcelona sin Gaudí.

La basílica de la Sagrada Familia, combinando formas naturales y estructuras góticas, es uno de los monumentos más visitados de España, con 18 torres, un interior diseñado como un bosque. Gaudí i Cornet veía la naturaleza como creación de Dios y diseñó columnas como troncos de árboles y ventanas como la luz del sol a través de las hojas. El 10 de este mes, en el centenario de la muerte del arquitecto, se inauguró oficialmente la Torre de Jesucristo, que convierte a la Sagrada Familia en la iglesia más alta del mundo. La ceremonia fue presidida por el Papa León XIV, quien bendijo esta estructura.

Por otra parte, para Gaudí la perfección matemática reflejaba el orden divino. Hablaba de la conjunción de belleza y verdad, como le hubiera gustado a Tomás de Aquino o como concebía el arte el filósofo francés Jacques Maritain.

Luis Grossman, que había dirigido el suplemento arquitectura de este diario, tan apreciado por todos los que lo leímos y lo tratamos, explicaba que si bien “por razones espirituales y de magnitud” Gaudí es fundamentalmente conocido por la Sagrada Familia de Barcelona, “en la Casa Milá tuve ocasión de experimentar lo que podría designar como la quintaesencia del goce arquitectónico. Se realizaba entonces una exposición de Salvador Dalí que ocupaba todo el inmueble, incluyendo la terraza. Y debo decir que mi mujer y yo tuvimos el privilegio, que se da muy pocas veces, de captar ese deleite que eriza la piel y emociona hasta las lágrimas”.

Señala Grossman que si bien Cataluña tiene sobrados motivos de orgullo en su historia del arte, “la presencia extraña, casi irritativa, de don Antoní Gaudí, honra a esa tierra y añade toques de quimera y poesía a un pueblo que se ufana de su practicidad y positivismo”

Suele ser considerado el gran maestro del modernismo catalán, pero hay que observar que sus obras se inspiran principalmente en la geometría y la naturaleza: estudió formas geométricas naturales y anárquicas, buscando la manera de plasmarlas en la arquitectura.

En una nota publicada en mayo de 2015 por la BBC, firmada por Jo Fidgen y William Kremer, se citaban las observaciones de dos especialistas. “La iluminación me ensimisma, me invita a la introspección”, afirmaba la historiadora del arte catalana Lourdes Cirlot. Según ella, el edificio “provoca un estado próximo al éxtasis místico”. El periodista Josep Maria Tarragona, por su parte, encargado de escribir una detallada biografía de Gaudí para el proceso de beatificación, añadió: “La vida de Gaudí es la de un cristiano ejemplar, la vida de un santo”.

Fue una persona polémica para el proyecto de la Sagrada Familia porque no era entonces católico practicante. Pero eso empezó a cambiar a medida que la monumental basílica fue tomando forma.

Tarragona cree que fue mientras trabajaba en la representación de la natividad para la fachada cuando el arquitecto descubrió a la persona de Jesucristo. Poco a poco, su vida comenzó a seguir un modelo ascético.

Ciertamente supo integrar en su arquitectura la mística cristiana con la naturaleza que tanto admirab

Nunca se casó, aunque eso no tuvo nada que ver con su religión, según el biógrafo citado: “Era simplemente desafortunado en el amor”. Se sabe que sólo se mostró enamorado de una mujer, Josefa Moreu, en 1885, pero que no fue correspondido.

En el final de su vida, cuando lo atropelló un tranvía en junio de 1926, la gente pensó que era un mendigo, por su ropa tan descuidada. Gaudí murió tres días después, dejándole su patrimonio a la basílica.

Fue proclamado “venerable” por el papa Francisco el año pasado. Ciertamente supo integrar en su arquitectura la mística cristiana con la naturaleza que tanto admiraba. Los últimos años de su vida los dedicó exclusivamente a la construcción del templo, al que definía como una “Biblia de piedra”. Finalmente, en 2010 hubo una señal de la Iglesia cuando el papa Benedicto XVI consagró la Sagrada Familia y alabó la creatividad del arquitecto modernista.

Tres Papas visitaron la basílica: Benedicto XVI, que inauguró el templo en noviembre de 2010; Francisco, cuya última decisión como Papa, el 14 de abril, fue declararlo “venerable”, y León XIV.

Cuando a Gaudí le preguntaban, con impaciencia, cuándo terminaría la basílica, él respondía: “Mi amo no tiene prisa...”.

“El arte gótico –llegó a decir– es imperfecto, es un estilo creado por el compás, una repetición industrial y formulística. Su estabilidad depende del constante apoyo de los contrafuertes: es un cuerpo defectuoso sostenido con muletas. La prueba de que las obras góticas tienen una plasticidad deficiente es que producen su mayor efecto emocional cuando están mutiladas, cubiertas de hiedra e iluminadas por la luna”. Y, en este sentido, fue un profundo innovador del arte gótico.

Gaudí (vegetariano de salud precaria) cambió de domicilio con frecuencia. Finalmente, en 1906, se instaló en la casa del Parque Güell que poseía y allí vivió con su padre (fallecido en 1906 a los 93 años) y su sobrina Rosa Egea Gaudí (fallecida en 1912 a los 36 años). Vivió en la casa hasta 1925, varios meses antes de su muerte, cuando empezó a residir en el taller de la Sagrada Familia.

Refieren que “la apariencia personal de Gaudí cambió radicalmente con el paso del tiempo. De joven, vestía como un dandi con trajes caros, lucía un cabello y una barba impecables, se dejaba llevar por el buen gusto, visitaba con frecuencia el teatro y la ópera y recorría las obras de sus proyectos en un carruaje de caballos. El Gaudí mayor comía frugalmente, vestía trajes viejos y desgastados, y descuidaba su apariencia”.

La posición de Gaudí en la historia de la arquitectura es la de un genio creativo que, inspirado por la naturaleza, desarrolló un estilo único que alcanzó la perfección técnica y un alto valor estético.

La labor del artista catalán goza de admiración mundial y es objeto de permanente estudio.

En el estupendo libro L’Art Nouveau en Catalogne del historiador francés Francois Loyer hay numerosas páginas dedicadas a Gaudí y su obra.

El arquitecto y crítico italiano Bruno Zevi (1918-2000) revalorizó a Antoni Gaudí al enmarcarlo dentro de su teoría de la “arquitectura orgánica”, posicionándolo como un precursor fundamental para superar la modernidad rígida en siglo XX.

La relación entre el filósofo alemán Friedrich Schelling (1775-1854) y Antoni Gaudí, muchas veces citada, se fundamenta en la interpretación de la obra del arquitecto catalán a través de la filosofía idealista y romántica del pensador alemán, conectando la naturaleza, el arte y lo absoluto.

Schelling consideraba el arte como la única revelación eterna, donde el artista imita la producción absoluta de la naturaleza. Esta visión encaja con Gaudí, quien veía la naturaleza como la creación de Dios y buscaba plasmarla en su arquitectura.

La relación entre Antoni Gaudí y el ensayista italiano Umberto Eco se centra en el análisis semiótico de la arquitectura, donde la obra de Gaudí, especialmente la Cripta Güell, es examinada bajo los conceptos de simbolismo y laberinto de Eco. Eco aplica su teoría de la arquitectura como sistema de signos a la compleja, orgánica y simbólica forma arquitectónica de Gaudí.

La influencia de Antoni Gaudí en Buenos Aires se manifiesta a través del Art Nouveau catalán, destacando principalmente en el barrio de Balvanera. El ingeniero Eduardo Rodríguez Ortega, admirador de Gaudí, construyó el Palacio de los Lirios (Av. Rivadavia 2031) y un edificio con una cúpula vidriada que rinden homenaje al estilo curvo y naturalista del maestro español.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/antoni-gaudi-el-modernista-que-buscaba-reflejos-del-orden-divino-nid20062026/

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