Al PBI mundial no le entran las balas. ¿Será cierto?
Que cierran el Estrecho de Ormuz, que lo reabren; se anuncia un cese del fuego en Medio Oriente, pero siguen los ataques; y el conflicto armado entre Ucrania y Rusia dejó de monopolizar la tapa de...
Que cierran el Estrecho de Ormuz, que lo reabren; se anuncia un cese del fuego en Medio Oriente, pero siguen los ataques; y el conflicto armado entre Ucrania y Rusia dejó de monopolizar la tapa de los diarios, pero lamentablemente continúa vivo. A todo esto, hace 90 días el FMI había pronosticado que durante el año en curso el PBI mundial habrá de crecer 3,1%; y ahora dice que crecerá 3%. ¿A qué le prestamos atención para adoptar decisiones, a los canales de noticias o al referido documento del Fondo?
Al respecto conversé con el norteamericano Jude Thaddeus Wanniski (1936 - 2005), quien estudió ciencia política y periodismo en la Universidad de California, sede Los Ángeles. Trabajó como columnista político en The Las Vegas Review y después en el Wall Street Journal. Según Douglas Martin, inspirado en Robert Alexander Mundell, a comienzos de la década de 1970 Wanniski acuñó la expresión “economía del lado de la oferta” (supply-side economics), a lo cual agrega Richard Brookhiser, que Arthur Betz Laffer y Mundell inventaron la teoría; Robert Bartley, Irving Kristol y Robert Novak la difundieron, pero que Wanniski fue el más enérgico de todos.
-¿A qué se denomina “economía del lado de la oferta” y cuál fue su aporte?
-La macroeconomía de corto plazo, que nació con La teoría general de John Maynard Keynes, explica la determinación del nivel de actividad económica por el consumo y la inversión privadas. Lo que podríamos denominar “economía del lado de la demanda”. Entendible durante la Gran Crisis de la década de 1930. En contraposición, la economía del lado de la oferta plantea la idea de que la reducción de las alícuotas del impuesto a los ingresos estimularía la inversión productiva, la producción y el crecimiento económico. Como bien señala Martin, fui un feroz y nada convencional entusiasta del enfoque, desde los puntos de vista intelectual y marketinero. Emprendí la campaña redactando miles de artículos periodísticos, siendo los más influyentes los editoriales que durante la referida década publiqué en el Wall Street Journal. La idea se volvió famosa en 1974, cuando alrededor de una mesa me junté con Laffer y Dick Cheney, y el primero dibujó en una servilleta la curva que la literatura asocia con su apellido.
-¿Se aplicó alguna vez?
-No parece, más allá del interés periodístico y académico. Stanley Fischer sostenía que la reactivación verificada durante la presidencia de Ronald Reagan obedeció a razones mucho más convencionales que las de la economía del lado de la oferta. Si algún estudiante de economía está buscando tema para su tesis, bien podría responder esta pregunta con algún grado de precisión.
-¿Qué es la curva de Laffer?
-Imagine un gráfico bidimensional en cuyo eje horizontal se mide la recaudación impositiva y en el vertical la alícuota de, digamos, el IVA. Si esta última es cero, la recaudación será cero; y si la alícuota es tan alta que nadie comprara ningún producto gravado, la recaudación también será cero. En niveles intermedios de la alícuota, la recaudación es positiva, generando una curva donde dos alícuotas generan un mismo nivel de recaudación.
-La curva de Laffer es el instrumento preferido de los peticionantes.
-Porque se acercan a los funcionarios y les dicen que, como hay dos alícuotas impositivas que generan la misma recaudación, una reducción de aquellas no tiene por qué afectarla. Los recaudadores entienden el razonamiento, pero lo miran con recelo y rara vez lo aplican, porque, ¿cómo saber si, en un caso específico, la alícuota vigente es la mayor y no la menor?
-Aun para un número tan grande como el del PBI mundial, entre 3,1% y 3% de crecimiento no hay diferencia.
-Así es. Del documento sobre el cual estamos conversando surgen dos ideas principales. La primera es que los acontecimientos que aparecen todos los días en los medios de comunicación, como la variación de los precios del petróleo, como los de los productos que viajan por el estrecho de Ormuz, no hacen mella en el nivel global de la producción. Lo cual puede sorprender, pero la sorpresa no debe llevarnos a cuestionar una estimación, sino, en todo caso, verificarla.
-¿Cuál es la otra idea?
-Que el pronóstico que no se modificó ratifica el crecimiento del PBI mundial. Pronóstico que se extiende para el año próximo, porque para 2027 el FMI aumentó en 0,2 puntos porcentuales su pronóstico de crecimiento, al pasarlo de 3,2% a 3,4%.
-¿Alguna novedad, desde el punto de vista geográfico?
-Por aplicación de la ley de los grandes números, según la cual, como algunos pronósticos pifian por exceso y otros por defecto, el pronóstico de un agregado siempre está sujeto a menor error que el de los rubros que lo componen, le presto atención al PBI mundial y no al de países específicos. Comprendo el interés que en la Argentina existe por saber qué pronostica el FMI sobre el PBI de ustedes, pero me permito recordarles que el Fondo no sabe sobre ustedes más que ustedes y, no se ofenda, pero ustedes sobre ustedes no saben mucho que digamos.
-Buen punto, pero insisto.
-Sin llegar a países específicos, el documento del FMI muestra que tanto la minúscula reducción de la tasa de crecimiento para 2026 como el pequeño aumento para 2027 están uniformemente distribuidos entre economías avanzadas y emergentes, y dentro de esta categoría entre las de Asia, Europa y América Latina.
-¿Puede ser que estemos a las puertas de una recesión mundial y ni siquiera el FMI lo sepa?
-Puede ser, porque el mundo de lo posible es muy vasto. Pero, más allá del atractivo intelectual que a algunos les generan los escenarios extremos, el mundo de lo posible es muy poco útil a la hora de adoptar decisiones. Es posible que el precio del petróleo se quintuplique, que el precio de los bonos del tesoro norteamericano pierda la mitad de su valor, como también es posible que se derrumbe el edificio en el que vivo. Pero no tengo bidones de petróleo en la cocina de mi departamento, ni estoy dispuesto a rifar los títulos emitidos por Tío Sam que tengo en mi poder, y mucho menos mudarme a un campo lejano. ¿Y si ocurre? Me joderé.
-Si la recesión mundial ocurriera, ¿habría alguna forma de neutralizarla?
-Sí, pero. La crisis subprime de 2008, como la generada por el Covid, mostró un enorme grado de colaboración entre los gobiernos de los países más desarrollados. Entendible respuesta de corto plazo, frente a “un mundo que se venía abajo”. El problema fue la resultante enorme emisión de deuda pública, que siempre es una espada de Damocles. Repetir este tipo de intervención, frente a un nuevo desafío, resultará cada vez más difícil. Esperemos que no haya que poner a prueba esta hipótesis.
-Don Jude, muchas gracias.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/al-pbi-mundial-no-le-entran-las-balas-sera-cierto-nid26072026/