Ahora que en Italia es invierno
Ver patinaje sobre hielo para mí es como ver Rocky IV. No importa la hora, no importa mi cansancio, no importa el plan previo; si lo encuentro en la televisión, lo miro. No me puedo ir. El blanco...
Ver patinaje sobre hielo para mí es como ver Rocky IV. No importa la hora, no importa mi cansancio, no importa el plan previo; si lo encuentro en la televisión, lo miro. No me puedo ir. El blanco desértico del hielo, los trajes, los brillos, los volados, las faldas cortas y de telas que se mueven con el aire, el cuchillo en las botas, los golpes de Iván Drago contra Apollo, el momento congelado en cámara lenta en que cae sobre la colchoneta del ring y muere, Rocky entrenando con pedazos de naturaleza en Rusia y con el cielo en contra.
Fue por Castillos de hielo. Ahí empezó mi gusto. Y una vez más debe haber sido mi madre. Quizá fue un verano en que ella estaba muy acalorada y encontró la película de temperaturas bajas y me dijo “vení vamos a verla”. Y yo la vi. La protagonista era joven y rubia y patinaba como un cisne y en un accidente se quedó ciega y siguió patinando igual.
Ahora que en Italia es invierno fueron los Juegos Olímpicos de Milano Cortina y me di un atracón. Gancho, cross, uppercut. Rocky que sangra, pero que ya le cortó la ceja al monumento que es el ruso. Vi patinar a un joven mexicano, a dos japonesas, a un estadounidense que hizo unos giros espectaculares y se volvió viral, vi patinar a una chica que se había decolorado el pelo oscuro y lo tenía en tandas: rubio, morocho, rubio, morocho. Vi patinar al matrimonio estadounidense de Madison Chock y Evan Bates. Vi varias veces la rutina de torero que hicieron. También vi patinar a Piper Gilles y Paul Poirier, la pareja de Canadá. Y entre todos vi patinar a los franceses Laurence Fournier Beaudry y Guillaume Cizeron.
Fue la ficción perfecta. Los recuerdo y suspiro. Él y el cuerpo del manual. El Hombre de Vitruvio de Da Vinci. Debería dar clases. Ella con su pelo larguísimo y la fuerza de quien puede mirar al sol y no pestañar. Juntos. Sobre el hielo. El primer movimiento que hicieron fue el del agua. Apenas, avanzaron como una pequeña marea que provoca espuma. Y fueron creciendo al igual que una catástrofe natural. Él estiraba el brazo para llamarla y ella acudía con el cuerpo hasta que se tocaban o se ensamblaban. Luego giraban como si fueran fantasía o esas cajitas que se abren y dentro tienen a una bailarina con tutú que da vueltas. Los dos eran la música, lenta y dramática, eran el hielo, tenaz, eran las figuras que hacían con las piernas extendidas, con los brazos hacia arriba, con el pelo de ella que de pronto se posaba sobre él en un paso planeado para la intención, con la mano de él que tocaba la cintura de ella como si en ese instante la estuviera creando. Parecían volar. Solo ellos, solo el aire. Iguales pero enfrentados. Biellmann, Mariposa, Loop. Afilados, como si el mundo fuera infinito. De tan lindo todo era triste.
Y pensé en sus rostros, que no mostraban lo que pasaba por dentro. Ya desde el arranque ella, parada en el centro de la pista, su mano derecha sobre el cuello de él, la boca cerrada en una angustia leve que se profundizaba si lo que se miraban eran los ojos. Castaños, cristalizados por una lágrima que no iba a caer. No por ahora. Ya desde el arranque él, que respondió con ese ímpetu, con el del amor que duele. Apoyó su frente en su cabello y desde ahí el resto; los dos contaron la historia de una angustia, los dos ganaron el oro en este deporte que ante todo tapa, esconde (en medio de la polémica por haber apoyado a otro patinador denunciado por violencia sexual). El esfuerzo fatal para conseguir cada segundo, el tesón de los músculos, el control milimétrico, los cuádriceps, lo abdominales, los bíceps de él que la alzaron por completo en un gesto de elegancia que hizo creer que ella era algodones. Y mientras, siempre el rostro, que nunca, que nada. No hay esfuerzo, no hay dientes que se aprietan para lograr el envión, no hay cuello en tensión. Solo lo que muestra la música. Esa emoción. Eso me gusta. Los dos me gustan. Así pienso que tiene que ser por momentos la vida. Por dentro todo, por fuera tranquila.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/ahora-que-en-italia-es-invierno-nid26022026/