Agustín Aristarán: cómo es su Willy Wonka, la emotiva anécdota con Brandoni y el secreto de una pareja feliz
Cuando viajaba a Buenos Aires por el día a estudiar magia, Agustín Aristarán no imaginaba que alguna vez iba a protagonizar musicales de la talla de Matilda, School of Rock y ahora Charlie y la ...
Cuando viajaba a Buenos Aires por el día a estudiar magia, Agustín Aristarán no imaginaba que alguna vez iba a protagonizar musicales de la talla de Matilda, School of Rock y ahora Charlie y la fábrica de chocolate, que se estrena el 4 de junio en el Gran Rex. Allí, interpreta a Willy Wonka, cuya historia es tan mágica como la suya. De eso conversa con LA NACION, y también de su participación en Otro día perdido, en eltrece, y de su experiencia en la película Parque Lezama y la enseñanza que le dejó Luis Brandoni. Además, cuenta por que durante muchos años fue Radagast y ya no puede usar ese nombre, y revela el secreto de su relación de doce años con la actriz Fernanda Metilli.
2026.05.13 - Rada Recuerda A Brandoni-¿Cómo llegó Willy Wonka a tu vida?
-Cuando terminamos la última función de School of Rock hicimos un brindis y arriba del escenario del Gran Rex, tres de los productores me propusieron hacer Charlie y la fábrica de chocolate para este año. “¿Qué?“, les dije. ”Willy Wonka, me vuelvo loco”.
-¿Te puso ansioso saberlo tanto tiempo antes?
-Por supuesto. Sí. Pero la ansiedad es una constante en mi vida (risas). Sabemos que estrenamos el 4 de junio y también que es una temporada corta, porque vamos a estar hasta el 2 de agosto.
-¿Cómo fue construir este personaje que todos conocemos a través de películas protagonizadas en diferentes momentos por Gene Wilder, Johnny Depp y Timothée Chalamet?
-Siempre digo que el personaje está en constante construcción hasta el día del estreno con el público real, no en el ensayo general, y tampoco en el ensayo con público. Siento que nace y se termina de construir arriba del escenario. Entonces, está todavía en construcción. Me parece un personaje muy rico y muy complejo a la vez. Es un niño en el cuerpo de un adulto, muy solo en su megafábrica. Están los “Oompa Loompas’, pero no se sabe si son humanos o qué son. Está con su fortuna de chocolate, esperando que venga su heredero, y en Charlie encuentra ese niño que fue él… Y también se descubre siendo el padre de ese niño sin papá y que, por otro lado, él tampoco tuvo. Hay mucha dulzura, mucha comedia, y mucha oscuridad por la soledad que vivió toda su vida. Me parece súpercomplejo e interesante de hacer.
-¿Volviste a ver alguna de las películas?
-No. Me pasó lo mismo con Matilda y School of Rock. No las vi proque no quiero contaminar al Wonka que estoy armando. Las vi, por supuesto, hace mucho tiempo. Las tres versiones que hay, pero intento no verlas ahora.
-Como Willy Wonka, ¿te sentís un niño que no para de jugar?
-Algo así. Puede ser… No me considero un niño en el cuerpo de un adulto, pero sí tengo un niño interior muy bien atendido. Me permito mucho el juego en el mejor sentido, en el que no hay una regla clara, y tampoco límites. Entonces, puedo escribir o crear desde ese lugar, inventar, imaginar. Es ahí cuando aparecen buenas ideas y las uso en favor de mi laburo, que es entretener.
-Hace mucho tiempo que trabajás en el medio, pero en los últimos años explotaste y mostraste que sabés cantar y bailar además de hacer magia y actuar. ¿Es el resultado de años de estudio y esfuerzo o pura suerte?
-Me formo desde antes de tener uso de razón porque empecé a tocar música desde muy chico, y enseguida apareció la magia. Tocaba la batería, cantaba scat y hacía jazz de la década del ‘50 en Bahía Blanca. Una cosa muy rara porque en vez de mandarme a fútbol, mis padres me mandaron a lo de Tito Piqué, que era un señor que nos enseñaba jazz a través de fábulas, historias y juegos, a un grupo de un montón de nenes entre 6 y 10 años. Tocábamos en festivales por todo el país, y fue algo muy hermoso. Tuve una infancia que parece sacada de un cuento. Maravillosa. Me crié entre la música y la carpintería de mi abuelo, donde escuchaba a sus amigos contar anécdotas todos los días. Y las mismas anécdotas todos los días eran diferentes (risas). Eso me formó mucho la fábula y el storytelling en mi vida. Y después apareció la magia. Como no había forma de estudiar magia en Bahía Blanca, por consejo de mis viejos empecé a estudiar teatro, danza, canto, y a profundizar un poco más en la música. Un día metí toda esa información en una licuadora y salió esto.
-¿Después viniste a estudiar a Buenos Aires?
-Hacía fiestas infantiles, cumpleaños de 15, casamientos para juntar algo de guita y me venía para Buenos Aires a tomar clases, por el día. Llegaba a la mañana, tomaba clases, y me iba en el bondi de la noche. Tendría 16 o 17 años. En el mejor momento de mi laburo como mago de eventos en Bahía Blanca me decidí a venir a Buenos Aires, por consejo también de mis viejos.
-Muchos padres toman la actuación como hobbie y esperan que su hijo estudie. Los tuyos, en cambio, siempre te apoyaron, ¿qué dicen ahora cuando te ven actuar?
-Siempre estuvieron de mi lado, apoyándome. Y me decían que si iba a ser actor y mago, que me formara y que fuera mi mejor versión. Viajan siempre a verme y están en todos los estrenos. Son unos capos. Nos acompañan mucho mi hermano Manuel y a mí; ya somos tipos grandes los dos, pero siguen estando ahí. Mi hermano es músico de jazz, aparte de ser uno de los mejores programadores que hay.
-¿Imaginaste en algún momento que ibas a tener el trabajo y el reconocimiento que tenés hoy?
-Me gusta pensar que no llegué a ningún lado, porque si llego me tengo que quedar, desarmar la valija, colgar la ropa y no tengo ganas. Me motiva mucho saber todo lo que falta. Sinceramente, no me imaginaba estar en este lugar hoy. Pero sí lo deseé mucho, y laburé mucho para las cosas que están sucediendo. No me lo imaginaba, pero no me sorprende. No quiero que suene pedante… Trabajé mucho para esto, pero ni en mis mejores sueños imaginé lo que me sucede hoy. La realidad superó todo. Como Charlie que quería saber mucho de chocolates y termina heredando una fábrica.
-También estás haciendo Otro día perdido, ¿cómo te sentís trabajando con Mario Pergolini?
-La paso rebien. Laburar con Mario y con su equipo es muy fácil. Está todo dado para que la pasemos bien, y nos luzcamos. Mario, Diego Guebel y Alejandro Borensztein arman la jugada para dejar la pelota en el centro, patear y hacer el gol. Eso es muy generoso.
-¿Cuánto aporte tuyo hay en cada programa?
-cien por ciento. Tenemos un guión, por supuesto, de inicio del programa, donde está el monólogo y se habla más de la actualidad, con humor. Pero todo lo demás es de cada uno. Nos dejan proponer y pensar con ellos. Nosotros no solamente estamos para interpretar, sino para aportar y también para escribir. Las reuniones de producción son para que todos aportemos.
-También explotó tu pareja Fernanda Metilli que es una de Las chicas de la culpa y protagoniza Berlín, Berlín en el Teatro Apolo. ¿Cómo es la rutina diaria de esta relación que lleva doce años?
-No convivimos, por eso estamos bien (risas). Convivimos muy poquito, durante la pandemia porque era un bajón no estar juntos. Y la pasamos rebien. Pero después cada uno se fue a su casa y, la verdad, estamos bárbaros sin convivir. Y que a los dos nos esté yendo muy bien es hermoso. Cada uno tiene su propia carrera, y fue algo que nos planteamos desde un primer momento en nuestra pareja: no somos un negocio. Somos pareja y vamos pateando y nos cagamos a pe... y nos apoyamos y nos admiramos, uno al lado del otro. No está uno arriba del otro.
-¿La no convivencia es el secreto?
-Cien por ciento. Somos muy privilegiados porque podemos hacerlo también. Hay muchas parejas que tienen que convivir sí o sí por una cuestión de compartir gastos y demás. Pero sin lugar a dudas si tenés la posibilidad, lo mejor es que cada uno tenga su espacio. Mínimo, cuartos separados. Mínimo. El momento de soledad lo necesitamos todos. Y además la rutina de la convivencia… Si estoy con otra persona le pregunto qué comemos o cuándo. Y solo capaz que como parado, en calzoncillos en el medio del salón, le doy un poco a Honorio (su perro).
-Tu hija Bianca sigue tus pasos, ¿te da orgullo o temor?
-En Matilda estuvimos los tres juntos con Bianca y Fernanda. Y fue una experiencia hermosa. Bianca está estudiando arte dramático en la UNA (Universidad Nacional de las Artes). Me tiene muy orgulloso. Está haciendo una carrera completamente diferente a la mía y eso también está buenísimo. Bianca me enseña mucho. Me da mucha data. Me cuenta muchas cosas. Y me explica otro montón. Así que eso está bárbaro. Ya tiene 20 años… porque fui padre joven. Tiene su auto, paga su monotributo. No lo puedo creer.
-¿Es más ordenada que vos?
-No, yo soy muy ordenado. Obsesivamente ordenado.
-Cuando empezaste te llamabas Radagast, ¿es verdad que tuviste que cambiar el nombre debido a un conflicto legal sobre derechos de autor, porque pertenecía a los herederos de J.R.R. Tolkien, autor de la saga de El Señor de los Anillos?
-Es verdad… Es más un personaje de El Hobbit que de El Señor de los Anillos. Pero en la literatura de Tolkien aparece Radagast el Pardo. Es uno de los cinco hechiceros de El Señor de los Anillos. Necesitaba un nombre artístico como mago y mi hermano estaba leyendo El Señor de los Anillos, me lo sugirió y me gustó. Cuando empecé a ser más conocido, quise registrar el nombre como marca para no tener inconvenientes y ahí hubo un ida y vuelta con la Tierra Media (risas). Llegamos a un acuerdo de no usar más Radagast, y me parece que estuvo bien porque necesitaba también sacarme ese nombre. Lo redujé a Rada y ya cada vez más me conocen como Agustín Aristarain. Realmente es un plan sacarme el seudónimo. Lo que pasa es que en ese momento los magos tenían que tener un nombre artístico.
-Seguís haciendo magia?
-En el programa Otro día perdido, todos los días. Y mi último especial se llama Tarán y es de magia; está en la plataforma Disney+. Amo la magia. Me gusta mucho y es casi mi primer amor. Así que siempre vuelvo a la magia.
-Estuviste en series como El encargado y Envidiosa, y en la película Parque Lezama, donde trabajaste con Luis Brandoni. ¿Qué te dejó esa experiencia?
-Fue hermoso trabajar con esa bestia de Luis. Un Luis ya muy mayor. Y recalco esto porque antes de entrar a escena Luis estaba sentado con una mantita, hecho una bolita. Y cuando venía (Juan José) Campanella a marcar algo, le salía una energía que realmente era emocionante. De hecho, tuve que frenar una de las escenas porque me emocionó. Me olvidé que estaba haciendo a Menéndez Robert, que era el personaje, y se me metió en el alma lo que el tipo me estaba diciendo. Pedí perdón por frenar y por irme del personaje. Laburé con un tipo que lo único que le importaba en la vida era actuar. Y era increíble verlo laburar con la pasión que seguía intacta, y después de haber filmado durante ocho horas tenía energía para ir al teatro a hacer la función. Es una locura.
-¿Tenés proyectos?
-Quiero seguir haciendo musicales. El año que viene tengo un año muy cargado de películas, una obra importante, y series. Pero no puedo contar nada porque hay papeles firmados de confidencialidad. Son cosas muy lindas y muy grandes.