“A pulmón”: empezó como verdulero y ahora invertirá US$50 millones en un ambicioso polo exportador
El primer contacto con el rubro hortícola de Pablo Ríos fue a los 14 años, cuando era verdulero en la provincia de Córdoba. Mientras sus aspiraciones crecían y evolucionaban, surgió el sueño...
El primer contacto con el rubro hortícola de Pablo Ríos fue a los 14 años, cuando era verdulero en la provincia de Córdoba. Mientras sus aspiraciones crecían y evolucionaban, surgió el sueño de desarrollar un polo productivo, exportador y tecnológico, que ordenara territorio, generara escala y empleo. Hoy, el productor tiene previsto invertir US$50 millones en los próximos dos años entre Viedma y General Conesa, Río Negro, en un sistema tecnológico que transformará la región. El empresario no habla del negocio, sino de armar una estructura productiva que le permita tener previsión de largo plazo, bajar costos, generar escala, asegurar exportaciones que potenciarán al sector.
Ríos no viene de familia agropecuaria ni de dinero, pero tiene lo que él mismo llama “jugo de cebolla en la sangre”. Lo mismo que sus tres hijas. Reconoce que hay una distancia entre el adolescente que acomodaba cajones de verdura para ganarse la vida y el empresario en quien se convirtió. Ahora, parado sobre la margen sur del Río Negro, donde trabaja para realizar un polo productivo a gran escala, cuenta que el despegue no fue casualidad, sino timing y un trabajo a pulmón.
“Yo era muy chico, comencé siendo verdulero a los 14 años. Nací en la zona como exportador. Fui creciendo y me puse una distribuidora. El salto se dio en 2002 tras la crisis, cuando el dólar explotó y el país se hizo competitivo”, recordó. Por esos años, el país estaba en llamas, pero la devaluación había abierto una ventana inédita para la exportación. Su primer gran movimiento fue táctico, al convertirse en trader en la zona núcleo de la cebolla, un cultivo que abastece al mercado interno durante ocho meses, pero que también exporta masivamente. “Fui a la zona a comprar cebolla para vender a Brasil. El primer año fue a duras penas, remando, con dos mangos en el bolsillo, pero pudimos exportar 11 camiones el primer año; hoy estamos arriba de 1000 camiones”, comparó el dueño de ProArco Patagonia.
Entre 2003 y 2004, entendió que para ganar tenía que controlar la cadena. Pasó de comprar y vender en galpones ajenos a adquirir su propio empaque. “Empezamos a proveer a cadenas de supermercados en Brasil, donde nos acompañaron y fuimos muy fuertes durante unos 10 años”, explicó. En 2010 decidió producir su propio cultivo; ese flujo le permitió dar el paso definitivo hacia el eslabón de la cadena cerca de 2012, cuando importó maquinaria estadounidense y europea para ganar escala.
Sin embargo, la expansión trajo consigo un problema ambiental, ya que operaba sobre el valle del Río Colorado, un curso de agua que nace de la afluencia de deshielos y ríos mendocinos, hoy amenazado por el cambio climático. “Es un río que está en jaque con respecto al abastecimiento de agua”, sentenció y recordó que con el calentamiento global hay cada vez más temperatura y menos nevadas en la cordillera.
Señaló que de diez campos sembrados, solo siete producían debido a las restricciones hídricas y la cota limitada. “No podíamos estar con una logística y una parte operativa donde se sembraban 10 campos y siete producían solamente por un tema de agua”, precisó. Fue entonces cuando decidió migrar sus operaciones 100 kilómetros al sur, hacia la seguridad del caudaloso Río Negro.
En la búsqueda de expansión, el año pasado intentó desarrollar un polo exportador con frigorífico incluido, pero la movida fracasó. “Pasaron tres o cuatro meses y me costó vender el campo; me abrí porque no funcionó. Como todo, hay que sentirse bien con el copiloto que tenés al lado. No fue para mí. La negociación con el ‘pez grande siempre come al pez chico’”, reconoció.
Lejos de retirarse del rubro, usó esa salida para reagruparse e invertir “fuertemente” en un nuevo campo, con las lecciones aprendidas. El nuevo emprendimiento se convirtió en una demostración de fuerza e ingeniería. Se trata de un campo en la margen sur de la provincia de Río Negro comprado en unos US$3 millones, pero que requiere una inyección de infraestructura de otros US$20 millones solo en la primera etapa.
Es así que el plan maestro de Ríos incluye un campo con riego subterráneo de alta eficiencia. “La primera particularidad es que voy a hacer riego subterráneo por goteo, que se usa muy poco. Tenemos experiencia en riego por goteo en horticultura; nuestro principal rubro es la cebolla, destinada a exportación, además de ajo y papa. Todos los productos exportables, que también vendemos en el mercado interno, en cadenas como Jumbo, Coto, La Anónima y ChangoMás. La idea era desarrollar productos menos inestables en precios, porque la horticultura es muy volátil: puede valer una locura o nada", señaló. La horticultura requiere una alta inversión, y un problema climático puede llevarse millones de dólares.
“El sistema convencional de riego utiliza 3000 mm de agua para producir 30.000 kg de cebolla; con tres veces menos agua, producimos tres veces más kilogramos”, aseguró. El sistema que pondrá en marcha combinará riego aéreo y subterráneo: en lugar de inundar los surcos, enterrará mangueras a 40 centímetros de profundidad que quedarán allí por 15 años. La meta es producir alfalfa para exportación, cereales y ganadería, apuntando a mercados árabes, Japón y China.
El productor también plantea llevar adelante una revolución energética: se asoció con Mario de Rege, dueño del campo y cerebro detrás de la matriz energética del proyecto. “En la Patagonia falta infraestructura de transporte energético, líneas que trasladen energía, como también faltan rutas o gasoductos. Eso pone en jaque el desarrollo de una región”, contó. Aprovechando que por la zona pasa un gasoducto troncal y las nuevas reglas de desregulación, contó que comprarán gas directamente “en boca de pozo” para generar su propia electricidad con motores suecos. “Consumiremos gas de octubre a marzo, cuando no se solapa con el consumo domiciliario. Para el pozo petrolero es gas que se perdería, entonces negociamos tarifas muy accesibles, además de que el precio es accesible”, narró.
Señaló que el impacto en los costos es brutal, ya que un milímetro de agua generado con energía común vale 80 centavos de dólar promedio y pasaron a bajarlo a 25 centavos de dólar. “Esto lleva inversiones de unos dos millones de dólares en un centro generador, con motores suecos que trajimos de Europa", contó. De Rege fue quien ideó este sistema de la matriz energética que para ellos es fabuloso. “Bajamos eternamente el costo más importante de los cultivos: el agua”, destacó.
En este nuevo proyecto, la inversión total de las dos etapas es de US$50 millones, entre tierras, riego y energía en una superficie de 3000 hectáreas iniciales, que están proyectadas a terminar entre 2026-2027, más otras 4000 hectáreas en las que se va a anexar una planta de empaque para el 2027/28 en General Conesa. El objetivo es comprimir los megafardos para cargar 26.000 kg por contenedor en lugar de 17.000 kg, aprovechando que el puerto está a solo 90 km, tal como contó en el sitio Rio Negro Rural.
“En la Argentina hay tres o cuatro plantas exportadoras de alfalfa, con inversiones árabes importantes. La Argentina se está posicionando como proveedora de pasto, con ventajas como bajos costos productivos, muchas horas de luz en verano, energía barata y acceso a los puertos”, describió.
Su visión de futuro para la Argentina sigue intacta, condicionada a que la política haga su parte. “Necesitamos que tranquera hacia afuera el Estado ordene la logística. Si eso cambia, la Argentina solamente tiene horizonte para crecer. Estamos tan en el fondo que no queda otra que subir”, cerró.