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A la búsqueda del viejo eureka

A Stephen King lo sorprende todos los días pero tiene que ser a la misma hora exacta para que sepa dónde encontrarlo. A Mauricio Kartun lo asalta durante una caminata o un paseo en bicicleta, a l...

A la búsqueda del viejo eureka

A Stephen King lo sorprende todos los días pero tiene que ser a la misma hora exacta para que sepa dónde encontrarlo. A Mauricio Kartun lo asalta durante una caminata o un paseo en bicicleta, a l...

A Stephen King lo sorprende todos los días pero tiene que ser a la misma hora exacta para que sepa dónde encontrarlo. A Mauricio Kartun lo asalta durante una caminata o un paseo en bicicleta, a los que lleva invariablemente una libretita y una birome. Lo extraordinario de todo esto, dice el dramaturgo genial, es la sorpresa, “el viejo eureka”. A veces, la ansiedad lo hace suponer que ella no vendrá y que dejará la página en blanco pero si se cumplen ciertas condiciones al final viene, siempre viene. Una grande, la musa.

El momento exacto de la creación convierte al escritor en un demiurgo, el dios de un universo que existe solo en su cabeza y que puede ser antojadizo o caprichoso porque en ese momento es totalmente libre sin que importe si lo creado servirá o no

Ahora que todos somos “creadores de contenidos” resulta reveladora la lectura de Crear, el ensayo de Kartun recién publicado que destapa la cocina de la escritura. Él se dedica al teatro y también a la literatura, pero su método puede servir de inspiración para cualquiera que tenga una intención creativa (a su mecanismo lo llama “el esquema dinámico”). Estoy escribiendo mi segunda novela y para combatir la angustia del vacío me aferro a cualquier consejo que pueda pescar de los maestros: Patricia Highsmith decía que a la mañana escribía lo burocrático, como cartas, reseñas o cheques, y después se sentía libre para crear el resto del día; Ernest Hemingway aconsejaba escribir borracho y corregir sobrio, pero Kartun no toma nada porque dice que se pone demasiado condescendiente consigo mismo y cita otra comparación etílica, ésta de Tito Cossa: “La escena mejor escrita con la última ginebra de la noche es una mierda con el primer mate de la mañana”.

Al principio aparece una imagen generadora, una semilla le dice, el impulso que lo lleva hacia la obra (y acá usa un juego de palabras: “No idear obras sino obrar ideas”). Es el primero de los cuatro pasos de su esquema dinámico. El segundo es el largo período de acopio, la época de la libretita: como un ciruja intelectual, junta imágenes, ideas, frases, pedacitos de diálogo. El momento exacto de la creación convierte al escritor en un demiurgo, el dios de un universo que existe solo en su cabeza y que puede ser antojadizo o caprichoso porque en ese momento es totalmente libre sin que importe si lo creado servirá o no (Picasso decía que el arte es un cementerio de ocurrencias). El tercero es el acto mismo de sentarse a escribir: la “improvisación imaginaria” o llevar a la página el material reunido en el acopio con un sistema que ordene el caos original. Y el cuarto es el que todos los escritores destacan como el más importante: “Corregir es el gran trabajo”. Si el problema de los autores que se sienten frustrados es que se embelesan con la primera versión de su obra, una solución posible es que se animen a destruirla. ¡Qué placer despierta el trazo del marcador rojo sobre la página! ¿Será que tenemos vocación de maestrito Siruela?

Al principio aparece una imagen generadora, una semilla le dice, el impulso que lo lleva hacia la obra

Al final… no se sabe si habrá final. “Jamás sé si voy a terminar o no”, confiesa Kartun: “Trabajo con la esperanza de que sí, de que hay futuro, de la misma manera ingenua con que uno empieza siempre una relación amorosa”. Como enamorarse, escribir es entregarse a la incerteza. Y eso es lo lindo porque la escritura y el amor son búsquedas; el escritor y el amante nunca saben lo que quieren: lo encuentran mientras lo hacen. Si tuvieran de entrada la certeza absoluta de qué es lo que buscan, concluye Kartun, “no sería escribir sino escriturar”.

ABCA.

Nacido en San Martín en 1946, Mauricio Kartun es uno de los grandes dramaturgos y directores de teatro del país; recibió muchísimos premios.

B.

Algunas de sus obras, como Chau Misterix, El niño argentino, Terrenal o La vis cómica, se convirtieron en clásicos modernos del repertorio nacional.

C.

El ensayo Crear, recién publicado, devela los cuatro pasos de su mecanismo creativo: la semilla, el acopio, la escritura y la corrección.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/a-la-busqueda-del-viejo-eureka-nid11102026/

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